

El primer tiempo de San Martín en Mendoza se pareció a la experiencia de un turista que visita una bodega en la “Tierra del Sol y del buen vino”. Con cautela, como quien recorre los viñedos apreciando cada detalle, el “Santo” fue avanzando de a poco en la casa de Deportivo Maipú. No se apresuró, no forzó jugadas innecesarias ni se dejó llevar por la ansiedad. En cambio, analizó el terreno, probó distintas combinaciones, y cuando encontró el momento justo descorchó el marcador.
El gol llegó a los 37 minutos de la primera mitad, en una jugada que nació por la banda y terminó con la firma de un Franco García encendido. Todo comenzó con Juan Cuevas, quien abrió el juego con un pase preciso para Gabriel Hachen, el sorpresivo centrodelantero de la tarde. Con un toque de primera, el ex Platense habilitó a Gustavo Abregú, que se animó a definir, pero su remate no fue el mejor.
Ignacio Pietrobono tapó la definición pero dejó la pelota viva en el área y allí apareció García, atento y oportuno, para empujarla al fondo de la red. “Wachi”, que venía de destacarse en La Ciudadela, convirtió con tranquilidad y desató el festejo desenfrenado de sus compañeros.
El tanto le dio a San Martín la tranquilidad que necesitaba, pero no convirtió el partido en un trámite sencillo. Deportivo Maipú, herido en su orgullo, reaccionó y comenzó a empujar con más insistencia. Desde entonces, la primera parte se convirtió en un ida y vuelta constante, como si ambos equipos estuvieran degustando distintos sabores sin decidirse por el mejor.
Por momentos, el “Santo” intentó ampliar la ventaja; en otros, el “Cruzado” tomó la iniciativa y puso en aprietos a la defensa visitante. Así, entre ataques y respuestas, el primer tiempo se consumió con la sensación de que la historia aún estaba abierta.
El inicio del complemento fue un trago amargo para San Martín. Maipú salió con una actitud diferente y, por primera vez en el partido, la defensa de Ariel Martos mostró grietas. A los pocos minutos, un error en la última línea derivó en un penal de Mauro Osores.
Otra vez, Sand fue clave para la victoria
El estadio entero contuvo la respiración cuando Marcelo Eggel se paró frente al balón y Federico Murillo intentó incomodarlo con algunas palabras. Y cuando finalmente remató, se encontró con un obstáculo aún mayor: Darío Sand.
El arquero, con la seguridad de un experto en descorches, adivinó la intención y tapó el remate con firmeza. Fue su cuarta atajada consecutiva desde los doce pasos desde su llegada a San Martín, un registro impresionante que lo consolida como una de las figuras del equipo. El festejo fue grande porque el penal atajado valió casi tanto como un gol.
A partir de allí, el “Santo” se cerró bien atrás y defendió con uñas y dientes la ventaja, pese a que el desgaste físico pasó factura.
Tras el pitazo final, el “Santo” celebró una victoria trabajada y sufrida, pero merecida. Así, se fue de Mendoza como un turista satisfecho, llevándose el mejor premio de todos: un triunfo que lo deja bien parado para lo que viene.