Cuando el interior tucumano conquistó el país entero con una pelota de vóley

A más de 20 años de la gesta de Social Monteros, LA GACETA repasa junto a quienes vivieron en primera persona todo lo que rodeó a aquel título en la Liga Argentina en 2005. La alianza que cambió la historia, las anécdotas inolvidables, y el ocaso de un proceso tan exitoso como breve.

VUELTA OLÍMPICA. El plantel celebra con la copa tras el título en Bolívar. VUELTA OLÍMPICA. El plantel celebra con la copa tras el título en Bolívar.
Hace 2 Hs

La noche del 11 de mayo de 2005, la ciudad de Monteros colgó un cartel imaginario: "Cerrado por fiesta". No importaba si eras socio del club, o si jamás habías visto un partido de vóley. Esa noche, la rotonda de la Ruta 38 se vio invadida por el ruido de una caravana que tardó horas en cruzar las pocas cuadras que separan el acceso principal de la Plaza Bernabé Aráoz, donde se encuentra la sede de Social Monteros. Arriba del colectivo que estacionaba en las puertas del club, Hugo Conte, una de las máximas leyendas del deporte argentino, lloraba como un niño. A su lado Waldo Kantor se quebraba al ver la multitud que había ido a recibirlos en una (para ellos) lejana ciudad del interior profundo. Monteros se sentía el centro del universo deportivo nacional. Habían derrotado al gigante: el Bolívar de Marcelo Tinelli, en su propia casa.

El pacto y los “galácticos”

Para entender esa "frutilla del postre" como la califica hoy Julio Corroto, presidente del club en aquellos años dorados, hay que rebobinar la cinta hasta una reunión en Buenos Aires donde todo comenzó casi por accidente.

A mediados de 2003, el deporte tucumano atravesaba una crisis generalizada: el fútbol de los grandes estaba hundido, el básquet perdía su plaza nacional y el rugby arrastraba una sequía de una década. El vóley era una pequeña excepción, con Social Monteros jugando en la élite desde 1999, aunque lejos de la corona.

Fue entonces cuando Corroto escuchó un rumor. “Swiss Medical quiere comprar la plaza de Ferro en el ascenso y armar un gran proyecto”, le contaron. “¿Para qué van a perder un año?”, pensó el presidente. Se presentó ante el dueño, Claudio Belocopitt, y lo invitó a mudar el plan a Monteros. “Lo tentamos con que la convocatoria; éramos el equipo que más público llevaba”, señala.

Mientras los clubes de Buenos Aires jugaban en estadios vacíos, Social Monteros metía mil personas en una cancha para 500. La empresa compró la idea. Nacía Swiss Medical Monteros.

EN ACCIÓN. El equipo fue de menor a mayor en la temporada y se terminó consagrando frente a Bolívar. EN ACCIÓN. El equipo fue de menor a mayor en la temporada y se terminó consagrando frente a Bolívar.

La billetera trajo consigo una nómina impensada. Convencieron a Hugo Conte —medallista olímpico en 1988 y elegido entre los ocho mejores jugadores de la historia a nivel mundial— de que su última gran batalla debía ser en Tucumán. Junto a él, desembarcaron figuras como Esteban Martínez y Jerónimo Bidegain. Waldo Kantor, otro prócer del 88, aceptó el desafío de dirigir ese barco. 

Los jugadores ya no dormían en casas alquiladas en el pueblo ni viajaban 17 horas en ómnibus; ahora el plantel se movía en avión y concentraba en hoteles de lujo. El club de barrio se había transformado en una potencia profesional de la noche a la mañana.

El éxodo al Caja Popular

La jerarquía trajo el primer gran choque: la localía. La exigencia televisiva obligó al equipo a mudarse al estadio del Club Caja Popular, en San Miguel de Tucumán.

"Había mucha calentura. Esa es una de las grandes críticas que se le hicieron a los dirigentes", admite Florencia Larrea, jefa de prensa durante gran parte de aquel proceso. El temor estaba claro. ¿Podía seguir siendo el club del pueblo si jugaba a 50 kilómetros de distancia?

La respuesta fue logística. La empresa y el municipio pusieron colectivos gratuitos desde la sede para hinchas y trabajadores en cada partido. "Así nos encargamos de que la gente no perdiera la conexión", sostiene Corroto.

LEYENDA. Hugo Conte desplegó su jerarquía y fue la máxima figura del equipo que logró el título. LEYENDA. Hugo Conte desplegó su jerarquía y fue la máxima figura del equipo que logró el título.

El plantel vivía en Buenos Aires y viajaba solo para jugar, pero la comunión con la gente fue total. Oscar Sarmiento, único tucumano del plantel, era el nexo emocional. Los colectivos desde Monteros nunca dejaron de partir repletos y el público del resto de la provincia se fue sumando poco a poco.

Un camino sinuoso

Tras perder la final anterior ante Bolívar, la temporada 2004/2005 debía ser la del desquite. Pero no arrancó fácil. En la primera fase, el “Rojo” fue irregular y no estuvo en los primeros puestos. Pero en los playoffs el sexteto reaccionó. "Ahí, contra Conarpesa de Caleta Olivia, nació una mística", rememora Sarmiento, figura en esa serie.

En la semifinal frente a Vélez, apareció el genio. Luego de perder los primeros dos cotejos, Hugo Conte se puso el equipo al hombro. “Hizo de todo, y gracias a él logramos forzar el quinto partido”, recuerda el central oriundo de Aguilares. El conjunto monterizo volvió a Tucumán para la definición y no falló. Fue victoria y pasaje a la final.

