"Matasuegras y rompeportones ya no existen": ¿llegamos al fin de la pirotecnia de alto impacto sonoro?

La demanda de artículos luminosos crece impulsada por las campañas de concientización, por los acuerdos con el municipio y por el cuidado de las personas con autismo y de las mascotas.

PRODUCTO AUTORIZADO. La caja tiene una huella animal y un auricular. PRODUCTO AUTORIZADO. La caja tiene una huella animal y un auricular.

La venta de pirotecnia volvió a ocupar un lugar en la previa de Navidad, con un escenario marcado por una mayor demanda de productos de bajo impacto sonoro, precios más estables que en años anteriores y expectativas positivas de cara a Año Nuevo. En Tucumán, comerciantes del rubro coincidieron en que crece la conciencia social sobre los efectos del ruido, especialmente en personas con trastornos del espectro autista y en los animales, y que esa mirada empieza a reflejarse en las decisiones de compra.

Una campaña sostenida

Belén Rosales explicó que en Fuegolandia (José Colombres y San Martín) trabajan desde hace años con pirotecnia de bajo impacto sonoro y que en fechas festivas esa línea se refuerza de manera especial. “No comercializamos pirotecnia de alto impacto sonoro. Todo es de bajo impacto, pensado para no dañar el oído y para cuidar a las personas con sensibilidad auditiva y a las mascotas”, señaló.

La entrevistada destacó la participación del comercio en la campaña “Más luces, menos ruido”, impulsada junto a la Municipalidad capitalina y Casa Azul, una institución que trabaja con niños con trastornos del espectro autista. “La campaña empezó en noviembre en distintas plazas. Estuvimos mostrando los productos y explicando a la gente en qué consisten”, contó.

Durante esas jornadas, Rosales observó una respuesta positiva de los chicos y las familias. “Estaban felices porque veían las luces, las bengalas de humo y los colores. Son productos que no generan explosiones”, explicó. También aclaró que este tipo de pirotecnia se fabrica a nivel mundial y que en muchos países ya no se produce pirotecnia sonora.

La vendedora señaló que el trabajo fue conjunto con cámaras y comerciantes del rubro de distintas localidades. “En varias provincias se pusieron de acuerdo para retirar la pirotecnia sonora del mercado. Buenos Aires también se sumó, incluso en municipios donde antes estaba prohibida y luego se levantó la restricción”, explicó.

Sobre el impacto real del sonido, Rosales sostuvo que los productos que comercializan generan un nivel similar al de ruidos cotidianos. “Es un sonido comparable al de una bocina. Incluso hay iglesias que nos compran este tipo de pirotecnia. En un video que nos mandaron se escucha más la campana que el sonido del producto”, relató.

Demanda y precios

En los últimos años, según indicó, la demanda de fuegos artificiales sin ruido creció de manera sostenida. “Los vendemos hace más de 10 años, pero ahora hay más repercusión. La gente directamente pide pirotecnia sin ruido. Antes había que explicar y contar que existía”, afirmó. Aunque todavía se acercan personas a preguntar por productos ruidosos, Rosales aclara: “matasuegras y rompeportones ya no existen”.

La vendedora remarcó que la concientización cumple un rol central. “La idea es que todos podamos disfrutar de las fiestas. Quitar la pirotecnia sonora no significa eliminar la celebración”, expresó. En ese sentido, advirtió sobre los riesgos de reemplazarla por otras prácticas peligrosas. “Si no hay pirotecnia, algunos usan armas y disparan al aire causando tragedias”, subrayó.

Combos

En cuanto a los valores, aclaró que la pirotecnia de bajo impacto sonoro no resulta más cara. “En muchos casos es igual o más barata, porque tiene menos pólvora y más efectos de luz”, explicó.

De cara al 31 de diciembre, anticipó un mayor movimiento: “se venden mucho los combos para niños que cuestan $ 30.000 con estrellitas, las candelas y las tortas sin ruido. Hay tortas de muchos disparos sin estruendos: el efecto es solo visual”.

Balance positivo

Agostina Cristofari, responsable del local Pirogénesis, ubicado en avenida Roca 38, calificó el balance como positivo. “Esperábamos bajas ventas y nos sorprendió lo contrario. Se notó que la gente estuvo un poco más dispuesta a gastar”, señaló.

