Un barrilete sin cola en la Rosada: baja la confianza, pero la culpa es del periodismo

  • Javier Milei enfrenta una crisis de confianza por la ruptura del triángulo de poder con su hermana y Santiago Caputo, afectando la estabilidad política desde la Casa Rosada.
  • La interna entre Karina Milei y Caputo, sumada a las denuncias contra Manuel Adorni, genera dudas en inversores de Wall Street reportadas por el ministro de Economía, Luis Caputo.
  • La tensión con la prensa y la inestabilidad interna amenazan con eclipsar el plan económico. El éxito futuro dependerá de recuperar la previsibilidad democrática y de mercado.

CASA ROSADA. FOTO X CASA ROSADA. FOTO X
Hace 42 Min

Durante meses, el triángulo Javier Milei‑Karina Milei‑Santiago Caputo funcionó como contención dentro del gobierno nacional, ya que los lados partían de tres vértices que encerraban el proyecto y le daban forma. Al perder uno de esos lados por la furiosa interna entre la hermana del Presidente y el asesor estrella, hoy la figura quedó deshilachada y las decisiones ya no están contenidas. Es como un barrilete sin cola.

Lo lógico sería rearmar el esquema y sumar un tercer sostén para rearmar la figura y reequilibrar la situación, pero la paranoia del poder hoy parece impedirlo, ya que cada sombra detrás de cada cortinado se percibe como una amenaza. Esa desconfianza es la que se desparrama hacia afuera del Gobierno, la que erosiona la capacidad de recomponer el mando y es la que suma dudas.

Todas estas sensaciones son las que acaba de recoger el ministro de Economía, Luis Caputo, en Washington y así se lo transmitió al Presidente quizás también como autodefensa: el principal factor de incertidumbre ya no es técnico, sino político. En reuniones con inversores, le dijo, el programa económico es visto como consistente en lo fiscal y monetario quizás como nunca antes, aunque Wall Street lo observa condicionado por las tensiones internas que erosionan la confianza y afectan variables sensibles como el riesgo-país, la inversión y la dinámica de recuperación. De allí, a un nuevo kirchnerismo –dramatizan- hay pocos pasos.

Ni que decir el mal que le genera al Gobierno la situación de Manuel Adorni. Hace un mes y medio que el tema está en el candelero y las decisiones de fondo se siguen postergando, tapadas por algo que debería haberse resuelto mucho antes, quizás con la decisión del funcionario de apartarse para no complicar más aún la marcha del Gobierno. Puede ser que no lo hayan dejado y allí está el centro del problema: los hermanos temen que cualquier salida le abra la puerta a un ataque directo contra ellos y así, lo que debería haber sido un recambio de piezas casi natural para darle aire al ambiente, se ha convertido en símbolo del desgaste.

La falta de resolución del caso del Jefe de Gabinete, tema donde todos los días aparecen elementos irritantes (propiedades, hipotecas generosas, reformas importantes y costosas, denuncias, viajes, dólares que van y que vienen y un patrimonio que no es tal por todo lo que se adeuda) y más allá de otras denuncias (ANDIS, $LIBRA, créditos BNA), probablemente sea el mayor factor de peso que alimenta la desconfianza ciudadana y la incertidumbre de los inversores. El Presidente se empeña en no verlo de esa manera.

JAVIER MILEI JAVIER MILEI

El miércoles próximo él mismo va a acompañar al jefe de los ministros (nada menos que el número dos del Ejecutivo) que irá a rendir cuentas de su gestión a la tumultuosa Cámara de Diputados y es obvio que la oposición lo va a apestillar en forma con su periplo turístico-inmobiliario. No está muy clara la estrategia, si Milei quiere demostrar capacidad de mando o si lo que irá a buscar es una salida alborotada, que Adorni no tenga que decir nada de su presente y que el Gobierno se victimice. En medio de este clima de desgaste, quizás si se sobreactúa esta última alternativa podría ser un error estratégico importante.

Con el Presidente fuera del país, el Jefe de Gabinete asumió la representación oficial en la Basílica de Luján, durante la Misa en recuerdo del papa Francisco. Sin la vicepresidenta presente y en un gesto que generó resquemor en la Curia, Adorni ocupó la primera fila y se mostró con su pulgar en alto y sonrisa amplia en un acto de profundo significado religioso. La imagen contrastó nítidamente con el recogimiento que Milei y su hermana exhibieron en Jerusalén y dejó la sensación de un estilo demasiado soberbio de exposición pública.

