Dólares Fuente: La Nación.
Rigen las nuevas reglas para la banda de flotación del precio del dólar y ahora sus límites se moverán siguiendo la variación mensual del IPC. ¿Eso es bueno o malo? Como en todo, siempre hay costos y debería buscarse el mayor saldo positivo (aunque a veces sólo queda elegir entre dos males).
No parece arriesgado suponer que la cotización nunca se acercará al piso de la banda, el viernes en 914,78 pesos. Por lo tanto, toda la especulación tendrá en mente el techo, anteayer en 1.529,03 pesos.
Una función útil de la novedad será demorar el atraso cambiario. Éste ocurre cuando el precio de la divisa varía menos que la diferencia entre la inflación nacional y la internacional. Como esta última es ínfima comparada con la argentina (cuatro por ciento anual versus 32, un 0,3 por ciento promedio mensual contra 2,34) puede dejarse de lado para facilitar las comparaciones. Entonces, un dólar será cambiado a una cotización legal que crecerá conforme al sistema cambiario vigente, pero si la inflación del país supera el ritmo de revaluación del dólar los pesos cobrados tendrán menor poder adquisitivo que antes porque el tipo de cambio no compensará la inflación.
Esto perjudica a los exportadores mientras que los artículos importados se hacen relativamente más baratos que los nacionales porque sus precios crecen según el dólar y no según la inflación local. Por lo tanto, hay problemas para algunos sectores. Nunca debe olvidarse que la competitividad no es una cuestión cambiaria; si lo fuera, Argentina sería potencia a pura devaluación. En realidad, depende de la productividad que viene de las inversiones en capital físico y humano. Pero en el corto plazo el precio del dólar puede ayudar o provocar inconvenientes.
Sin embargo, según los cálculos del Banco Central el tipo de cambio real multilateral, que surge de un promedio de cotizaciones de las monedas de los países que involucran la mayor parte del comercio exterior, tiene un atraso leve, cinco por ciento, pero el dólar está adelantado siete por ciento. Para que el promedio esté en “equilibrio” el dólar debería bajar de precio o subirlos el yuan o el yen, los más atrasados. El adelanto del dólar ocurrió porque la incertidumbre preelectoral impulsó su cotización superando la inflación. Pero si no hubiera inestabilidad podría aparecer un atraso. Ese riesgo se evita subiendo el techo de la banda siguiendo el IPC. Con un rezago, claro. Enero se ajustará según noviembre porque la variación de diciembre recién se conocerá el próximo 13.
Otro papel posible para la nueva regla es ayudar a que el BCRA acumule reservas internacionales. Cuando la cotización del dólar toca el techo de la banda de flotación el Central está obligado a vender divisas; si el tope está más alto que antes tal ocasión tardará en darse. En concreto, enero y febrero son meses de mayor demanda por dólares debido a las vacaciones, lo que presiona hacia arriba el precio, pero debido al nuevo techo la obligación de venta demorará en activarse comparando con el sistema anterior y desde marzo comenzará la entrada de divisas por cosecha gruesa y disminuirá la probabilidad de que la cotización se acerque al techo de entonces.
Además, se autorizó al Banco a comprar en transacciones menores hasta un cinco por ciento de las operaciones diarias del mercado cambiario. En 2025 fluctuaron entre 200 millones y 600 millones de dólares. Por lo tanto, compraría entre diez millones y 30 millones diarios. Con unos 250 días hábiles para 2026 serían entre 2.500 millones y 7.500 millones de dólares. Como el BCRA pretende sumar entre diez mil millones y 17 mil millones de dólares el resto lo aportarían comercio, inversiones y créditos externos y compras adicionales grandes, también habilitadas. Como referencia de impacto supóngase que la cotización media de enero se acerque pero no toque el techo de la banda (valor medio de 1.548 pesos) y ronde los 1.500 pesos. Por diez millones de dólares por 21 días significaría un aumento de la base monetaria de 315.000 millones de pesos, o 1,146 billones de pesos en la cantidad de dinero (M3), una emisión de 0,7 por ciento con respecto a diciembre 2025. Si el aumento de base comprando dólares continúa la emisión será cada mes porcentualmente menor. De todos modos, anular el efecto inflacionario requerirá que aumente la demanda por dinero lo que depende de las expectativas de crecimiento económico y de la necesidad de usar pesos.
Ahora, hay que distinguir las compras del Central de aquellas del gobierno para pagar deuda. Ambas se registran como incremento de reservas porque el PEN deposita sus dólares en cuentas del BCRA, pero no son del Banco. Éste compra para poder intervenir en el mercado cambiario y emite dinero para la transacción. En cambio, el gobierno usa el superávit, sólo es dinero que cambia de manos. Sirva esto para un par de aclaraciones. Primera, cuando el gobierno cubra el vencimiento del 9 de enero se verá baja de reservas pero no serán las propias del BCRA. Segunda, aunque la cuenta es de 4.216 millones de dólares en realidad se necesitarían 3.700 millones porque hay deuda intra sector público, y las reservas brutas caerían en menos aun si los acreedores con cuentas en el país dejan en sus bancos los dólares cobrados.
Por último, algunos analistas criticaron la medida sosteniendo que impulsará la inflación al permitir una mayor suba del dólar y que la economía venía creciendo hasta que se puso la banda (abril 2025). Pero la inflación no aumenta por el dólar sino al revés y, en el peor de los casos, habría que elegir entre mayor cotización o menores reservas. Además, cuando se instaló la banda la divisa se movió en su centro y el IPC siguió frenándose hasta que el Congreso comenzó a tomar decisiones populistas y se dudó de la fortaleza del gobierno. ¿No habrá sido la política la responsable?
















