CON ALEGRÍA. Así vive el zaguero central Nicolás "Fosa" Ferreyra su llegada a San Martín. Foto CASM.
“Desde el primer día me ilusioné mucho”. La frase no fue una formalidad ni un guiño discursivo. Nicolás Ferreyra la pronunció apenas llegó a Tucumán, todavía en pleno proceso de acomodarse, pero con la convicción de quien siente que tomó la decisión correcta. El defensor central arribó el jueves por la mañana al complejo “Natalio Mirkin”, completó la revisión médica y se presentó ante el plantel profesional. Horas más tarde, se trasladó a La Ciudadela, donde firmó su contrato y quedó oficialmente vinculado a San Martín. Así comenzó una nueva etapa en la carrera de un futbolista marcado por recorridos largos, golpes duros y escenas que quedaron grabadas en la memoria del ascenso y de Primera.
El punto de partida de la negociación fue claro y directo, según relató “Fosa”. “Facundo Pérez Castro me llamó el 2 de enero y desde ese momento encaminé todo para venir”, contó Ferreyra en diálogo con LA GACETA. Las charlas avanzaron rápido y el acuerdo se cerró sin demasiadas vueltas. “Nos pusimos de acuerdo enseguida. Yo tenía que resolver algunas cosas personales en Río Cuarto, pero apenas pude me vine porque tenía muchas ganas de estar acá”, explicó. Para el zaguero, San Martín representaba un contexto conocido: club grande, exigente y con presión constante.
FIRMA Y PRESENTACIÓN. Nicolás “Fosa” Ferreyra selló su vínculo con San Martín junto al protesorero Franco Pinello, el prosecretario Gerónimo García Mirkin y el vicepresidente Rafael Ponce de León, en el acto formal que confirmó su llegada al “Santo”. Prensa CASM
Ese conocimiento previo no fue casual. “Lo vengo siguiendo desde hace años. El año pasado lo seguí mucho por un amigo, Junior Arias. Miré toda la campaña y hasta la final contra Aldosivi”, reconoció. El vínculo con el delantero uruguayo fue clave incluso antes de la llegada. “Con Junior venimos hablando hace varios días. Yo le dije que no lo piense más, que vuelva”, reveló Ferreyra. “Compartimos planteles en Barracas Central y después en Bolivia. Somos amigos, y sería muy lindo volver a compartir club”, agregó.
Las referencias del centrodelantero uruguayo terminaron de inclinar la balanza. “Junior me habló muy bien del club, de la gente, de la ciudad. Yo tenía otras propuestas, pero la que más me sedujo fue San Martín”, remarcó.
Ferreyra llega con una trayectoria extensa y diversa. Surgido en Belgrano, debutó en Primera en 2013 y luego inició un camino que lo llevó por Rosario Central, Barracas Central y Estudiantes de Río Cuarto, además de experiencias en Bolivia y Chile. En su último paso por Unión La Calera disputó 31 partidos y convirtió dos goles, consolidándose como un marcador central firme, con presencia aérea y liderazgo.
INGRESO. Facundo Pérez Castro abre la puerta de la pensión y lo acompaña Nicolás Ferreyra. Foto de Gonzalo Cabrera Terrazas.
“Me considero un jugador aguerrido, fuerte en la marca. En esta categoría hay mucho roce y ahí me siento cómodo”, se definió.
Dentro del plantel, Ferreyra no llega a un terreno desconocido. Uno de los nombres con los que ya tiene historia es Ezequiel Parnisari. “Con ‘Eze’ ya fuimos compañeros. Hicimos dupla en Unión La Calera, en la zaga, hace un par de años”, recordó. “Nos llevamos muy bien y nos entendemos mucho dentro de la cancha. Él conoce la categoría y tiene experiencia, así que sería lindo volver a compartir zaga”, explicó.
Parnisari - âFosaâ Ferreyra, la dupla más rústica que podrÃamos armarpic.twitter.com/Mtolfby42g https://t.co/pZMwnEyPZs
— Ring Ring Balvorin (@balvorinciruja) January 6, 2026
El inicio del apodo
Con el tiempo, su apellido quedó relegado detrás del apodo. “Hay gente que no sabe ni cómo me llamo. Para todos soy ‘Fosa’”, contó entre risas. Lejos de incomodarlo, lo asumió como identidad. “Es un apodo que quedó por una situación muy fuerte y me representa”, explicó.
Esa situación fue la caída al foso perimetral de la cancha de Unión en una final del ascenso con Estudiantes de Río Cuarto. “Me caí a los cinco minutos del segundo tiempo. El día anterior había llovido muchísimo y había agua. Perdí el conocimiento un momento y después no me acordaba de nada del partido. Al terminar, le pregunté a mis compañeros si íbamos al alargue”, relató. Aun así, siguió jugando. “El apodo me lo puso Julián Bricco, que estaba relatando esa final, y desde ahí me quedó para siempre”, recordó.
El gol que lo cambió todo
Otra escena que lo catapultó fue el gol de taco en el clásico rosarino de 2021 con la camiseta de Rosario Central. “Era una jugada preparada. La pelota me quedó y el único recurso que tuve fue el taco”, explicó. Lo que vino después superó cualquier expectativa. “Después de ese gol no podía caminar por la calle. Iba a un restaurante, pedía la cuenta y me decían que ya estaba paga”, contó. Incluso detalló la situación: “Yo insistía en pagar y me decían ‘tal mesa ya te invitó’. La gente me decía que la alegría que les había dado no tenía precio”.
Pero el recorrido de Ferreyra también tuvo golpes duros. En 2019 estuvo cerca de emigrar al fútbol belga y el pase se cayó a último momento. Luego, años después, volvió a sufrir un cimbronazo en Bolivia. “Yo voy a Bolívar de La Paz, salimos campeones el primer semestre, pero después pasó algo muy raro”, explicó. El entrenador que había llevado a varios refuerzos extranjeros -entre ellos Ferreyra- quedó envuelto en una situación irregular. “Los dirigentes se enteraron que había hecho cosas poco éticas y decidieron rescindirle a todos los jugadores que había llevado él. Yo incluido”, relató.
EN EL FUTSAL. Ferreyra utilizó el tiempo sin fútbol para jugar con amigos en otras disciplinas.
Un paso por el futsal
De un día para el otro, se quedó sin club y sin contrato. Ese quiebre lo obligó a frenar. Fue entonces cuando apareció el futsal, primero como una excusa para seguir activo y después como una experiencia formativa. “Jugaba al futsal con amigos. Es otro deporte: súper intenso, cancha chica, cinco jugadores, cambios constantes, no hay descanso”, explicó.
Hoy, San Martín aparece como una nueva oportunidad. Ferreyra ya se entrenó bajo las órdenes de Andrés Yllana y comenzó la adaptación, con una primera impresión positiva. “El complejo me sorprendió para bien, es enorme. Y la pasión se siente desde el primer día”, contó. La visita a La Ciudadela terminó de confirmarlo. “Conocer el estadio me generó todavía más ansiedad por debutar de local”, confesó. Lejos de esquivar la presión, la busca. “Me encanta jugar con estadios llenos. Acá el fútbol se vive distinto y eso es lo lindo”, concluyó la nueva incorporación.






















