El desmonte en Brasil ha arrasado provincias enteras. Es que la caña de azúcar para producción de etanol ha empezado a transformar las tierras más fértiles en áreas de monocultivo.
Brasil es líder mundial en producción de etanol, y planea triplicar en 10 años la superficie destinada a esa producción. Así las cosas, parte de la población, en especial investigadores de diferentes universidades, impulsan propuestas para que la caña no termine de destruir pueblos enteros, construcciones y hasta cultivos. “Este proceso es brutal, sobre todo con la arquitectura. Están desapareciendo pueblos y villas industriales en todo Brasil. Las provincias más afectadas son San Pablo, Río de Janeiro o Pernambuco, entre otras”, contó Telma de Barros Correia, de la Universidad de San Pablo (Brasil). La arquitecta y urbanista brasileña habló de Patrimonio Industrial y agroindustrial en su país, en el marco del Seminario Internacional de Patrimonio Agroindustrial (SIPA) que se dictó esta semana en la facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UNT.
Lo que ya no está
Barros Correia explicó que también han desaparecido la producción de naranjas y los cafetales. “La naranja o el café producían placer a los ciudadanos -comentó, y casi desaparecen por la caña. Por ello la producción de etanol no está bien vista en Brasil. Ahí notamos la diferencia con Tucumán, que están más ligados a este cultivo”.
Enfatizó que en este proceso de recambio de producción se instalan enormes fábricas en las tierras más fértiles; que las casas de los trabajadores están desapareciendo, al igual que las antiguos ingenios, que ahora se llaman usinas, y de los que sólo quedan algunas chimeneas. “Para el cambio falta voluntad política -resaltó Barros Correia- y por el momento no la hay. Esas industrias tienen mucho apoyo porque son ricas. Sin embargo, hay sectores que piden una reforma agraria. Además, este tipo de producción ha generado problemas en el tránsito, accidentes en las rutas y contaminación”.
En cambio, en Tucumán, los pueblos azucareros se han adecuado a estos tiempos”, observa la decana de Arquitectura de la UNT , Olga Paterlini de Koch. “Antes de 1876, Tucumán era diversificada en cuanto a la producción: había maíz, trigo, arroz, mucha ganadería. Después fueron desplazadas por el azúcar. En 1885 había 82 pequeñas fabriquitas preindustriales en Tucumán y después de la revolución eran 34. Hoy son 14 o 15 fábricas tecnificadas”, explicó Paterlini, quien ha investigado a fondo la cuestión de los pueblos azucareros.
“En contraposición con Brasil, a nosotros nos han quedado pueblos libres que ya no son propiedad privada. Vas a San Pablo y la mayoría de las casitas de los obreros están, al igual que el chalet de la familia Nougués, la fábrica, los parques, los trazados viales. Actualmente, la actividad industrial está inserta en lo que heredó”.