Siete pruebas que enfrenta la economía de Milei

Test de resistencia para el programa macro del Gobierno libertario.

Siete pruebas que enfrenta la economía de Milei

El primer año de gestión del presidente Javier Milei fue el del ajuste brutal y de las correcciones para encauzar el rumbo del país. El Gobierno nacional hizo del equilibrio fiscal un ancla, incluso con un freno brusco a la emisión monetaria. El segundo año de mandato, a su vez, se caracterizó por el reacomodamiento de la macroeconomía y la proyección de las reformas estructurales, con un espaldarazo electoral para avanzar, en el Congreso, con los cambios impositivos, laborales y previsionales. Tras un bienio de estabilización, este será año en que la economía argentina ponga a prueba la sostenibilidad de su nuevo marco macroeconómico, fundamenta GMA Capital en su último reporte. El foco se desplaza: ya no alcanza con bajar la inflación; ahora se trata de consolidar reservas, sostener el orden fiscal, y validar las reformas ante el mercado y la sociedad. Como dicen los analistas políticos, Milei ya no cuenta con un cheque en blanco para avanzar, con su impronta, en los cambios macro. La sociedad, por el contrario, le demanda más resultados y que cese el ajuste para darle paso a la recuperación del poder adquisitivo del salario en un marco de desinflación. En otros términos, que la Casa Rosada comience a mirar más a fondo al derrame en la microeconomía.

En este escenario, siete desafíos se destacan como clave para el futuro inmediato. Desde el frente externo y monetario, pasando por la política fiscal, el empleo y la gobernabilidad, hasta el termómetro que resume todos los avances: el riesgo país.

Cada uno de estos frentes representa una pieza crítica del nuevo equilibrio. De su evolución dependerá no solo la dinámica de corto plazo, sino la viabilidad del programa económico en el mediano plazo, puntualiza el economista Nery Persichini. Para la ejecución de aquel plan económico en un marco de concordia, Milei requerirá de un consenso con el resto de los actores sociales, políticos, sindicales y empresariales. Ese también es otro desafío en el año previo a la renovación de mandatos gubernamentales.

1- “Poroteo” en el Congreso

Con 107 bancas en la Cámara de Diputados de la Nación (incluyendo al PRO y quedando a 22 votos de la mayoría simple) y un tercio de la composición actual en el Senado, la Casa Rosada logró la aprobación del Presupuesto de este año, incluyendo la autorización para emitir deuda extranjera sin pasar por el Congreso Nacional. Además, obtuvo media sanción la Ley de Inocencia Fiscal. Así, el Poder Ejecutivo arranca 2026 con el camino relativamente allanado para la introducción de paquetes de reformas en los frentes impositivo, previsional y laboral.

La imagen del oficialismo cerró además 2025 de forma positiva: el Índice de Confianza en el Gobierno (ICG), medido por la Universidad Torcuato Di Tella, marca un nivel 4,3% mayor que el de diciembre de 2017 (Mauricio Macri), y 73,2% mayor que el de diciembre de 2021 (Alberto Fernández).
La experiencia, sin embargo, obliga a matizar el optimismo. No solo el nivel no garantiza éxito, sino que el viento puede cambiar muy rápidamente de dirección. Conviene recordar que, a fines de 2017, con la misma cantidad de bancas en Diputados, la reforma previsional le costaron a Cambiemos 14 toneladas de piedras. Este hecho, sumado al fatídico “28-D”, cuando la credibilidad en la independencia del Banco Central había quedado pulverizada, fueron el puntapié inicial para un cambio en la percepción del mercado y de los argentinos, recuerda GMA.

Si bien la perspectiva es positiva y el sentimiento general hacia “el ajuste” con la motosierra parece haber cambiado, la capacidad de negociación del gobierno (tanto para con los propios como con los ajenos) y de convencer a la sociedad sobre la importancia de las reformas va a ser clave de cara a este año que arranca.

2- Reservas del Banco Central

Después de dos años de estabilización, un nuevo norte emerge: la acumulación de reservas por parte del Banco Central. Esta estrategia pasa a ocupar el centro de la escena, aun cuando eso implique resignar algo de velocidad en el proceso de desinflación. Así, el ancla mutó desde un enfoque nominal (vital en un comienzo cuando la inflación viajaba en diciembre de 2023 al 13.500% anualizado) hacia uno de mayor consistencia macro en el frente externo, observa GMA Capital. Aunque las reservas netas están lejos de aquel rojo de U$S 11.000 millones heredado a inicios de la gestión del presidente Javier Milei, siguen en estado crítico: suman alrededor de U$S 2.000 millones a valor de mercado, y están prácticamente en cero al sustraer las amortizaciones de Bopreal a un año. Pero muestran un saldo negativo de U$S 7.600 millones una vez descontadas las posiciones en oro y Derechos Especiales de Giro (DEG). Si bien el Central apunta a sumar hasta U$S 10.000 millones con compras de hasta el 5% del volumen diario operado en el Mercado Libre de Cambios, la acumulación sigue dependiendo de la disponibilidad de dólares. Condicionado por una cuenta corriente cambiaria deficitaria en U$S 1.163 millones (-0,3% del PBI), se suma un calendario exigente con vencimientos por U$S 12.633 millones y un contexto estacionalmente desafiante: menor demanda de pesos durante el verano y una oferta de dólares acotada que, hasta la llegada de la cosecha, pondría a prueba la capacidad de compra en los albores de 2026.  En un escenario de tipo de cambio real multilateral estable, la acumulación de reservas requerirá un repunte de la inversión extranjera directa o una mejora en la capacidad de financiamiento.

