El pragmatismo al poder

El pragmatismo al poder

Entre el ideario liberal de Milei, el pragmatismo territorial de Jaldo y las tensiones institucionales en Tucumán, la política vuelve a mostrar su dilema eterno: hasta dónde se gobierna con principios y hasta dónde con conveniencia.

Federico Diego van Mameren
Por Federico Diego van Mameren 08 Marzo 2026

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Detrás del show, las palabras. Ah, junto a las palabras amontonadas, las ideas. No muchas. las suficientes para pensar un poco. Javier Gerardo Milei llevó un puñado de ellas en la carpetita de siempre. Cuesta encontrarlas en medio del barullo de gritos, agresiones e improperios. Por eso hay que recurrir a los especialistas. Uno de ellos llegó hasta el estudio de LG Play y explicó lo que costaba entender.

Los que no podemos ver más allá, nos quedamos con la idea de que el principal motor del mileísmo es el kirchnerismo y su corrupción. Cuanto más lo discute, cuanto más le grita, cuánto más se diferencia, más gana. Pero, cómo se explica esa concepción sin caer en el maniqueísmo simplista que tanto les gusta desplegar a los políticos de estos tiempos.

El magíster en Políticas Públicas Julio Picabea vio más allá. “El gobierno de Milei se encuentra asentado sobre tres principios: 1) la noción clásica de Justicia; 2) la eficiencia económica y 3) el utilitarismo político”. Pero este analista ve aún más lejos: “lo interesante de estos tres pilares es que representan un paralelismo contrapuesto a las tres banderas tradicionales del Justicialismo: la justicia social, la independencia económica y la soberanía política”.

“En relación a la noción de Justicia -explica Picabea-, Milei citó -en la Asamblea Legislativa- expresamente a Ulpiano, utilizando el concepto de ‘dar a cada uno lo que le corresponde según su derecho’. Esta concepción se opone claramente a la ´Justicia social´ de Perón, basada en la redistribución de la riqueza”.

Por el lado de la eficiencia económica, el peronismo proponía un despliegue “mercadointernista” y por lo tanto proteccionista, según Picabea. El Presidente actual pregona industrias sin protección y que los que quieran sobrevivir deberán ser comparativamente eficientes.

Por último, el analista político desarrolla la construcción filosófica del utilitarismo político. Según él, Perón hablaba de la soberanía política entendida como la no injerencia de intereses externos en la toma de decisiones en el país. Por su parte, “para la administración Milei, las decisiones políticas en general, pero sobre todo las de política exterior, deben estar orientadas a maximizar la utilidad. De esta manera, se mira la política exterior desde un enfoque pragmático y se avanzará en todo lo que sea provechoso para el interés nacional.

“El justicialismo estructuró durante décadas una narrativa capaz de articular identidad, movilización y legitimidad”, sostiene el estudioso de políticas públicas. Picabea cree que Milei en los dos años que le queda tiene que demostrar que sus tres pilares pueden sostener un país.

La enemiga

Y, aquí estamos en medio de una guerra mundial -¿la tercera?- a partir de una política pragmática que no admite muchas discusiones. Es la misma que movilizó a Donald Trump para meter a todo el mundo en una discusión bélica. Esta semana que nunca más volverá ya dio señales de que la cosa va para largo. De que el petróleo no se anima a pasar por el estrecho de Ormuz y de que las bolsas se desfondan mientras se preanuncia un espiral inflacionario sobre la tierra. La guerra no entiende de teorías y seguramente no escuchó a Milei en el Congreso. Hay quienes piensan que la enemiga de la guerra es la paz. Sin embargo, vamos aprendiendo que la verdadera enemiga es la democracia. Por eso tal vez la Unión Europea sigue paralizada en medio de sus dudas. Es que las diferentes sociedades no estaban tan seguras de que sus gobiernos debían atacar Irán. Precisamente, esta semana su reacción ideológica -pragmática, también- del presidente de España, Pedro Sánchez consiguió oxígeno para su alicaída imagen al oponerse a mandar tropas españolas a la guerra. Las encuestas dicen que más del 50% de los españoles no quiere que sus congéneres vayan al campo de batalla. Y, entonces, hasta la amiga del presidente Milei, Giorgia Meloni, cree que Sánchez no está errado.

Falta sin aviso

Pareciera que nadie escuchó a Osvaldo Jaldo en la apertura de sesiones legislativas de Tucumán. Al día siguiente de los ataques del dúo dinámico Trump-Netanyahu, el gobernador de la provincia, pidió que dialogaran para poner fin al conflicto bélico. Sin dudas, no lo escucharon.

