Los árboles de Yerba Buena
En LA GACETA del domingo, un artículo anuncia la renovación de un shopping. En medio de la página hay una foto cuyo pie reza “Esquina. el frente se visualizará mejor, ya que los árboles serán obviados”. Una verdadera pena la acción anunciada y el propósito. Si algunos encantos tiene Yerba Buena, son sus árboles. Ya se secó misteriosamente el espectacular ejemplar que estaba en la esquina de una heladería ubicada en Güemes y avenida Aconquija. Resulta que ahora es la muerte anunciada de los otros que circundan el predio del referido local. Sigo sin poder creer lo expresado a través del diario. En la esquina Anzorena y avenida hay un ejemplar único, hasta creo que en la provincia, de un “Brachichitus Acerifolia”, que ya está vulnerado con un farol clavado en su carne. Cada año da un manojo impresionante de flores rojas, es una joya única. Le llevó seguramente más de 70 u 80 años ser lo que es. Está condenado aparentemente por el “comercio”. Vale preguntarse si los árboles instalados en la vía pública le pertenecen a la ciudad o al comerciante; cómo es que se puede hacer semejante anuncio de obviarlos de los futuros “desarrollos comerciales”. Parecería que ya estuviesen autorizados, tal lo expresado ( “los árboles serán obviados”). ¿Es que acaso estamos ante otra ordenanza de excepción, lo que ya sería el colmo tras las reiteradas malas noticias que se generan a partir de algunas de nuestras autoridades? Confieso que no logro entender cómo se favorece la calidad de vida con estas singulares medidas. Se visualizará mejor el frente con una agradable, fresca, saludable, valiosísima, más que estética y, sobre todo, coherente arboleda en su tradicional entorno urbano-rural, que aún podemos salvar. No tengo nada contra la renovación del shopping; sí, únicamente, salvar nuestros árboles, que no le pertenecen al empresario. Ruego a los vecinos de nuestro querido Yerba Buena, a los que comprenden sus valores culturales, a las instituciones científicas, a los amigos de nuestros árboles, para que no ocurra que “los árboles serán obviados”. Además, confío en la comprensión del empresario, que goza de más que excelente prestigio. Pero no debemos dejar pasar estas situaciones. Si no, los daños quedan para las generaciones futuras. Espero que mi carta deje la claridad de que luchamos por un futuro mejor y no por un futuro de cemento. Salvemos la Naturaleza, donde todos estamos insertos.
Manuel A.R.Sancho Miñano
Juan Heller 164
Yerba Buena
Los civiles y el ‘75
El concejal Bussi, blandiendo una declaración de la Cámara de Diputados del 23 de diciembre de 1975, pretendió convencer a sus pares en el Concejo Deliberante de que en el país se vivió una guerra. Hagamos memoria: solamente 90 días después los militares que decían actuar acatando un decreto de la presidenta de la Nación (y comandante en jefe de las fuerzas armadas) la derrocaron manu militari. Y, no obstante, repetían que los habilitaba una orden presidencial. De una presidenta que mantenían presa -nada menos- pero respetando su decreto pese a que habían hecho tabla rasa con la Constitución. También con la totalidad de los poderes nacionales y provinciales y municipales. Y a partir de allí reinó el terrorismo de Estado. Prefiero decir “terrorismo de estado militar”. Como abogado, Ricardo Bussi habrá estudiado y rendido sobre los Convenios de Ginebra. Sobre el trato a heridos, prisioneros y sobre lo que debe hacerse cuando termina una guerra: liberación y canje de prisioneros, heridos, entrega de armamentos, etcétera. ¿Cuántos prisioneros de guerra liberaron? Al horror del Pozo de Vargas, ¿qué protocolo de acción militar lo justifica? Dígalo, abogado Ricardo Bussi, porque aunque usted no tiene formación militar se supone sabe algo más, por obvias razones, que el común de las gentes. Su intervención -tan publicitada en la prensa- viene a hablarnos como si necesitáramos su aporte para comprender cuán cruel y aberrante puede ser el accionar de algunas personas con formación militar que blasonan de dueños de la verdad y de vida y destino de los demás.
Carlos Duguech
carlosduguech@yahoo.com.ar
Estación El Provincial
Con beneplácito veo en la edición de LA GACETA del lunes el planteo de reestructuración y acondicionamiento de la ex estación ferroviaria El Provincial. Creo haber observado en la publicación que se respetó la galería de lo que fue un andén para pasajeros para mantener a través de la historia lo que realmente fue: una estación ferroviaria importante; incluso, trascendió que de allí partiría un tren hacia Catamarca atravesando el túnel ya construido pero que nunca se utilizó. Como dato ilustrativo, se podrían anexar un par de máquinas en desuso de las tantas que hay diseminadas por la provincia y en el resto del País. Pienso que se logrará un espacio más que interesante; y, de paso, revalorizar una zona que no luce muy elegante.
