AL SUR. La monteriza presentó su obra.
“Ella murió como se muere en un país concebido desde la furia y la desolación… Y las seguirán matando, en la terrible y burda demostración de que no tenemos un lenguaje para los finales”.
El fragmento pertenece a “Femicidio”, uno de los microrrelatos más crudos que integran “La nota y el énfasis”, el nuevo libro de la escritora monteriza Rosana Aldonate. La autora vuelve al género del relato breve para construir un universo donde la vida, la literatura, el pensamiento y los pliegues de lo real se entrecruzan en escenas diminutas, en intuiciones, en destellos.
En esta conversación, Aldonate cuenta cómo nació el libro, qué poéticas lo atraviesan y cómo busca que el lector se acerque a esas zonas donde se filtran el desconcierto, la violencia o la belleza.
- ¿Qué te inspiró el título “La nota y el énfasis”? ¿Qué relación guarda con el contenido del libro?
- “La nota y el énfasis” es también el título de uno de los relatos. A su vez, funciona como una clave de lectura para todos los textos que componen el libro. Cada uno surgió de una anotación, de algo que capturó mi interés, y también de la afectación que eso producía en mí, algún énfasis particular. Además, “énfasis” es una palabra que me gusta mucho. Me reencontré con ella en el personaje de Beatriz, del cuento “El Congreso”, de Borges. Beatriz detesta los énfasis y por eso se ausenta de las despedidas. Los personajes de mi libro, en cambio, están todos atravesados por algún tipo de énfasis.
- ¿Cómo surgió la idea de escribir este libro y en qué momento de tu vida literaria lo concebiste?
- Este libro se fue gestando a partir de mi gusto por el relato breve y el microrrelato. Comenzó en un taller que hice con el doctor David Lagmánovich, donde prendió en mí una orientación hacia ese género. A eso se sumaron lecturas, especialmente la obra de Enrique Vila-Matas, que me impulsaron hacia una escritura del fragmento. El epígrafe del libro es una frase de “Historias abreviadas de la literatura portátil”, de Vila-Matas: mi historia será abreviada o no será. Los relatos también dialogan con otros textos. Mis publicaciones anteriores (el libro de relatos “El cuartito del otro lado” y la novela experimental “Ulexita. El enigma de Camarones”) de algún modo prepararon el terreno para este nuevo proyecto.
- ¿Cómo describirías el tono y el estilo narrativo del libro? ¿Buscaste un tipo de lenguaje particular?
- Apuesto a lo que llamo “ficción conceptual”, un concepto que retomó Carmen Perilli durante la presentación del libro. Es una disolución de fronteras entre la vida y la literatura. La vida transformada en pequeños enigmas que la escritura intenta desplegar, siempre con asombro y brevedad. Trabajo con distintos materiales: la narrativa, la reflexión filosófica, noticias, citas… Todo puede entrar en la construcción del relato. Parafraseando a María Negroni, quien decía que la literatura es la continuidad de la infancia por otros medios, para mí es la continuidad del psicoanálisis por otros medios. Por eso busco un lenguaje conciso, preciso, capaz de decir lo real en juego cada vez.
- ¿Hay alguna frase o pasaje del libro que sientas especialmente representativo de tu obra?
- Sí, comparto un fragmento del microrrelato “Femicidio”, que considero uno de los textos más representativos: “Ella murió como se muere en un país concebido desde la furia y la desolación. Inventado como incivilizado país extenso hasta el hartazgo, culpable de geografía, de oscuridad de origen, o un país que no puede soportar el peso del despotismo. Ella murió como se muere en un país donde la impostura del hombre se arma en la fragua invisible de tan opuesta convergencia. Ella murió a manos impiadosas de quien necesitaba ahogar lo bello y lo ignorado (..)”. El cierre recupera un verso de Roberto Juarroz que dialoga profundamente con el espíritu del libro.
- ¿Qué mensaje o experiencia esperás que el lector se lleve después de leerlo?
- Así como yo presto atención a esos márgenes por donde se cuela algo incomprensible o discordante, esos resquicios por donde se filtra una luz que me dice “ahí hay escritura”, imagino que el lector podría experimentar algo similar. Me gustaría que se animen a incursionar en esos umbrales o fronteras por donde transcurren los relatos, a escuchar “las múltiples lenguas” y los “múltiples gestos que entretejen”, como señaló Carmen Perilli. Que se dejen sorprender.
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Con este libro, la monteriza profundiza en una escritura que observa lo ínfimo, lo que se escapa, lo que apenas roza lo evidente pero deja un eco. Aldonate vuelve a proponer un modo de leer y un modo de mirar. Uno que está atento a los márgenes, al énfasis, a aquello que ilumina -o hiere- por un instante. Y desde allí, invita a seguir pensando.
















