Hay 23.000 millones de razones para afirmar que el Estado se está volviendo cada vez más caro para los contribuyentes tucumanos. La necesidad de financiamiento para financiar una demanda infinita de servicios es cada vez mayor. Y eso ha quedado demostrado a la hora de elaborar el Presupuesto 2014 que ha evidenciado un crecimiento del 35% respecto de lo proyectado al iniciarse el ejercicio 2013.

De los casi $ 23.000 millones que requerirá el Gobierno tucumano para financiar el gasto público, no menos del 56% se destina a las remuneraciones de los casi 80.000 empleados públicos. Y esa cifra seguirá creciendo por efecto de las paritarias que arrancaron con los policías y que prometen extenderse hacia gran parte de 2014 si es que la gestión del gobernador José Alperovich no satisface las demandas de los gremios estatales.

2013 se despidió como durante los últimos años, con reajustes en las valuaciones de los inmuebles (25% para los urbanos; 30% para los rurales). También con una mayor fiscalización en el impuesto a los Ingresos Brutos, una carga que los empresarios terminan trasladando a precios, como los aumentos salariales. Todo es más caro. Y alguien debe pagar.

El año que se avecina llega con varios signos de interrogantes en materia impositiva. Por un lado, el Gobierno ya adelantó que, por cuestiones procedimentales, deberá modificar el Código Tributario para adaptarlo a las leyes vigentes. Sin embargo, entre las principales entidades intermedias subyace la duda de que el Estado intentará avanzar más con una presión fiscal que, a criterio de muchos de sus dirigentes y economistas, ya es insoportable. De hecho, algunos estudios efectuados por consultoras indican que, por cada $ 10 que se genera, al menos, $ 4 pesos quedan en impuestos. Por lo tanto, el Estado es socio en las ganancias, pero no es solidario cuando se generan las pérdidas, como las del campo, debido a las sequías y a las heladas.

La gestión Alperovich arrancará 2014 con más deberes fiscales. Deberá presentar un detalle minucioso acerca de cómo gasta y cuántos empleados tiene en realidad. Eso es el efecto de la refinanciación de la deuda de corto aliento de una deuda que, al parecer, nunca dejará de pagarse por más que represente casi el 20% de un presupuesto anual.