Una nueva campaña de la producción de cultivos de granos ya comenzó, fundamentalmente, de soja y maíz. Y según Hugo Robinet, asesor de productores, eso se traduce en la "puesta en marcha" de toda la infraestructura productiva para lograr, como objetivo primordial, los mejores rendimientos en granos por unidad de superficie y un nuevo récord de toneladas cosechadas que permitan cumplir con las expectativas del productor, del Gobierno y de todos los sectores de la sociedad involucrados en la actividad granaría argentina.
En la región NOA, la superficie destinada a la actividad se realiza en áreas de secano y marginales y los "resultados" son dependientes y particulares, debido a situaciones con altos riesgos climáticos que pueden limitarlos, por factores adversos, el normal crecimiento y desarrollo de los cultivos y por la muy alta posibilidad de ocurrencia desde que comenzó la expansión de la frontera agrícola.
"La experiencia indica que los resultados productivos dependen en todas las campañas de la bonanza del clima para lograr la producción esperada y así poder cubrir los costos respectivos, las situaciones experimentadas y sufridas por todos, indiferente a la magnitud productiva, trátese de pequeños productores, medianos o grandes; técnicos, empresarios, pool de siembras, contratistas, entre otros", expresó el asesor.
Si bien las condiciones agroecológicas del norte argentino son relativamente favorables para el desarrollo de los cultivos de granos, hace más de 40 años, con la expansión de la frontera agrícola, se ocuparon áreas con tierras no trabajadas a escala comercial o sin uso y cubiertas por vegetación natural y primitiva, ésta última eliminada en su mayor parte, quedando manchones mayormente salitrosos de áreas con suelos no aptos para la agricultura (Zucardi y Fadda 1972; Madariaga, 1997).
Las áreas denominadas "marginales" presentan condiciones con menores lluvias, climas semiáridos y suelos frágiles que hacen más desfavorables las condiciones agrícolas, explicó.
Según Robinet, en las últimas décadas, condiciones climáticas y de mercado, principalmente, sumado a una oferta y desarrollo tecnológico, favorecieron la habilitación de nuevas tierras para la agricultura en zonas donde antes del salto climático de la década del ?50 era improbable hacer agricultura con los rindes actuales (Minetti y Sierra, 1984); (Minetti y Lamelas, 1995). Sobre el principal cultivo de granos, la soja tiene tres momentos definidos con dependencia climática:
a) El inicio de campaña o siembra, que dependen de las condiciones hídricas del suelo en función de las condiciones de precipitaciones primaverales, en particular, de diciembre y asociadas a la oscilación subtropical (Vargas y otros, 2002).
b) Condiciones hídricas en la mitad del verano cuando se produce el crecimiento vegetativo y floración y en la primera mitad del otoño, en la fase de formación de vainas y granos de la planta de soja.
c) Condiciones ambientales con posibles excesos hídricos en el suelo y humedad ambiental, que generan la aparición de Enfermedades de Fin de Ciclo (EFC), en las etapas reproductivas del cultivo y en la época de cosecha asociada a la dificultad de circulación de máquinas cosechadoras.
"Con respecto a la primera etapa que estamos atravesando en la región, dependiendo de la zona del área de siembra diferenciadas en la distribución, uniformidad y cantidad de lluvias, la oferta de las condiciones hídricas son menores a las necesarias y normales que permiten asegurar agronómicamente el comportamiento exitoso de la oleaginosa. De todas maneras, la necesidad hídrica de los cultivos de soja recién sembrados y emergidos, que son las siembras tardías por falta de oportunas precipitaciones, es menor que la de aquellos con mayor crecimiento y/o desarrollo fisiológico", finalizó Hugo Robinet.