El cine teatro Victoria se inauguró en Salta el 9 de abril de 1946. La obra era mucho mayor que la del Plaza tucumano. Además de la sala de espectáculos también se construyeron dos locales más: uno pequeño y otro más amplio con salones en la planta baja y primer piso. Asimismo fue dotado de un departamento interior para vivienda del administrador y pasillo lateral con puertas de escape como exigían las ordenanzas municipales de “La Linda”. Aunque los planos del Victoria eran parecidos a los del Plaza, tiene ciertos detalles coloniales que lo diferencian del gigante tucumano: recova con faroles de época, vereda y hall con piso de lajas y tejas en ventanas. Pero ambos fueron provistos de escenarios suficientes grandes para albergar orquestas sinfónicas completas, además del foso común para orquesta.

Parque de grandes espectáculos

Dorio Dante Ottinetti, asociado con Alfredo Carrillo -hermano del eximio neurocirujano Ramón Carrillo- consiguieron, en 1950, la concesión para construir y explotar, en el parque 9 de Julio de Tucumán, otro parque de grandes espectáculos que sobrevivió hasta 1955. Era más modesto que el santiagueño. Se erigió donde antes funcionaban el cine al aire libre Hollywood y la Feria de Novedades -ambos eran de la Compañía Cinematográfica del Norte-. Sólo que a Ottinetti la suerte dejó de sonreírle. Al poco tiempo de inaugurarlo, su socio, Carrillo, se desvinculó y después la adversidad climática terminó fundiéndolo. Cada vez que anunciaba un espectáculo caro o de jerarquía y convocante, como Juan D´Arienzo -por ejemplo-, llovía varios días seguidos y, por lo general fines de semana. Los números artísticos anunciados cobraban sus contratos, actuasen o no, y además agregaban los gastos de pasajes, estadía, publicidad, etcétera. En pocas temporadas, Ottinetti perdió todo su capital y en plena Revolución Libertadora le revocaron la concesión y devolvió los terrenos.

Derivaciones de la concesión

En cuanto a la cantina, según consigna en sus memorias Enrique Billoni, le fue adjudicada a un señor Fajardo, al que “algunos lo calificaban como personero de Ramón Diéguez”. Este último, se había constituido en la empresa Ramón Diéguez S.A., que con ayuda de algunos créditos, no sólo construyó el Gran Hotel de Las Termas de Río Hondo sino también el de Santiago del Estero y varios años después el de Tucumán. Asimismo, compró los hoteles Italia y Palace, de Río Hondo.