Carta de lectores I: crisis en Venezuela

07 Enero 2026

La situación de Venezuela nunca fue un fenómeno aislado de la crisis mundial y de las convulsiones políticas y sociales que se desarrollaron en América Latina. El proceso bolivariano se inaugura a partir de dos levantamientos populares: el Caracazo de 1989 y los intentos de golpes de estado de febrero y noviembre de 1992. Una fracción militar nacionalista, en defensa del capitalismo, interviene para evitar que Venezuela vaya directo a una revolución o a una guerra civil. Las fuerzas armadas, a través de Hugo Chávez, asumieron un papel de arbitraje para contener al pueblo rebelde. Chávez se abocó a aumentar, fuertemente, los gastos sociales (planes), conocidos como las “misiones” en los barrios populares. Nunca hubo socialismo, porque no expropió la propiedad privada de los medios de producción. Sí instauró una particular forma de capitalismo denominado nacionalismo económico fiscal. Trató de orientarse en una dirección democrática, buscando el apoyo de algunos sectores del pueblo con el fin de resistir al capital extranjero. Este nacionalismo tuvo por objetivo controlar, vía indemnizaciones, una parte importante del capital de las asociaciones con los monopolios petroleros extranjeros que explotan la Cuenca del Orinoco. Las petroleras, en ese momento, aceptaron una disminución en su participación porque les era redituable: reservas más altas del mundo y precios de hidrocarburos por las nubes. Por un lado, la llamada derecha, junto a Estados Unidos, siempre quiso volver a la época neoliberal de Carlos Andrés Pérez (una suerte de Carlos Menem) y el pueblo venezolano, por el otro, buscando cambios sociales, protagonizó el Caracazo. Chávez se apoyó en el pueblo para frenar todas las conspiraciones, pero nunca dejó de ser un representante capitalista. Nicolás Maduro fue diferente a Chávez, como la oposición no fue  la misma. El chavismo, hoy, a través de la transición de Delcy Rodríguez, es intimado por Donald Trump a transformarse en un protectorado de Estados Unidos. Maduro fue secuestrado sin que haya una respuesta militar al sobrevuelo de aviones y helicópteros sobre Caracas. La cliqué del madurismo- Diosdado López, Padrino López y Delcy Rodríguez- a pesar de los desmentidos, no pudieron disipar las sospechas de un pacto político con Marco Rubio. El ataque militar de Estados Unidos, hasta el momento, no ha producido el tan mentado “cambio de régimen”. Trump desechó (se las usa y tira) la posibilidad de un gobierno de la ultraderechista Corina Machado, en un claro mensaje a los Milei y Zelensky. Pareciera que las intenciones de Trump, con el chavismo, serían sólo “retocarlo”. Esto no es novedad. Lo mismo ha ocurrido en la Unión Soviética y China, dónde el “tránsito” al capitalismo fue ejecutado por las burocracias de los partidos comunistas. Se trataría, en Venezuela, de imponer una recolonización de Estados Unidos no por parte de la ultraderecha liberal, sino de las actuales autoridades chavistas. Se pretende evitar  que un “cambio de régimen” abrupto desate una crisis internacional o una guerra civil. El guardián de esa transición es el enorme contingente militar que Trump ha impuesto en el Caribe. Una transición con un revólver en la sien sobre los encargados institucionales de ejecutarla. Delcy Rodríguez deberá transferir PDVSA al control de Estados Unidos. Los trabajadores dejados al margen por las facciones en pugna, mientras tanto, deambulan en supermercados y farmacias para asegurarse comida y medicamentos.

Pedro Verasaluse

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