Hay gestos que pueden cambiar a una sociedad. Una palabra, una sonrisa o una acción, en determinados momentos sirven y mucho. ¿Imposible?

Concéntrese y haga el intento de ejercerlo con estas pautas: Levántese con una sonrisa, no maldiciendo al despertador. Hasta que llegue a su trabajo, no se canse de decir buen día a todo ser humano que se le cruce en el camino, sin importar si es conocido o no. Con el correr de los días se dará cuenta de que la gente lo mirará de otra manera y no será porque creen que está loco.

En el camino a su puesto laboral no se olvide de seguir estas reglas. Si va en colectivo, nunca ocupe los asientos reservados y no arrastre a la gente por el pasillo como si fuera un tercera línea de Los Pumas; simplemente pida permiso y avance fijándose que no molestará al otro. Y si va en auto, no responda con un insulto el bocinazo que le dieron por haber cometido un error, baje la ventanilla y pida disculpas. Verá que el agresor sonoro se sorprenderá y lo más probable que nunca más vuelva a tocarla.

En el trabajo manéjese con prudencia. Observe el panorama antes de definir una conducta. Por ejemplo, si su compañero está envuelto en llamas porque tuvo un problema o porque acaba de descubrir cuánto le descontaron de impuestos a las Ganancias, cálmelo con una broma o convídele un café o un mate. El ambiente laboral, no tenga dudas, será otro.

Comprenda que los papeles que entregan en la calle, las botellas de plásticos y los paquetes de cigarrillos no muerden. Por eso, no los arroje en la calle, sino cárguelos hasta que encuentre un basurero. Y si no hay -que es lo más probable- haga el esfuerzo de llevárselos hasta su casa. Vivir en una ciudad limpia también es muy saludable y gratificante.

No se queje más porque esta sociedad ya no hay valores. Encárguese de inculcárselos a sus hijos, a sus allegados y, por sobre todas las cosas, demuestre que usted los tiene. Quizás logre contagiar a muchos y no tenga dudas de que viviremos mejor. Inténtelo y verá.