FE. "Maravilla" Martínez siempre tiene a Dios presente y ahora dio un nuevo paso en su vida religiosa.
Adrián "Maravilla" Martínez, una de las figuras indiscutidas del Racing de Gustavo Costas, decidió formalizar su compromiso con la fe cristiana. En una emotiva ceremonia en la Comunidad Cristiana de Campana, el atacante recibió la bendición del consejo pastoral para iniciar su labor como pastor, un rol que desempeñará junto a su tío, Marcelo Falcón.
El vínculo de Martínez con la religión no es nuevo ni superficial. Su historia de redención es conocida en el ambiente del fútbol: fue bautizado por el pastor Juan Carlos Chevriau hace más de una década, mientras se encontraba privado de su libertad. Desde aquel momento, el goleador asegura que su vida cambió radicalmente.
"Uno no elige el llamado, sino que Él nos escogió desde el vientre de nuestra madre. Por más que uno le quiera esquivar o correr, Dios te termina llevando al propósito que tiene para tu vida", expresó el delantero durante su presentación.
A pesar de que su carrera profesional en la Academia continúa vigente, el delantero ya ha definido la hoja de ruta para su labor ministerial a través de un plan integral que contempla, como eje principal, la construcción de un templo en su propio predio para congregar a los fieles de su comunidad.
Esta misión, que refuerza el componente familiar de su vocación, será llevada adelante en conjunto con su tío Marcelo, consolidando un proyecto que se apoya en una sólida trayectoria de diez años dedicados a la predicación.
Esta experiencia, que se originó en pequeñas reuniones hogareñas y se expandió luego a nivel internacional, tiene como propósito último el servicio, la ayuda social y el pastoreo, con la intención firme de proyectar un testimonio positivo hacia la sociedad a través del compromiso religioso.
A sus 33 años, "Maravilla" atraviesa un presente deportivo brillante. Sin embargo, para él, el éxito en el fútbol es secundario frente a lo que considera su verdadera "regla de vida". El delantero cerró su mensaje afirmando que, si logra alcanzar a una sola persona con su prédica, todo el esfuerzo habrá valido la pena.






