Sobre los productos más buscados en Navidad, indicó que el público se divide en dos grandes grupos. “Hay personas que buscan solamente luces, como ‘Chaski Boom’, estrellitas, bengalas y candelas. Y después están quienes piden productos con ruido, como morteritos o artículos más fuertes”, detalló.

La demanda de pirotecnia sin sonido también se hizo notar en su local. “Mucha gente pregunta específicamente por productos que sean solo luz y sin ruido”, dijo. Incluso relató un caso puntual: “ayer vino una señora que nos dijo que tenía una hija con autismo y quería algo que pudiera usar ella. Se llevó estrellitas y candelas”.

Cristofari consideró que estos productos permiten que los chicos participen del festejo. “Ven que todos están celebrando y ellos también quieren sumarse, pero sin miedo”, indicó. En cuanto al perfil de los compradores, señaló que predominan los hombres de entre 20 y 30 años, aunque también se acercan familias.

Con la mirada puesta en Año Nuevo, aseguró que las expectativas son aún mayores: “históricamente se vende más para el 31. Mucha gente dice que prefiere gastar más para Año Nuevo y deja las tortas o los productos grandes para esa fecha”.

Respecto a los precios, afirmó que este año los aumentos resultaron moderados. “En comparación con años anteriores, la suba fue mucho menor -describió-. No vimos la reacción de sorpresa de otros años. Hoy un ‘Chaski Boom’ puede costar $ 300 y un combo para niños, $10.000”.

Finalmente, destacó que fue esa estabilidad la que ayudó a sostener las ventas. “La gente que está acostumbrada a comprar pirotecnia no se espantó con los valores”, advirtió.

PARA NIÑOS. Los combos de $10.000 incluyen luces y humos de colores. PARA NIÑOS. Los combos de $10.000 incluyen luces y humos de colores.

Cuidado de animales

Errores que no deben cometerse

Luis Ernesto de Chazal, veterinario de la División Zoonosis del Siprosa, advirtió que el principal problema es el miedo intenso que generan los ruidos. “Los perros y los gatos se asustan mucho”, explicó.

El especialista enumeró prácticas que no deben realizarse. No deben suministar medicamentos para humanos, dejarlos al aire libre o solos en casa. Indicó que no se debe dejar objetos con los que puedan golpearse si intentan escapar. “El animal busca fugarse”, explicó. Por ese motivo, recomendó que siempre tengan collar con identificación y teléfono. 

De Chazal desaconsejó el uso de tranquilizantes antiguos. “Antes usábamos clorpromazina o acepromacina y ahora no se administra tanto”, dijo, y aclaró que cualquier medicación debe ser indicada por un veterinario. Sobre los chalecos antiestrés que se venden por internet, fue categórico. Dijo que comprarlos le parecía inútil. 

En cambio, aclaró sobre el vendaje o método Tellington: “no le va a hacer mal. Es un método casero con una tela que se acomoda en determinadas zonas para que se sientan protegidos”.

Más luces, menos ruido

Conciencia que cambia festejos

La política de concientización sobre los efectos de la pirotecnia sonora en San Miguel de Tucumán se sostiene desde hace tres años con un trabajo articulado entre el municipio, Casa Azul y locales comerciales. Laura Trejo, directora de la institución, explicó que el objetivo es visibilizar el daño que provoca el ruido en personas dentro de la Condición del Espectro Autista, en adultos mayores, bebés y animales. Trejo recordó que existe la ordenanza municipal 5.037, que regula la comercialización de los productos. 

“La norma fija que la pirotecnia no debe superar los 70 decibeles”, explicó y detalló que las cajas tienen íconos de mascotas y audífonos para identificarlas. Desde noviembre, Casa Azul impulsó la campaña “Más luces, menos ruido”. 

En ese proceso, destacó el rol de los comercios que enseñan a la gente sobre esta pirotecnia. Según Trejo, la respuesta fue positiva y se reflejó en un cambio de consumo. “Se vendió más pirotecnia lumínica”, afirmó, y agregó que las estadísticas también muestran una disminución de quemaduras.

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