MIRADAS PERDIDAS. Los jugadores de Atlético, desolados, se lamentan tras el agónico gol de Instituto que sentenció una nueva derrota de visitante. ARIEL CARRERAS / ESPECIAL PARA LA GACETA
La maldición seguirá viva, al menos unos días más. Con un nuevo fallo controvertido de Fernando Espinoza, Atlético Tucumán perdió 2-1 frente a Instituto en Alta Córdoba y extendió su racha negativa fuera de casa, que lleva más de un año.
Cuesta explicar con palabras lo que le sucede a Atlético cada vez que sale de Tucumán. Esta vez tuvo todo en contra: un penal inexistente que inclinó la cancha desde temprano, pocas variantes para sostener el ritmo de partido y un desgaste evidente tras el esfuerzo por alcanzar la igualdad.
Y para colmo de males, cuando parecía que rescataba un punto valioso del Monumental “Presidente Perón”, una desatención defensiva en la última acción del juego volvió a dejarlo con las manos vacías.
Espinoza volvió a ser protagonista en un partido del “Decano”. Sí; el mismo árbitro que en 2016 había sancionado faltas inexistentes contra Estudiantes; el que en 2022 había omitido penales claros frente a Boca y Central Córdoba; el que en 2023 había tenido un fuerte cruce con Guillermo Acosta en el duelo contra San Lorenzo.
Esta vez cobró un penal que solamente él advirtió. Nadie en el estadio lo había reclamado; ni siquiera el jugador de Instituto. Además, el juez ni siquiera aplicó la ley de ventaja antes de señalar el punto del penal. Así se desató un nuevo capítulo polémico en un historial cargado de pésimos antecedentes del árbitro.
¿Cómo se sostiene el carácter después de recibir un golpe así? Con personalidad. Y Atlético la mostró. Incluso antes del penal, el equipo insinuaba orden y concentración; y en el inicio del complemento salió decidido a recuperar terreno y a llevarse algo de su excursión por Alta Córdoba.
El gol de Carlos Abeldaño, apenas comenzada la segunda mitad, fue la gran prueba de esa reacción. Presión alta, recuperación de Renzo Tesuri y un pase filtrado preciso para el “Ogro”, que definió con categoría para marcar su primer tanto en Primera.
Ese era el envión necesario, el escenario ideal para dar el segundo golpe y quebrar una racha que hoy acumula 391 días sin triunfos jugando de visitante.
Pero no alcanzó; una vez más. Tal vez por falta de piernas, de recambio o por el empuje del local, Atlético comenzó a retroceder y a encontrarle un sabor demasiado dulce al empate. Para colmo, en el banco Colace tenía pocas alternativas ofensivas.
Leandro Díaz había salido debido a una molestia muscular que había sufrido promediando el primer tiempo y Lautaro Godoy ingresó como mediapunta, cumpliendo una buena actuación, que casi corona con un gol cuando promediaba el segundo tiempo.
Luego, ni Ezequiel Ham ni Gabriel Compagnucci (reemplazaron a Javier Domínguez y a Leonel Di Plácido) lograron ser esas respuestas que el entrenador estaba buscando para recuperar el ritmo.
Pero a Atlético todo le cuesta demasiado cuando juega lejos de 25 de Mayo y Chile. Y esta vez no fue la excepción.
En la última jugada llegó el golpe de gracia que le asestó Instituto. Fue una desatención defensiva en la que Compagnucci perdió la marca, Ignacio Galván no logró cerrar su sector y Luis Ingolotti poco pudo hacer ante la aparición de Giuliano Cerato por el segundo palo, que definió cruzado y desató el festejo alocado de los hinchas “albirrojos”.
De esa manera la maldición continúa. Con Espinoza otra vez en el centro de la escena -Atlético ganó apenas uno de sus últimos 11 partidos bajo su arbitraje- el equipo dirigido por Colace volvió a irse con las manos vacías; esta vez de la “Docta”_y sigue sin festejar fuera de casa. Eso sí, para buscarle algo bueno a una tarde-noche de terror, la revancha está a la vuelta de la esquina. El martes, también en Córdoba, el “Decano” visitará a Belgrano y tendrá otra chance de cortar una racha tan dura como dolorosa.






















