El 60% de los argentinos ya tiene tatuajes

Sin embargo, el 75% de las personas percibe prejuicios en el ámbito laboral, sobre todo en profesiones tradicionales donde la imagen aún genera tensiones.

TATUAJES EN PAREJA. El año pasado Paula fue tatuadora en un casamiento, donde tatuó a los novios y a los invitados. / INSTAGRAM @paulatusa. TATUAJES EN PAREJA. El año pasado Paula fue tatuadora en un casamiento, donde tatuó a los novios y a los invitados. / INSTAGRAM @paulatusa.
Hace 2 Hs

Lo que durante décadas fue leído como un gesto de rebeldía, marginalidad o contracultura hoy se consolidó como una práctica extendida y transversal en la sociedad argentina. El tatuaje dejó de ser una excepción para convertirse en una marca identitaria cotidiana, presente en distintos grupos etarios, niveles educativos y contextos sociales.

Según un estudio reciente del Centro de Investigaciones Sociales (CIS) de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE), el 60% de la población argentina tiene al menos un tatuaje. El dato confirma un cambio cultural profundo: la tinta ya no distingue minorías, sino que atraviesa a la mayoría de la sociedad.

El informe, titulado Radiografía del tatuaje en Argentina, se basó en más de 2.000 casos relevados a nivel nacional y muestra que el fenómeno no responde a una moda pasajera, sino a una transformación sostenida en las formas de expresión personal y construcción de identidad.

Las mujeres lideran la tendencia y tienen más diseños

Uno de los datos más relevantes del estudio es la diferencia de género. Las mujeres no solo se tatúan más que los hombres, sino que también acumulan una mayor cantidad de diseños. En promedio, ellas tienen tres tatuajes, frente a los dos que declaran los varones.

Además, entre quienes están tatuados, el 32% posee más de seis diseños, lo que refuerza la idea del cuerpo como un archivo biográfico donde se inscriben recuerdos, vínculos y etapas de la vida. La repetición de la práctica indica que la experiencia inicial suele ser positiva y habilita nuevas decisiones.

Menos estética, más sentido personal

El estudio también muestra un cambio en las motivaciones. La estética, que durante años fue el principal motor para tatuarse, hoy ocupa un lugar secundario. Solo el 7% de las personas lo hace por una cuestión visual, mientras que el 41% elige tatuarse por razones simbólicas o personales.

En esa línea, el informe derriba uno de los prejuicios más persistentes: el arrepentimiento. Apenas el 15% de las personas tatuadas afirma lamentar alguno de sus diseños, lo que contradice la idea del “error de juventud” y refuerza la permanencia del tatuaje como elección consciente.

El ámbito laboral, principal foco de prejuicio

Pese a la aceptación social generalizada, el mundo del trabajo sigue siendo el espacio donde más persisten los estigmas. El 75% de las personas encuestadas asegura haber percibido algún tipo de prejuicio o sesgo laboral por llevar tatuajes visibles.

La tensión se vuelve más marcada en profesiones tradicionalmente conservadoras, como el Derecho, la Salud o las Finanzas, donde la imagen profesional continúa asociada a códigos clásicos de presentación, jerarquía y formalidad.

Sectores más abiertos y una tendencia en alza

En contraste, áreas como Marketing, Tecnología, Diseño y Gastronomía muestran niveles altos de aceptación. En estos ámbitos, los tatuajes no solo no generan rechazo, sino que muchas veces son leídos como un capital simbólico vinculado a la creatividad, la autenticidad y la innovación.

Aunque la brecha entre sectores persiste, el estudio sugiere una mirada optimista hacia el futuro. Casi la mitad de las personas tatuadas (49%) cree que dentro de 30 años sentirá orgullo por sus diseños, lo que refuerza la idea del tatuaje como una narrativa personal duradera y no como una marca circunstancial.

En un contexto donde la práctica ya es mayoritaria, el desafío parece trasladarse del plano cultural al institucional: adaptar los criterios laborales a una sociedad que cambió su forma de habitar y narrar el propio cuerpo.

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