Una locura llamada Monteros

A esa altura el mundo del vóley miraba con atención cada noche en el Club Caja. Incluso Claudio Belocopitt se había sumado a la fiebre. “La primera vez que vino no entendía nada”, revela Florencia Larrea. “Los que estábamos cerca le íbamos ‘traduciendo’. Al poco tiempo ya estaba cantando, alentando e insultando a los rivales junto al resto”, añade, entre risas. El propietario de la firma de medicina prepaga se había encariñado. “Ninguna inversión es comparable con lo que le brinda el pueblo a nuestros jugadores”, aseguraba el empresario a LA GACETA tras el título. Pero, como veremos luego, eso no terminó siendo suficiente.

CARAVANA. El colectivo de los jugadores avanzó a paso de hombre desde la ruta hasta la sede del club. CARAVANA. El colectivo de los jugadores avanzó a paso de hombre desde la ruta hasta la sede del club.

El punto de la hinchada

En el cuarto encuentro de la final, con el estadio desbordado, Social Monteros tenía match ball. En medio de esa adrenalina, el armador Javier Viegas se ubicó para sacar. ¿El problema? No era su turno. "Fue tal el desenfreno que no se dieron cuenta", detalla Larrea. Si Viegas sacaba, el equipo perdía el punto por error de rotación, lo que podía cambiar el destino e igualar la serie. "Le gritábamos pero no escuchaba. Un hincha se estiró y le tironeó la remera", agrega. Viegas giró y vio a quince personas haciéndole señas frenéticamente. El error se corrigió, el punto se ganó y Monteros viajó a Bolívar a tiro de la consagración.

La gloria en territorio hostil

27 de abril de 2005. Unos 60 hinchas tucumanos viajaron 20 horas en colectivo hacia Bolívar. El marcador fue cambiante y todo derivó en un quinto set. Tras un tie-break para el infarto, Social Monteros venció 18-16 y se consagró campeón.

LARGO RECORRIDO. Algunos de los hinchas que viajaron al partido decisivo en Bolívar posaban para LA GACETA. LARGO RECORRIDO. Algunos de los hinchas que viajaron al partido decisivo en Bolívar posaban para LA GACETA.

"Ha costado mucho, cedimos mucho de nuestro tiempo y solo nosotros sabemos lo que significa vivir este momento.", decía entre lágrimas Silvina Buffo, esposa del presidente, en medio de los festejos según la crónica de LA GACETA.

“Esta fusión era la única posibilidad de jugar una final”, reconocía Larrea, en esa misma edición de hace casi 21 años.

“Este año perdimos grandes figuras, pero las suplimos con un fuego sagrado como pocas veces vi. Fue tremendo”, señalaba Oscar Sarmiento aquella noche. Aún hoy, el aguilarense mantiene la sensación de incredulidad. "Haberlo cerrado allá, contra esos jugadores y con todo en contra, fue una cosa de locos", afirma.

La tierra arrasada

Al año siguiente, el modelo de "franquicia" mostró su crueldad. Swiss Medical intentó llevar la plaza a Salta, pero la dirigencia se plantó: "Les dijimos que si no era en Tucumán, no jugábamos", rememora Corroto.

Sin el dinero de la empresa, el campeón se desmoronó. Pasaron de los aviones a ómnibus que se rompían en la ruta. "Era increíble, todas las veces el colectivo se nos quedaba ", describe Sarmiento con crudeza.

El descenso de 2006 devolvió al club a su realidad de barrio. Algunos hinchas, dolidos, culparon a la conducción. “Lo sufrí mucho. Yo también fui jugador y quería devolverle al club todo lo que me dio”, asegura Corroto. "No pudimos armar un equipo competitivo porque hasta último momento tratamos de convencer a la empresa para seguir", explica.

El legado

A más de dos décadas, las pasiones se han enfriado. Social Monteros y su clásico rival, Monteros Vóley, mantienen viva una llama única en el país.

El título de 2005 funcionó como un segundo envión histórico: fue la confirmación de que esa tradición nacida en la década del 70 podía renovarse y profesionalizarse al máximo nivel.

Hoy, cuando los chicos escuchan que Hugo Conte vestía la camiseta roja, saben que no es una leyenda urbana. Saben que hubo una noche en que el colectivo no pudo avanzar por la multitud y que Monteros fue capital nacional del vóley. "Cumplimos un sueño", concluye Corroto. Y los sueños, muchas veces, son efímeros. Pero su recuerdo es eterno.

NOCHE DE GALA. El 11 de mayo de 2005 quedó marcado en la historia de la ciudad de Monteros. NOCHE DE GALA. El 11 de mayo de 2005 quedó marcado en la historia de la ciudad de Monteros.
DALE CAMPEÓN. Hugo Conte aplaude al ritmo de un niño durante la fiesta en la sede del club. DALE CAMPEÓN. Hugo Conte aplaude al ritmo de un niño durante la fiesta en la sede del club.
INOLVIDABLE. Los jugadores celebran en Monteros junto a los hinchas y la copa. INOLVIDABLE. Los jugadores celebran en Monteros junto a los hinchas y la copa.
EL DIARIO. El 28 de abril de 2005 esta fue la tapa de Deportes en LA GACETA. EL DIARIO. El 28 de abril de 2005 esta fue la tapa de Deportes en LA GACETA.
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