3- Remonetización

El esquema cambiario se adapta a la nueva lógica de sostenibilidad de externa. A partir de este mes, el régimen de bandas se actualiza en función del último dato de inflación disponible (2,5%), con un rezago de dos meses. Este ajuste reduce los incentivos a la apreciación real y alinea el tipo de cambio con la dinámica de precios. Si bien habilita un dólar más alto, refuerza la credibilidad del plan al anclar expectativas y disminuir el riesgo de un salto discreto. En paralelo, el Central buscará avanzar con un proceso de remonetización que permita expandir la base monetaria del 4,2% al 4,8% del PBI. La clave será que eso no se traslade a precios.

4- Ancla fiscal innegociable

Aunque todavía no hubo avances concretos en una reforma tributaria integral, el compromiso de profundizar la baja de retenciones presiona sobre los ingresos fiscales. A eso se agrega la rebaja en los tramos 2 y 3 de Ganancias de sociedades, con un costo fiscal del 0,2% del PBI. Esto no es menor: se trata de un tributo coparticipable y el 58,2% de su recaudación va a las provincias, que pagarán el ajuste. Del lado del gasto, el Gobierno apuesta a sostener el sendero de recortes concentrándose en programas vinculados a la seguridad social y en subsidios económicos, particularmente en energía y transporte, con todo el costo político implica.  

5- Baja del riesgo país

A los ojos del mercado, el veredicto final sobre los éxitos y tropiezos de la gestión se leerá en una sola variable: el riesgo país. Por eso, resulta fundamental que el gobierno logre sostener la tendencia bajista de este indicador, medido por la banca internacional JP Morgan, que al cierre de la semana, terminó en 553 puntos básicos. La compresión del costo financiero argentino funciona como la llave maestra para continuar colocando deuda a tasas cada vez más razonables. De hecho, el objetivo planteado por el equipo que lidera el ministro de Economía Luis Caputo es que la Argentina, de una vez por todas, retorne al mercado voluntario de créditos.
La colocación de deuda es vital para evitar el pago “cash” y así proteger las reservas internacionales ante una agenda exigente. El viernes pasado, precisamente, las reservas brutas terminaron al alza, en los U$S 43.099 millones, de acuerdo con el reporte provisorio de la entidad que preside Santiago Bausili.

El desafío no es menor para la gestión del presidente Javier Milei: en este 2026 vencen cerca de U$S 12.600 millones si sumamos el flujo neto con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la deuda privada del Tesoro y del BCRA.

Por otra parte, una mejora en la percepción de solvencia del soberano generaría un efecto derrame positivo sobre toda la economía, abaratando el crédito tanto para el sector público como para el privado. De consolidarse este escenario, empresas y provincias, que desde la elección nacional lograron emitir alrededor de U$S 7.000 millones en el exterior a una tasa promedio del 8,7%, podrían seguir reduciendo el costo de su deuda, aceitando los engranajes de la inversión real y potenciando la tan necesaria competitividad sistémica que requiere la Argentina.

6- Los precios de la economía

Durante 2024 y 2025, el desplome de la nominalidad fue el objetivo central del programa económico. La desaceleración inflacionaria respondió a un proceso más amplio de ordenamiento macroeconómico: la reversión de una dinámica fiscal históricamente deficitaria, el fin de la asistencia monetaria del BCRA al Tesoro (tras un período en el que, entre 2020 y 2023, la emisión superó el 25% del PBI) y un esquema cambiario que operó como ancla nominal, con una apreciación real de 41% desde diciembre de 2023. Esto permitió llevar la inflación a la zona del 2% mensual. Hacia 2026, sin embargo, el foco se desplazaría en favor de la acumulación de reservas, demandando ahora otro tipo de sintonía fina para sostener la desaceleración de la inflación. El cambio de prioridades no es neutro. Implica resignar una de las principales anclas nominales del esquema: el tipo de cambio. En este nuevo marco, el anclaje de precios debe apoyarse en otros canales. Por un lado, la corrección de precios relativos a lo largo de los últimos dos años y la contención salarial reducen las presiones de costos. Por otro, una estrategia creíble de acumulación de reservas puede funcionar como ancla alternativa vía expectativas: un mayor nivel de reservas fortalece la capacidad de intervención del BCRA y reduce el riesgo percibido de un salto discreto del tipo de cambio y contribuye a sostener la estabilidad de precios.
Con todo, 2026 aparece como un año más exigente en materia inflacionaria. La discusión ya no pasa sólo por la velocidad de la desaceleración, sino por su compatibilidad con un programa que permita recomponer reservas y, al mismo tiempo, convencer al mercado de que el nuevo equilibrio macroeconómico es sostenible, puntualiza el diagnóstico de GMA Capital.

7- Actividad y empleo

Otro desafío central para 2026 será la dinámica de la actividad y su capacidad para generar empleo de calidad. Si bien se espera un crecimiento del PBI del orden del 3%-3,5% (superior al 2% promedio de los últimos 20 años), la incógnita no se resume a cuánto se expandirá la economía, sino qué sectores liderarán ese proceso. A los ganadores de 2025 (hidrocarburos, intermediación financiera y agro), podría sumarse en 2026 la construcción, por la reactivación del crédito y la obra pública provincial. Asociado a eso, surge la pregunta de cuántos y qué tipo de puestos de trabajo se crearán.

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