María Moreno: "Borges es muy pop pero hay que saber encontrarlo"

El año pasado ganó el Konex de Brillante a la mayor figura de las letras argentinas de la última década. Acaba de publicar Por cuatro días locos. Pequeño inventario de la patria pop, libro en el que enfoca a muchos de los grandes personajes míticos de nuestro país. De San Martín, Borges y Gardel a Eva Perón, el Che Guevara y la Coca Sarli.
Por María Eugenia Villalonga
Para LA GACETA - BUENOS AIRES
María Moreno es, sin duda, una de las cronistas más agudas e irreverentes de nuestro país, aunque ella, seguramente, rechazaría estos adjetivos. El premio Konex de Brillante que se entrega a la máxima figura de la década, y que le fue concedido el año pasado, es un legítimo reconocimiento a su trayectoria como narradora, cronista y crítica cultural enfocada en la investigación sobre los feminismos y las disidencias sexuales.
El libro Por cuatro días locos. Pequeño inventario de la patria pop, publicado por la editorial Sigilo, reúne algunas de las columnas que escribió para Página/12 durante las últimas dos décadas, en las que disecciona, con ese estilo único, capaz de develar “todas las capas que hay en la superficie”, los personajes argentinos que la dupla pueblo-nación convirtió en mitos y que ella desacraliza sin quitarles ni una pizca de bronce, consciente de que “un mito, entre otras cosas, es un convite a lo unánime como condición para disentir -hasta la violencia- en todo lo demás”.
- En los epígrafes de Manuel Gutiérrez Nájera y José Martí que abren el libro aparecen los dos modos de abordar el oficio de periodista que pensó el modernismo latinoamericano: el que investiga a fondo y el que escribe sobre la marcha acerca de cualquier tema. ¿Con cuál te sentís más cómoda?
-El modernismo tuvo un periodismo “comprometido” por decir así, aunque con todos los manierismos de la época como podía ser el de Martí describiendo el puente de Brooklyn o el asesinato de los italianos y otro considerado frívolo y ornamental como el de Ramón Gómez Carrillo que podía escribir sobre maquillaje. Sylvia Molloy demostró cómo esos opuestos no eran tales. Yo me considero una cronista frívola aunque, como dijo el cordobés Luis Ignacio García, esa frivolidad sea estratégica.
- ¿Para qué sirven los mitos? ¿Hay una trampa en ellos?
-Los mitos no son una trampa sino una cristalización de creencias que pueden ser analizadas y no hay que subestimarlos. Horacio González usaba el adjetivo “superficial” como negativo y yo le decía que en la superficie está todo el sentido. Y él me cargaba diciendo que antes la superficie tenía más capas. Ahora me acuerdo que hablábamos de esto mientras nos dirigíamos a un velorio, lo que era una frivolidad.
- Las pequeñas mitologías nacionales ¿son especialmente ciegas a la perspectiva de género (y pienso en la ceguera de nuestra sociedad frente a un Maradona depredador) o son ciegas, sin más?
-Tenés razón, para analizar los mitos nacionales dejé de lado las críticas de género y me inventé un yo más empático, aunque es evidente la ironía. Justo no publiqué la crónica de Monzón porque la había republicado hacía poco; en sus tiempos fue el inicio de una serie polémica en el diario Sur, donde, a las redactoras del suplemento de la mujer nos llamaban “las viudas de Alicia Muñiz”.
- ¿Qué tiene de pop Borges, nuestro único clásico universal?
-Borges es muy pop pero hay que saber encontrarlo y casi kitsch en las Beatriz Viterbo o las señoras de Bibiloni. [N.R.: de cuyos comentarios Borges y Bioy se burlan llamando tonterías a lo que la Moreno lee como discurso vanguardista].
- ¿Hay algo de dandismo en tu estilo, según la definición que das de aquel gesto que “pone en contacto contaminante la cultura alta y baja despreciando la media”?
-Pero eso no es dandi. Dandi es salir a la calle con un melón en la mano o una tortuga tirando de una correa. La silla de ruedas me impide estos excesos.
- ¿Qué te ofrece este género a la hora de establecer continuidades históricas, que es, en definitiva, el trabajo del historiador?
-Pero yo no soy un historiador y la continuidad no me preocupa. Menos la duración de lo que escribo cuando esté muerta. Por algo escribo en medios que duran un día y mis libros son también para un día, lejos de los mausoleos.
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PERFIL
Sergio Vila-Sanjuán (Barcelona, 1957) es periodista, novelista y licenciado en Historia. Trabajó como jefe de María Moreno nació en Buenos Aires, en 1947. Es escritora, periodista y crítica cultural.
Su carrera periodística comenzó en el diario La Opinión, fue secretaria de redacción del diario Tiempo argentino y columnista en Página/12 y Sur, entre otros medios. Fundó Alfonsina, la primera revista feminista, y coordinó el área de Comunicación del Centro Cultural Ricardo Rojas de la UBA. Entre sus obras se encuentran la novela El affair Skeffington y numerosos ensayos, crónicas y textos de no ficción como El petiso orejudo; A Tontas y a locas; El fin del sexo y otras mentiras; Subrayados; Vida de vivos; Banco a la sombra y su autobiografía Black out, por la que recibió el Premio de la Crítica de la Feria del Libro de Buenos Aires.