VA POR MÁS. Robinson siente que está ante el gran momento de dar el salto. Apuesta a ganarse un lugar en el equipo.
El salto desde las divisiones formativas hacia el plantel profesional suele marcar un antes y un después en la vida de cualquier futbolista. Para Francisco Robinson, delantero de 19 años que forma parte de la Reserva de San Martín y hoy se entrena junto al plantel de Primera, ese momento comenzó a tomar forma en enero. Fue durante la pretemporada cuando recibió una noticia que todo chico del club espera alguna vez: la convocatoria para entrenarse y viajar con el equipo. El camino todavía está en construcción, pero ese primer paso ya lo ubicó más cerca de un sueño que empezó cuando era apenas un niño.
La confirmación llegó en medio de una mezcla de expectativa y nervios. Robinson ya estaba trabajando en el complejo Natalio Mirkin junto a otros juveniles, pero todavía nadie le había dicho si formaría parte de la delegación que viajaría a Santiago del Estero para disputar los amistosos de pretemporada frente a Mitre y Güemes. “Estaba con un poco de incertidumbre porque quedaba poco para el viaje y nadie me había dicho nada todavía. Entonces le pregunté al ‘Mocho’ Hernán De Camilo si iba a ir a la pretemporada y me dijo que sí. La verdad que fue algo muy lindo”, recordó. Aquella respuesta simple terminó confirmando lo que tanto esperaba: integraría la delegación del plantel profesional.
BAUTISMO. Robinson (derecha) posa junto a Basualdo, Castaño y Zamora, con quienes viajó a la última pretemporada.
El delantero fue convocado junto a Tomás Basualdo, Gustavo Castaño y Octavio Zamora, otros juveniles del club que también tuvieron su primera experiencia en ese contexto. “Es algo por lo que trabaja todo chico. Estar ahí con el plantel profesional fue una sensación de satisfacción y de orgullo por todo lo que uno hizo para llegar”, explicó Robinson. Al mismo tiempo, aquel momento despertó una nueva motivación: mantenerse en ese nivel y seguir creciendo. “Sentí muchas ganas de hacer algo más, de seguir trabajando para poder quedarme”, agregó.
Sus inicios
Su historia con el fútbol comenzó mucho antes de ese viaje. Robinson empezó a jugar a los seis años, cuando la pelota se volvió parte natural de su vida. Durante varios años transitó el fútbol amateur hasta que en 2024 apareció una oportunidad que cambiaría su recorrido. “Yo jugaba en el CEF 18 y en 2024 hice una prueba en San Martín. Ahí quedé con el ‘profe’ Jacinto Eusebio Roldán”, contó. Desde entonces comenzó a recorrer el camino de las inferiores del club con la ilusión de algún día llegar a la Primera.
En la cancha siempre se movió cerca del área rival. Generalmente se desempeña como centrodelantero, aunque también puede retrasarse algunos metros. En cuanto a sus características, se define como un atacante dinámico: rápido, con buena técnica y capacidad para encontrar espacios. “Creo que soy rápido, tengo buena técnica, me muevo bien y puedo definir”, aseguró.
El presente lo encuentra alternando partidos en Reserva con entrenamientos junto al plantel profesional. Robinson reconoce que el ritmo es exigente, pero también considera que la distancia con el nivel de Primera no es tan grande como podría imaginarse desde afuera. “No considero que haya mucha diferencia. El esfuerzo es parecido y tratamos de estar a la altura”, explicó. En ese proceso de adaptación, la convivencia diaria con jugadores experimentados se vuelve una fuente constante de aprendizaje. “Los más grandes siempre están para dar consejos. Darío Sand, Lucas Diarte, el ‘Tucu’ (Víctor) Salazar o Ezequiel Parnizari son muy buenos con nosotros”, señaló.
La mirada del DT
Andrés Yllana también sigue de cerca a los juveniles. Durante algunos entrenamientos suele observarlos en ejercicios reducidos para evaluar su evolución. “Siempre alienta mucho a los chicos. Es un gran técnico y una buena persona. Nos motiva mucho”, aseguró.
No obstante, detrás de su presente futbolístico también hay una historia personal atravesada por momentos difíciles. Robinson perdió a dos personas fundamentales en su vida: su abuelo y su padre. El primero fue quien lo llevó por primera vez a una cancha y lo acompañó en los inicios. “Mi abuelo fue el que me empezó a llevar a jugar a la pelota desde chico. Falleció hace tres años”, recordó. La pérdida de su padre había llegado antes, en 2019, producto de un accidente de tránsito. “Fue un golpe muy duro para toda la familia”, contó. En medio de ese dolor, el fútbol apareció como un refugio. “Es lo que me gusta. Me pone muy contento estar en una cancha y disfrutar lo que hago. Esa fue la razón para seguir”.
Hoy su familia está conformada por su madre y sus tres hermanas mayores, quienes siguen de cerca cada paso de su carrera. Durante la gira de pretemporada, los mensajes y el apoyo no faltaron. “Mi mamá y mis hermanas estaban muy contentas. Me mandaban todo lo que veían o las fotos que salían”, contó. Ese acompañamiento constante se transformó en un motor importante para sostener la ilusión.
Mientras continúa entrenándose con Primera, Robinson intenta vivir el proceso con calma. “Lo vivo con tranquilidad. Hay muchos jugadores, llegaron refuerzos y uno tiene que darlo todo en cada entrenamiento”, explicó. En paralelo también continúa con sus estudios de Administración de Empresas, una decisión que refleja la importancia de mantener un equilibrio entre el fútbol y la formación personal.
Aun así, cuando piensa en el futuro, la imagen aparece clara en su cabeza: una noche en La Ciudadela. “Me imagino poder entrar y hacer un gol o una buena jugada. Sería un sueño”, anheló.





















