¿Te pasó alguna vez que te empezaste a sentir bajoneada? ¿Te ocurrió después de pasar mucho tiempo junto a una amiga depre? ¿O que comenzaste a tener una mirada negativa sobre tu ámbito laboral después de días y días de escuchar las quejas de ese compañero para el que todo está mal? Si te pasó, es porque hay una razón para ello. En algunos casos, la depresión puede tener una suerte de efecto contagioso. A esa conclusión llegaron los psicólogos Gerald Haeffel y Jennifer Hames, de la Universidad de Notre Dame, de Estados Unidos. Pero su estudio demostró que el "contagio" ocurre también a la inversa, ya que personas propensas a bajonearse, cuando están en compañía de gente más positiva, se hacen menos proclives al bajón. Ello llevó a los investigadores a proponer la terapia del contagio para superar la depresión.

El estudio, publicado en la revista Clinical Psychological Science, se llevó a cabo entre estudiantes universitarios que compartían el cuarto. Los investigadores evaluaron el nivel de vulnerabilidad cognitiva y los síntomas de depresión de los participantes al mes, a los tres meses y a los seis meses de convivencia. Y así comprobaron el "efecto contagio".

Vulnerabilidad cognitiva se denomina la actitud de aquellas personas que responden negativamente a las situaciones estresantes de la vida y que tienden a interpretar cada evento como el resultado de factores que no pueden cambiar o como un reflejo de su propia deficiencia.

Suma de factores
Según estudios anteriores, las características de esta vulnerabilidad cognitiva se concretan cuando comienza la adolescencia y permanecen estables en la edad adulta. Pero Haeffel y Hames sostienen que pueden ser moldeables en determinadas circunstancias.

"Sin lugar a dudas, esta investigación es reveladora de dos aspectos fundamentales: lo que llaman 'vulnerabilidad cognitiva', y el contagio o cura por 'el factor de contexto'", afirma el psicólogo tucumano Arturo Gómez López. Remarcó que no cualquier persona se deprime. "Tiene que darse la suma de una serie de factores predisposicionales (entre los que está la vulnerabilidad cognitiva) y el factor de contexto que actúe como desencadenante", explica.

La psicóloga y logoterapeuta María Yolanda Véliz de Esper admite que hay personas muy sensibles que al estar al lado de un depresivo tienden a deprimirse. "No es que se contagian sino que toman el estado de ánimo del otro", aclara. Coincide en que no cualquiera se deprime. "Si alguien 'se contagia' de depresión es porque no tiene un propósito de vida firme. En general, las personas se preguntan el para qué de su vida, y en el intento por descubrirlo van poniendo propósitos. Entonces, no se deprimen, porque están ocupadas por su propia existencia", sostiene.

Terapia del contagio
A partir de su investigación, Haeffel y Hames aseguran que es posible usar el entorno social de una persona como tratamiento, ya sea como complemento de otras terapias o como intervención independiente. "Nuestro estudio demuestra que la vulnerabilidad cognitiva tiene el potencial de crecer y menguar con el tiempo, en función del contexto social", concluyen.

Esto es lo que destaca Gómez López. "El síndrome depresivo puede tratarse en el nivel neuroquímico con fármacos, en el nivel psicológico con una reeducación cognitivo-conductual, y en el nivel de contexto, eliminando o minimizando algunos estímulos que favorecen el humor deprimido, a la vez que se incorporan otros que mejoran el vector pensamientos-sentimientos-actitudes-conductas. Esto incluye también un análisis de los vínculos primarios de la persona deprimida", explica el profesional.

"Una imagen positiva de sí mismo ligada a un contexto de pertenencia, que favorezca e incentive el desarrollo de las capacidades y el conocimiento de los límites, genera un feed back que permite cierta armonía y estabilidad emocional. Por otra parte, el afecto dado y recibido es casi un antidepresivo natural, a lo que hay que sumarle todas las cosas que uno incluye en su definición de 'calidad de vida' (el tipo de hábitat, las comodidades que posee, los servicios de los que dispone, etcétera)", subraya.

Por su parte, Véliz de Esper considera que "en un hogar donde los padres tienen tendencias depresivas, los hijos están acostumbrados al silencio, a una comunicación no fluida, a un vínculo adormecido. No reciben estímulos para ir hacia la vida. Por eso es tan importante la actitud de los padres (que escuchen sin juzgar, que cumplan el rol de guías no imponiendo conocimientos sino despertando el conocimiento dormido)".

No obstante, la logoterapeuta afirma que "en un ámbito depresivo puede surgir alguien con ganas de vivir porque decide hacerlo". Destacó que Víctor Frankl, el creador de la logoterapia, decía que el ser humano puede estar condicionado pero no determinado. "Mi vida depende de mí, de mi actitud y no de cómo influyen en mí mis padres o cualquier otra persona", insiste.

Al servicio de los otros

HACER POR LOS DEMÁS.
- María Yolanda Véliz de Esper asegura que "si uno se lanza a la vida en un servicio, la depresión, poco a poco, va desapareciendo". Y contó algunos casos de pacientes suyas, de las que no dio el nombre por razones profesionales.

MANICURA GRATIS.
- Una chica que es manicura decidió destinar dos días al mes a las internas de un hogar de adolescentes. Va a hacerles la manicura en forma gratuita, pero de paso charla con ellas, las acompaña, las escucha. Y eso le hizo mucho bien.

RISAS QUE CURAN.
- Una señora se siente deprimida porque su esposo está muy enfermo y ella debe cuidarlo todos los días. Pero el sábado delega esa tarea y va a la parroquia del barrio a atender a los chicos de la catequesis. Me cuenta que juega con ellos y se ríe mucho, y que de eso toma el alimento espiritual para cumplir sus obligaciones el resto de la semana.

POR LOS ANIMALES.
- Una señora cuyos hijos ya son grandes, se había divorciado, y sentía que el mundo se acababa para ella, que la vida no tenía sentido. Un día leyó en LA GACETA una nota sobre un grupo de personas que ayudaba a los animales que andan en la calle. Cuando vino a la consulta me dijo que se iba a dedicar a eso. Y lo hizo. Así encontró su "para qué" vivir.