El 12 de octubre: el milagro de la nueva vida en el mundo

La polémica en torno a la presencia española en América debe ser abordada desde la realidad de los hechos. La intervención de la Corona y de la Iglesia a favor de los indígenas. Una provincia especial.

El 12 de octubre: el milagro de la nueva vida en el mundo
15 Octubre 2023

Por José María Posse

Abogado, escritor, historiador

Desde México hasta los confines australes de nuestro territorio, el mestizaje ha moldeado a nuestra América con identidad y características propias. Por supuesto que la polémica acerca del supuesto genocidio por parte de los españoles contra las tribus aborígenes, continúa abriendo brechas entre indigenistas y españolistas.

Los animo a que reflexionemos juntos en la búsqueda de una idea que nos acerque a la realidad de los hechos, tomando en cuenta que la historia es protagonizada por hombres con aciertos y errores.

Genocidio?

A la Corona Española se le ha inculpado el cargo de ordenar una matanza despiadada, con el único fin de apoderarse de las riquezas de las tribus autóctonas. Sin embargo, los hechos históricos marcan otra cosa diametralmente distinta.

Lo primero que hicieron los Reyes Católicos cuando tuvieron ante su presencia a los naturales que Cristóbal Colón llevó de vuelta de sus viajes, fue ordenar un estudio profundo de ellos; les pidieron a sus teólogos, médicos, antropólogos y sabios que determinaran si esos nativos tenían alma. Esto, que puede resultarnos chocante a la altura actual de nuestra civilización, no lo era entonces.

Justamente, la justificación que de antaño tenía la institución de la esclavitud del hombre negro era que se le consideraba una “res parlante”, o sea, una suerte de animal sin alma. Por tanto, al no estar dentro de las características humanas, podía ser tratado en esclavitud. Este horror perduró durante muchísimos siglos en el “mundo civilizado”.

En la América Hispana no existieron matanzas programadas, pero fue real que algunas enfermedades que llegaron con los europeos diezmaron tribus autóctonas enteras.

Leyes de Indias

Lo cierto es que los consejeros reales, entre los que figuraban en primer término sacerdotes católicos, pronto llegaron a la conclusión que esos nativos de color cobrizo eran seres humanos como cualquier europeo que se preciara.

Fue por ello que los Reyes prohibieron formalmente la esclavitud del indígena en las tierras descubiertas. Es más, la Corona Española con los años, emitió innumerables normas conocidas como “Leyes de Indias”, que promovían la integración del Español con el natural.

No podemos desconocer que Instituciones como la Mita y el Yanaconazgo, que tuvieron un fin altruista, terminaron siendo desnaturalizadas. En efecto, su mala aplicación por parte de ciertos encomenderos españoles, desvirtuaron el espíritu mismo con el que fueron diseñadas. Una importante cantidad de ellos fueron a parar a las cárceles del rey por sus crímenes, pero el daño ya estaba hecho.

Entre el centro de gobierno español y las sedes de los reductos indígenas había un mundo de distancia y era muy difícil que los monarcas pudieran vigilar el puntual cumplimiento de sus mandatos; por tanto, es absolutamente cierto que existieron abusos en el trato al natural, muchos de los cuales tuvieron incluso un final trágico.

Protector

La Iglesia Católica hizo mucho por ir cambiando esta mentalidad, suavizando las costumbres y condenando los abusos.

Los religiosos tuvieron a su cargo la tarea de educar a los americanos en la fe de Cristo y para ello desarrollaron una enorme tarea de evangelización en todo el Continente.

Además fueron sus protectores: el claro ejemplo fue el dominico Fray Bartolomé de Las Casas. Durante siglos fueron, de alguna manera guardianes e hicieron valer los mandatos de la Corona en cuanto al buen trato que les debían los súbditos de España a los indígenas del nuevo mundo.

Las reducciones jesuíticas fueron asimismo un ejemplo acabado de la idea de integración: allí se les enseñaban artes y oficios, mientras aprendían la doctrina católica y se los introducían en los preceptos de la cultura occidental.

Pueblo mestizo

El español cruzó su sangre con las mujeres nativas, haciéndolas sus esposas. Gran parte de las principales familias de la colonia tienen entre sus antepasados alguna mujer india.

Cualquier genealogista informado puede corroborar la enorme influencia americana en la génesis de las familias troncales de nuestro país, a diferencia de los anglosajones de Norteamérica, quienes tenían la autoridad mayoritaria de la religión protestante con otra cosmovisión de la vida: no solamente evitaron el mestizaje, sino que lo condenaron. Es por ello que en Canadá y en Estados Unidos no se ha dado este fenómeno, propio de Hispanoamérica.

También los descendientes de esclavos africanos se mezclaron con europeos, mestizos e indígenas y son parte sustancial de nuestra raza criolla. Somos parte de esta Latinoamérica profunda, en ella encontramos nuestra esencia e identidad como pueblo libre y soberano.