Alberto A. Segulja
alansegconstrucc@gmail.com
Inseguridad (I)
Es impotencia lo que siento como ciudadana de mi querido Tucumán porque se haya dado prensa a un delincuente. Doy mi simple opinión porque me sentí humillada al ver a este delincuente siendo entrevistado y declarando todo lo que hace con tanta impunidad. Yo vivo presa en mi casa, dos veces fui asaltada y la policía... ausente sin aviso. Hice la denuncia y me preguntaron si los conocía. Les respondí que si los hubiera conocido no habría hecho la denuncia. Este gobierno es una vergüenza. Cada gobernante es peor que el otro. Causa indignación haber visto a los diputados aumentarse sus dietas, cuando nuestros jóvenes, muchos de ellos capacitados con el esfuerzo propio y el de sus familias, no consiguen trabajo. El dolor ante la pérdida de un familiar por robo, que deja a familias enteras desarmadas; el terror que se vive a diario al salir a trabajar sin saber si uno regresa, la falta de presencia policial en las escuelas, niñas violadas, secuestradas, etcétera. Ante mi ignorancia, me pregunto si no será mejor votar a los delincuentes en estas elecciones, para saber sus nombres y verles la cara. O, de lo contrario, que los ciudadanos no vayamos a votar, o que votemos en blanco, para dar ejemplo de que con la salud y la voluntad de una provincia o de un país no se juega. Espero que el señor jefe de Policía tome urgente cartas en el asunto, porque la situación es grave, y que tengamos policías que no sean corruptos, gobernantes con manos limpias y una justicia digna. Ruego a Dios poder ver un cambio para bien de todos los ciudadanos. Para que en todas las familias haya un poco de paz.
María Cristina Cuello
España 2.305, San Miguel de Tucumán
Inseguridad II
Señor Gobernador, autoridades provinciales y municipales: como ciudadano que vive en esta provincia, me preocupan la violencia, los robos, los arrebatos, las lesiones por armas de fuego; situaciones de las que nos informamos a diario por LA GACETA. Por favor, trabajen. Para eso tienen el poder. Hacer leyes y aplicarlas, en tiempo y forma. En lo personal, propongo que nadie pueda portar armas, salvo la Policía y/o Gendarmería. Y hacer controles, en particular a las motos. Las penas a los delincuentes ¡que sean severas! Parece mentira ver o leer que nuestros vecinos pierden sus vidas en las calles, en su lugar de trabajo y en las puertas de sus casas, ante la inacción de las autoridades.
Eduardo M. Martínez
Balcarce 734
San Miguel de Tucumán
La dualidad política argentina
Tras haber conmemorado los argentinos un aniversario más del Día de la Bandera Nacional, en honor al paso a la inmortalidad de su padre creador, el Gral. Manuel Belgrano, es menester una reflexión en tan noble fecha patria; este 20 de junio volvió a mostrar la dualidad política argentina tanto en el pasado como en nuestro presente. De un lado está la figura del prócer más puro de la historia nacional, Belgrano, hombre probo, uno de los forjadores de la Patria, adelantado a su época al decir como economista que el progreso económico de una nación estaba en producir y exportar con valor agregado promoviendo la industria y fomentando el mercado interno; aquel hombre que murió solo, en el olvido y la pobreza más injusta. Del otro lado, Rivadavia, hombre oscuro y de intereses centralistas y mezquinos a la luz del revisionismo histórico; quien supo ser el primer presidente, legal, mas no constitucional; y el primero también en endeudar al país, y con la Ley de Enfiteusis favorecer a los más adinerados con grandes extensiones de tierra, en una suerte de arrendamiento a largo plazo. Ambos conviven en nuestro “Olimpo de Próceres Nacionales”, pero ello no significa que hayan sido iguales en compromiso con la Patria; y son estas fechas las que nos deben hacer reflexionar quienes dieron su vida por una Patria Grande y quiénes no. Los años pasaron, y muchos, y la Argentina de hoy nos muestra una vez más esa dualidad que genera una grieta social profunda; de un lado un gobierno central que endeuda al país para cien años, debilitando lo que se denomina soberanía económica de un Estado; y del otro un proyecto político de unidad ciudadana que trata de volver a dar a los argentinos bienestar: empleo, protección a los más vulnerables, crecimiento económico, inclusión; todo eso que el neoliberalismo en año y medio hizo desaparecer y que en cualquier ciencia política sana se llama Bien Común. Para pensar.
Mario Villafañe
mmario700@hotmail.com
“Personas necias”
Hay algunos hombres necios que critican sin razón al médico que trata de curarlos de la enfermedad que ellos mismos se causaron por poner su salud en manos de codiciosas brujas y mentirosos curanderos que les sacaron dinero y enfermaron sus cuerpos. La queja es porque no les gusta el remedio recetado y que deben guardar cama por un tiempo, y entonces añorando volver a su anterior vida ociosa e irresponsable olvidan que así casi van a parar al cementerio. Les falta valentía y paciencia para aguantar sabiamente el tiempo necesario hasta poder salir de sus males. En lugar de agradecer al sufrido medico que los asiste buscando un cambio positivo en su estado, lo maldicen y calumnian y en su necesidad, escuchan las promesas de nuevos o viejos charlatanes, que ofreciendo el oro y el moro, les prometen una salida milagrosa de sus males. Triste futuro tendrían esos pacientes impacientes, si no fuera que sus hermanos sanos, velando por sus existencias, confían en la ciencia y honestidad del galeno e insisten en continuar el tratamiento. Todo parecido de esta reflexión con la actual y triste realidad política argentina, es pura casualidad.
Raúl S. J. Giménez Lascano
rsjgl@yahoo.com.ar