Decir estas cosas de los funcionarios nunca cae bien en el poder, pero en el caso del gobierno nacional es algo que se ha vuelto patológico y alimenta un clima de fricción. El mismo Presidente, quien suele cuestionar a “95% de los periodistas”, se enreda en una paradoja, ya que mientras reivindica las leyes del mercado, parece olvidar que la democracia funciona bajo una lógica similar, la de un mercado de ideas que no admite monopolios sobre la verdad.

Para que la gente pueda elegir, hacer transacciones económicas, imaginar su futuro, comprar una propuesta política o auditar a sus gobernantes, necesita información transparente, diversa y, sobre todo, libre de interferencias autoritarias y eso lo brinda la prensa, cuanto más plural mejor. Ocurre también que cuando desde la cima del poder se lanzan insultos, se establecen cierres en las acreditaciones en la Casa Rosada o se promueve la estigmatización sistemática del periodismo, no se está atacando a un gremio o a una empresa, sino que el verdadero destinatario de ese hostigamiento es el ciudadano.

En cualquier sistema de libertad, la información es el insumo básico para la toma de decisiones e impedir el acceso a los actos de gobierno es, en términos económicos, una distorsión de precios que entrega al público un valor falso de la realidad. Atacar al mensajero es, por definición, vendarle los ojos al destinatario. Si el Gobierno realmente aspira a una Argentina integrada al mundo moderno, debe considerar que los capitales y el desarrollo no solo buscan seguridad jurídica y equilibrio fiscal, sino también la previsibilidad que únicamente brinda una democracia con prensa libre y ciudadanos informados.

En el conjunto, es a la sociedad a quien se le amputa el derecho de saber y a quien se intenta encerrar en un espacio donde la crítica parece ser sinónimo de traición. Esta dinámica revela una profunda contradicción en el corazón del proyecto oficial. Mientras el liberalismo clásico ve en la prensa un "contrapoder" esencial para limitar los excesos del Estado, el libertarismo radicalizado actual suele verla como una extensión de "la casta". Al dinamitar ese puente, lo que hace el Presidente es romper su contrato de transparencia con muchos de votantes.

Todo este clima de desgaste interno se proyecta hacia afuera en forma de vulnerabilidad. La filtración del Pentágono sobre eventuales represalias de Donald Trump a Europa incluyó una hipótesis que le da cierto aire al Presidente: que los Estados Unidos podrían dejar de ser neutrales y respaldar la causa Malvinas. Dicen fuentes diplomáticas que “no hay que olvidarse que no se trata de una mera disputa de soberanía”, sino que es algo que se da “en el marco del proceso de descolonización de la ONU y, por lo tanto, cualquier solución debería estar enmarcada en ese contexto, respetando el derecho internacional y los intereses de los habitantes de las islas”.

Claro está que la respuesta del Reino Unido no se hizo esperar y el vocero del primer ministro británico reafirmó la soberanía de su parte y dijo que “las Falkland han votado abrumadoramente a favor de seguir siendo un territorio británico de ultramar y siempre hemos apoyado el derecho de los isleños a la autodeterminación”, Por supuesto, que la Argentina contestó como se debe desde la Cancillería reafirmando sus derechos, pero además el contexto le dio pie al Presidente para embanderarse y aprovechar el episodio.

Es indudable que la situación y el despliegue que ha tenido la noticia a nivel internacional le viene más que bien a la Casa Rosada, ya que le permite salir algo de los atolladeros internos y mostrarse en un terreno donde el orgullo nacional coloca a Milei en otra escala. Los mal pensados incluso podrían ver en la filtración una nueva mano de Trump, aunque en los hechos nunca se sabe con sus recurrentes idas y venidas.

En definitiva, el gobierno navega entre este supuesto salvavidas y el contrapeso de la fragilidad de la interna del triángulo roto, el desgaste por Adorni y la tensión con la prensa, temas que erosionan la confianza ciudadana y la mirada de los mercados. El desenlace dependerá de si el Presidente logra reposicionar serenamente sus puntos de vista y toma decisiones políticas que hagan viajar al país nuevamente hacia la estabilidad y que se cubran las expectativas de la inversión y las demandas ciudadanas en materia de producción, empleo y salarios o si, por el contrario, se sigue moviendo por los márgenes, dejando que lo accesorio eclipse lo sustancial.

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