La inmigración

Nuestro país, en esencia mestizo, abrió sus fronteras a la inmigración para poblar sus extensos territorios. Italianos de todas las regiones se instalaron, a partir de la segunda mitad del siglo XIX, para dar un impulso extraordinario a la nueva Argentina.

Ello se hace evidente por ejemplo, en la arquitectura; en un artículo publicado en 1879, Domingo Faustino Sarmiento, primer historiador de nuestra arquitectura, recordaba lo sucedido en tiempos de la presidencia de Bartolomé Mitre: “El arquitecto empieza a sustituir al albañil; los brazos abundan; la prosperidad crece y aún los constructores italianos quienes introducen modillones, molduras, frisos dentados, arquitrabes y dinteles salientes“; otorgándole la impronta del que puede considerarse, al decir de Giuseppe Mazzini como la única “república ítalo-española” del planeta.

La inmigración española, proveniente de las diferentes comarcas de la península, vino también a dar frescura a una sociedad que siempre recibió al extranjero con los brazos abiertos.

Los judíos con su impronta empresarial, asiáticos, los europeos franceses, los alemanes, los polacos, los croatas, los sirios y libaneses,  entre tantos otros, conformaron una sociedad multicultural única.

En Tucumán

Durante la década de 1910, Tucumán, provincia cosmopolita como pocas,  fue el centro económico, político y social de la región. A pesar de los nacientes conflictos obreros y de sobreproducción azucarera, el progreso en todos los niveles era evidente.

La Universidad Nacional de Tucumán creada en 1914, iba convirtiendo a la provincia en el polo cultural regional, lo que se patentizó en una nueva intelectualidad, que atrajo como centro gravitacional a catedráticos y profesores de fama nacional e internacional.

El primer avión que había surcado los cielos tucumanos, dejó a todos soñando con el nuevo mundo que nacía, impulsado por esas máquinas maravillosas, como los automóviles que, aunque en número reducido, ya transitaban por las calles empedradas del centro.

La Plaza Independencia constituía el lugar de encuentro de la sociedad, donde las beldades de entonces lucían sus mejores galas los domingos, mientras daban “la vuelta del perro” a su alrededor.

Muchos inmigrantes tenían parientes afincados en la provincia, caso de los italianos de Lules o habían atendido de las oportunidades que se les abrirían en la poderosa ciudad del Norte Argentino. Allí se escuchaba con mayor frecuencia la particular fonética de su lenguaje, que se mezclaba con el también particular acento castellano de ésta parte del mundo.

Muchos de los que llegaban comenzaban su fortuna vendiendo artículos de puerta en puerta, y se subían a los trenes para ir a ofrecer su mercadería a las poblaciones vecinas. Así, con esfuerzo, grandes sacrificios, tenacidad y honestidad, comenzaron a forjarse -además de su fortuna personal- el respeto y la valoración social de todos los tucumanos.

Los inmigrantes fueron acostumbrándose a la lluvia de maloja quemada que llovía del cielo en época de zafra, a los olores de los perfumados azahares de los innumerables naranjos y limoneros que se enseñoreaban por toda la ciudad. También a los extraños ruidos de los trapiches que trabajaban aún de noche en los ingenios cercanos.

Sirios y libaneses

El ejido urbano se desarrollaba hacia el norte y el oeste, destacándose la calle Maipú, la cual sistemáticamente iba llenándose de tiendas comerciales, cuyos propietarios eran mayoritariamente sirios y libaneses que llegaban a la provincia.

Paradójicamente, ellos, quienes venían en su mayoría escapando de las persecuciones del Imperio Turco, como llegaban con un pasaporte expedido en Turquía - que por entonces ejercía jurisdicción en sus países de nacimiento- eran conocidos como “turcos”, lo que no podía ser más hiriente a sus sentimientos.

Hoy es tan sólo una curiosidad, pero en aquellos tiempos, donde los cristianos ortodoxos de Oriente Medio eran perseguidos y ejecutados por la Policía y por el Ejército turco, debió ser irritante que se los signara con ese nombre.

Lo cierto es que los sirios y libaneses trajeron consigo su acervo cultural, en donde, entre otras cosas, su cocina rápidamente conquistó el paladar de los habitantes de la provincia del azúcar. Su música, sus platos típicos y sus bailes tradicionales ya son parte del acervo de miles de tucumanos.

En lo personal, el 12 de octubre no me recuerda lo malo del descubrimiento, sino el milagro de la nueva vida que germinó en el mundo: esa maravillosa raza criolla, fuerte, vigorosa, hermosa en las formas de su gente, en su cultura y tradición mariana, bajo el manto de esa bandera blanca y celeste que nos legó un hijo de italiano, padre de nuestra nacionalidad.

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