CONICET. En Mendoza, científicos desarrollan un proceso para transformar residuos de yerba en bioaceite renovable. / CONICET
En la Argentina la yerba mate está presente en la mayoría de los hogares y los residuos que deja diariamente suelen terminar en la basura sin mayor destino. Ahora, un grupo de científicos mendocinos encontró la forma de convertir esos restos en energía y materiales útiles, abriendo una puerta concreta para la economía circular.
La investigación, desarrollada en el Instituto de Biología Agrícola de Mendoza (IBAM, Conicet - Uncuyo), logró transformar residuos de yerba mate en bioaceite, un líquido con potencial para reemplazar parte del uso de combustibles fósiles y participar en cadenas productivas industriales.
Innovación desde el laboratorio mendocino
El proyecto, liderado por el investigador Martín Palazzolo, se basa en la pirólisis, una técnica que descompone biomasa en ausencia de oxígeno. A partir de este proceso se obtienen tres productos: bioaceite, gas combustible y biochar. Cada uno puede insertarse en sectores distintos: el gas alimenta el propio sistema, el biochar se estudia como enmienda para suelos y el bioaceite puede convertirse en un insumo para combustibles, plásticos, fragancias y aditivos alimentarios.
En Mendoza ya funciona una minirefinería experimental, capaz de separar fracciones del bioaceite y orientarlas al desarrollo de materiales para electrónica, envases biodegradables y componentes para la industria alimentaria. Según el Conicet, esta planta piloto aplica los principios de una refinería tradicional, pero reemplaza el petróleo por residuos agroindustriales.
CONICET. Lograron validar en laboratorio un proceso que convierte la yerba mate usada en bioaceite. / CONICET
El potencial detrás del consumo masivo
Entre enero y julio de 2025, Argentina consumió 161,87 millones de kilos de yerba, según el Instituto Nacional de la Yerba Mate.
Este volumen creciente no solo refleja un hábito cultural: también muestra la magnitud del residuo disponible para ser aprovechado por proyectos como este.
Biorefinerías para un modelo más sostenible
El equipo del IBAM trabaja bajo el concepto de biorefinería, una estrategia global que busca sustituir recursos fósiles con materia prima renovable sin perder eficiencia ni calidad. La pirólisis también sirve para valorizar otros desechos, como la poda de vid y residuos rurales.
Este enfoque permite reducir la dependencia del petróleo, minimizar la basura que llega a los vertederos y generar insumos con valor agregado. La investigación, publicada en Waste Management, posiciona a Mendoza como un nodo clave para las energías limpias y las biotecnologías aplicadas al agro y la industria.
Desafíos para escalar y oportunidades futuras
El paso de laboratorio a industria requiere inversión, alianzas y plantas específicas. Palazzolo remarcó que la Argentina aún debe recorrer un largo camino, aunque la experiencia acumulada en refinación de petróleo puede acelerar la transición hacia biorefinerías locales.
CONICET. En Mendoza, científicos desarrollan un proceso para transformar residuos de yerba en bioaceite renovable. / CONICET
La yerba mate posconsumo se suma así a otras iniciativas de biomasa, reforzando la visión del IBAM: integrar el gas, el biochar y el bioaceite a cadenas energéticas, agrícolas y químicas. Mendoza, impulsada por su ecosistema científico, avanza para transformar residuos en recursos y potenciar un desarrollo más sostenible.




















