Investigar en balde

Investigar en balde
Roberto Delgado
Por Roberto Delgado 08 Marzo 2026

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Hace nueve años las aguas del río Marapa, con brutal aporte hídrico del salvaje río San Francisco, inundaron La Madrid. Diez días después de la emergencia, la investigadora Romina Díaz Gómez, doctora en Biología nacida en Alberdi, contó que en su tesis doctoral había armado un mapa con el grado de vulnerabilidad de los ríos del faldeo oriental de la Sierra del Aconquija y del sudoeste. Después de un análisis de distintas variables, la conclusión era que el Gastona debería ser la cuenca más temible (tiene los máximos valores de precipitación y la mayor torrencialidad) y que los ríos Marapa, el arroyo Matazambi y el río Seco, aunque no se encuentran en la categoría de vulnerabilidad extrema, son los que más inundaciones provocan. Ella había pasado cinco años estudiando los ríos. “Muchas cosas no sólo tienen que ver con la falta de obras o con las lluvias excepcionales. A lo largo de toda la cuenca del Marapa hay una importante transformación territorial por la expansión agraria. Se ha perdido el bosque ribereño, que es el que está al margen y actúa como barrera de contención del cauce”, dijo.

¿Se trataba de algo nuevo? Es la zona donde más han sacudido las tormentas desde siempre y que en estos días han afectado a 400 familias en la zona de Villa Quinteros y aledaños después de lluvias de entre 120 y 145 mm entre el jueves y el viernes.

La dinámica del río

No es algo nuevo. En su trabajo “La infuencia de los ríos en la historia de las ciudades coloniales del noroeste argentino” Luis Medardo Monti, Mario Alejandro Coria y Sebastián Moyano cuentan el caso de Ibatín, ciudad asentada al margen del río Pueblo Viejo; de cómo la población afectó la dinámica del río y tras las inundaciones se decidió el traslado a San Miguel de Tucumán en 1685. Después de eso, el río volvió a su cauce natural.

Es decir, hay un contexto y una dinámica históricos en la relación del hombre con la naturaleza que, según el momento y la emergencia, hacen pensar que siempre nos encontramos, como dice el geólogo Sergio Georgieff, en una coyuntora en la que “o tomamos agua de parado o estamos sin agua”. Este es un año lluvioso. En enero y febrero llovieron 450 milímetros, casi la mitad de los 1.000 que son el promedio anual en la provincia.

En 2017, después de que el Marapa se tragó a La Madrid, Díaz Gómez sugería “primero que nada, frenar el desmonte en los bosques de ribera. Ahora la Ley de Bosques al parecer va a declarar zona roja esta área. Aunque honestamente es tarde, ya casi todos los ríos perdieron esa defensa; el Marapa especialmente”, Y agregaba: “Tucumán no tiene un monitoreo general de caudales. Se necesita un manejo integral de las cuencas hidrográficas, precisa de un reordenamiento territorial y una planificación que deje bien establecidas las áreas de alta vulnerabilidad, donde no pueden asentarse poblaciones. Los agricultores también podrían aportar con buenas prácticas, que permitan disminuir o frenar el daño en los suelos”.

La gran comisión

En los dos años que pasaron desde la emergencia de La Madrid trabajó una comisión multidisciplinaria, que abarcaba entidades provinciales de todo tipo y hasta nacionales. Se abarcó hasta los costos económicos y los gastos en salud y sociales que generaba la falta de prevención de las inundaciones. “Una de las cosas que detectaba era que había como una falta de coordinación. Había un problema naturalizado, el ordenamiento no estaba hecho. Se coincidió en que cada cuenca tiene su requerimiento y no es la misma solución para Lules o Gastona” dijo Georfieff. La comisión llegó a concluir diagnósticos precisos sobre una situación crítica que se había dado a la buena de Dios, y se logró hacer estudios específicos de las cuencas del San Francisco y algo del Marapa. El vicedecano de Ciencias Exactas, Eduardo Martel, que estuvo en la cabeza de la comisión, explicó que se llegó al punto de entrar en proyectos ejecutivos y ahí todo quedó parado.

Cuando terminó la tarea de la comisión en 2019 vinieron años secos y se habían hecho algunas obras de contención en La Madrid, en la parte baja de las cuencas. Había que crear una nueva comisión y definir presupuestos pero ya no hubo forma de mover el aparato político para cambiar normas o gastar en proyectos.

Georgieff dice que los estudios estaban hechos. “Cada cuenca tiene una cuestión diferente; la idea era armar para cada cuenca una respuesta, organizarse para que se vayan tomando medidas” en el corto plazo y a largo plazo. Hasta el año pasado, agrega, los informes se podían consultar en el sitio de la Legislatura. “Esa propuesta está basada en datos; es cuestión de retomarla y ver cómo se la reactiva”.

Retomar la agenda

Hace unos 10 días el legislador José Cano propuso que se vuelva a formar la comisión para relevar, analizar y generar propuestas frente a la problemática hídrica de la provincia, con un equipo que permita retomar esa agenda, actualizar la información y avanzar en soluciones concretas. “La falta de planificación, la ausencia de información pública sistematizada y la inexistencia de un ámbito específico de control y coordinación han generado durante años consecuencias directas sobre miles de tucumanos: barrios que se inundan, caminos rurales deteriorados, producción afectada y recursos mal administrados”, dijo.

No hubo reacción del arco político y ni siquiera de los distintos factores que intervinieron en el gran estudio de la emergencia de La Madrid. Así ocurrió con la gran investigación sobre cuencas hídricas que se hizo en tiempos del vicegobernador Julio Díaz Lozano -precisamente después de las fuertes inundaciones de La Madrid de 1991- todo el esfuerzo quedó en el olvido.

Tal vez la síntesis de la doctora en Biología Díaz Gómez, en 2017, ayude a entender lo que nos pasa: “es momento de que la ciencia y la política se conecten. Siento mucha impotencia. Estuve tantos años investigando y a nadie le interesó. Soy becaria del Conicet. No sé para qué me pagan si todo esto queda en la nada”.

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