PROTOCOLO. El juez impidió que Maduro pronuncie un discurso político. afp
A dos días de haber sido capturados en Caracas mediante una audaz operación militar de Estados Unidos, el derrocado presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y su esposa, Cilia Flores, se presentaron ayer por primera vez ante un tribunal de Nueva York para enfrentar cargos por narcotráfico. El proceso arrancó pasado al mediodía local (las 14 de la Argentina), cuando el juez Alvin Hellerstein entró a la sala, y se extendió por una media hora.
Cuando el juez le pidió que se identifique, Maduro respondió que era el presidente de la República de Venezuela; denunció que estaba secuestrado y se declaró inocente. El magistrado lo interrumpió cuando se extendía, y le aclaró que, por el momento, sólo debía confirmar su identidad. Entonces, el clavista se presentó como Nicolás Maduro Moros.
A lo largo de la audiencia, y mediante la asistencia de un intérprete, el ahora ex presidente insistió en su inocencia. “No soy culpable de nada de lo que se menciona aquí; soy un hombre decente”, expresó. También señaló que recién en ese momento tenía en sus manos el escrito de acusación. Ante la consulta del juez sobre si deseaba que se lo leyeran, respondió que prefería leerlo personalmente.
Luego fue el turno de Flores, quien también habló en español. Se identificó como la primera dama de la República de Venezuela, y también se declaró completamente inocente de las acusaciones formuladas por la Fiscalía federal.
Según un periodista de “The New York Times”, Maduro había llegado decidido a pronunciar una exposición política, pero rápidamente el juez fue obligado a someterse al estricto protocolo judicial, en el cual la autoridad del juez es incuestionable.
Hellerstein, de 92 años, fue designado juez federal en 1998 por el entonces presidente Bill Clinton. recientemente presidió los intentos del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de trasladar su condena penal en Manhattan a un tribunal federal, asunto que aún está pendiente.
La acusación contra el matrimonio venezolano está en manos de los fiscales del Distrito Sur de Nueva York, encabezados por Jay Clayton. Según “The New York Times”, Maduro estuvo asistido por el defensor público David Wikstrom, un abogado penalista con larga trayectoria en la ciudad, que en el pasado había representado al hermano del ex presidente de Honduras Juan Orlando Hernández, condenado por delitos similares. No obstante, tal como se preveía, Maduro también contrató a un abogado privado: Barry Pollack, quien se había hecho conocido por haber defendido durante años al fundador de Wikileaks, Julian Assange, en el proceso penal que enfrenta en Manhattan por narcoterrorismo.
En el caso de Flores, la defensa estará a cargo de Mark Donnelly, un ex fiscal federal que ejerce en un estudio privado con sede en Houston. Este comunicó al juez que su clienta, de 69 años, presenta problemas de salud que requieren atención médica inmediata. Mencionó la posibilidad de una fractura o de lesiones severas en las costillas, por lo que solicitó estudios radiológicos. El magistrado ordenó a la Fiscalía que garantice la atención médica correspondiente. Durante la audiencia, Flores tenía una venda en la frente y un visible hematoma cerca del ojo derecho. Al ponerse de pie, debió apoyarse en un agente federal.
Pollack adelantó que la defensa de Maduro cuestionará la legalidad de su captura, a la que calificó como un “secuestro militar”, y anticipó la presentación de una voluminosa documentación preliminar. Además, sostuvo que su cliente, en tanto jefe de un Estado soberano, goza de privilegios derivados de ese estatus.
Maduro y Flores aceptaron seguir detenidos por el momento, aunque sus abogados dejaron abierta la posibilidad de solicitar la libertad bajo fianza. Según estimaciones judiciales, podría transcurrir más de un año antes de que se conforme un jurado para analizar las pruebas del caso.
La audiencia concluyó a las 12.31 (14.31 en la Argentina). El próximo trámite judicial se fijó para el 17 de marzo. Cuando se retiraba escoltado por agentes federales, Maduro fue increpado desde el público por un hombre que le gritó “presidente ilegítimo”. Aquel lo miró y le respondió en español: “Soy un presidente secuestrado. Soy un prisionero de guerra”. El hombre fue identificado como Pedro Rojas, de 33 años, quien dijo haber estado preso bajo el régimen chavista.
La acusación formal, difundida el sábado, imputa a Maduro, de 63 años, los delitos de conspiración narcoterrorista y conspiración para importar cocaína a Estados Unidos, entre otros cargos. A Flores se la acusa de conspirar para el tráfico de cocaína. En caso de ser hallado culpable, el venezolano podría enfrentar penas que van desde los 30 años de prisión hasta la cadena perpetua.
Traslado
El operativo de traslado empezó hacia las 7.15 hora local (9.15 de la Argentina), cuando una caravana salió del Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn, donde está alojado el matrimonio rumbo a un predio deportivo cercano, donde aguardaba un helicóptero. Maduro fue trasladado esposado, bajo custodia de agentes de la DEA.
Imágenes aéreas difundidas por cadenas de televisión lo mostraron cuando descendía de una camioneta y se dirigía lentamente hacia la aeronave, vigilado por personal armado. Tras aterrizar en Manhattan, fue llevado en un vehículo blindado hasta el tribunal federal del Bajo Manhattan.
Maduro y Flores habían sido extraídos de Caracas durante la madrugada del sábado, en el marco de una operación militar de gran escala que incluyó comandos en tierra, ataques aéreos y el despliegue de una importante fuerza naval estadounidense.


