Seguramente, cuando Jaldo va a un hotel o cuando llena un formulario, en el recuadro donde dice profesión no responde político ni contador: pone pragmático. Aquel domingo, Jaldo habló antes del discurso en el que Milei sacara su espejo liberal sobre las ideas peronistas. No se puso peluca ni bisoñé, pero advirtió y explicó que se la pondrá todas las veces que hiciera falta. Y, a diferencia del Presidente que habló de la moral como política de Estado, manifestó que se viviría en el año de las transformaciones institucionales. ¿Por qué habrá arriesgado esa opción? Tal vez porque el político pragmático está obligado a negociar con adversarios. Nicolás Maquiavelo sugería que el político debe sacrificar ideas propias para poder gobernar, pero también sugiere que el pragmatismo sirve de excusa para cualquier cosa.

Cuando Jaldo auguró este futuro para los tucumanos ya no leía. Fue tal vez la parte de su discurso menos preparada. Pero en ese momento no le hablaba a los suyos. Miró a los ojos a aquellos que “decían que no iba a hablar de este tema”. Fue explícito. ¿Fue pragmático? Fue a la guerra como Trump. Hay momentos en los que la templanza no va a trabajar y aquel domingo, era feriado. Sus votos, esos que le aseguran la gobernabilidad, no se agarraron la cabeza por terror al escrache. Es que cualquier reforma electoral sería un gol en contra para el peronismo. Ya no se disimula esa idea.

Jaldo ha afrontado esta semana “Una batalla tras otra”, cual si fuera un Di Caprio comarcano. La primera fue con las paritarias provinciales y dejó una para más adelante sólo con el gremio docente mayoritario con el que discute la remuneración mínima que recibe un docente. La segunda batalla fue por la designación del nuevo Defensor del Pueblo. Se mostró como un buen pagador. El nuevo ombudsman se puso cuanto disfraz le pidió el mandatario provincial. Disfrazado de león o con peluca se lo vio más de una vez caminando por los pasillos de la Cámara de Diputados. Fue el mejor alumno de la academia pragmática que se originó en Trancas. El sacrificio le valió la pena a Agustín Fernández que ahora deberá desanudar los nudos y los desaguisados que le dejó su antecesor en la Defensoría del Pueblo, una institución en tela de juicio. Hay quienes no saben muy bien para qué sirve y hasta la confunden con una agencia de empleo.

Malos oyentes

La Universidad Nacional de Tucumán vive en esta provincia y se rige por las reglas de juego de la Nación. Algunas de las personas del rectorado y de las que rodea al rector podrían haber escuchado a Milei o a Jaldo. O por lo menos algo podrían haber escuchado sobre las preocupaciones morales de la política del Presidente o de los augurios institucionales del gobernador. Si lo oyeron, las palabras les entraron por un oído y salieron por el otro. No les quedó nada.

En las distintas estructuras universitarias ya dan como un hecho que el ingeniero Sergio Pagani irá por un tercer mandato al frente del rectorado. Es raro porque alguna vez cuando llegó dijo que acataría las reglas del viejo estatuto que le impide una reelección. Pero en Tucumán, las instituciones han sido forzadas tantas veces que estas cuestiones no sorprenden. Hay una experiencia reciente, la del ex gobernador José Alperovich, quien se hizo hacer una Constitución como un traje a medida y le dio la tarea de sastre mayor al “hombre que él inventó”. Así desde la Convención Constituyente Juan Manzur dejó que se creara una rendija en la Carta Magna provincial para que su creador político tuviere un tercer mandato.

Los que conocen a Pagani en su trayectoria política universitaria dicen desconocerlo. Los que buscan explicaciones miran a sus alrededores y se detienen en la figura de José Hugo Saab, el dirigente universitario que presume de ser el dueño del llavero universitario. Es el dueño de las llaves del rectorado al que sólo llegan aquellos a los que él les abre las puertas.

Hartos de este juego y sorprendidos con la rendija estatutaria por la que mira Pagani, Miguel Ángel Cabrera y Virgina Sara Luz Abdala fueron a la Justicia. Hicieron un planteo para que la señora de ojos vendados determine la correcta interpretación de los artículos 17 y 190 del nuevo estatuto de la UNT con el objeto de que se esclarezca si el actual titular de esa Casa de Estudios puede intentar seguir sentado en la poltrona principal.

Las ideologías, madres de todos los relatos, ordenan los discursos y distribuyen los comportamientos, pero el poder a través de sus actores principales, toman las decisiones.

Y en ese terreno áspero, donde las convicciones se doblan y las urgencias mandan, la política vuelve a mostrar su secreto más viejo: gobiernan los pragmáticos.

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