La vista de la aurora boreal desde la montaña Sugar Loaf en Wicklow, Irlanda anoche. Foto: Luke Martin/The Irish Sun
El espacio exterior nos recordó esta semana lo activos que pueden ser sus ciclos naturales. El pasado 18 de enero, el Sol registró una potente llamarada solar de clase X, el nivel más alto de intensidad en la escala astronómica. Este fenómeno desencadenó una colosal y rápida eyección de masa coronal (CME) que viajó directamente hacia nuestro planeta, provocando condiciones de tormenta geomagnética severa mucho antes de lo que los especialistas habían calculado.
El impacto inicial se produjo el 19 de enero, y según los reportes del Centro de Predicción del Clima Espacial de la NOAA citados por Space.com, la magnitud alcanzó rápidamente el nivel G4 (severo). Este tipo de fenómenos ocurre cuando una nube masiva de plasma solar choca contra la magnetósfera de la Tierra, la burbuja protectora que nos rodea.
El factor clave de la orientación magnética
Aunque las herramientas tecnológicas avanzaron, las llegadas de estas ráfagas solares siguen siendo difíciles de pronosticar con exactitud. Su velocidad y dirección son fundamentales, pero hay un detalle técnico que define todo: su orientación magnética. Si la energía solar viene orientada hacia el sur, se conecta fácilmente con el campo magnético terrestre y "abre la puerta" para que la energía penetre en nuestra atmósfera.
Cuando ocurre lo contrario y la orientación es hacia el norte, nuestro escudo natural desvía la mayor parte de la energía entrante. Estos cambios constantes mantienen en vilo a los científicos. "Incluso ahora, después de que haya llegado el CME, no entenderemos completamente su orientación magnética hasta que sea muestreada en tiempo real por naves espaciales", explica la experta Daisy Dobrijevic al medio citado.
Qué sucede en una llamarada clase X
Para entender la magnitud del evento, hay que saber que las erupciones solares se clasifican por letras: A, B, C, M y X. Cada escalón representa una potencia diez veces mayor que el anterior. La erupción registrada recientemente fue medida como X1,9, ubicándose en el nivel superior de peligrosidad y potencia. Este evento ya provocó importantes cortes en las señales de radio de alta frecuencia, afectando principalmente a todo el continente americano.
Además de las interferencias en las comunicaciones, este tipo de tormentas solares pueden degradar la navegación por GPS y aumentar la resistencia atmosférica sobre los satélites en órbita. Sin embargo, para los entusiastas de la astronomía, estas tormentas de nivel G4 tienen un lado fascinante: la posibilidad de observar auroras boreales en regiones mucho más alejadas de los polos de lo que es habitual.






















