Juan A. González - Doctor en Biología
El plan provincial de recuperación de caminos anunciado por el Gobierno de Tucumán representa una decisión estratégica para mejorar la conectividad productiva y social. No obstante, su impacto puede potenciarse si se incorpora una dimensión ambiental y laboral de largo plazo: la implantación y recuperación de arbolado en doble hilera a ambos lados de cada ruta intervenida, utilizando exclusivamente especies nativas y otras de crecimiento rápido para uso maderero.
Desde una perspectiva técnica, los beneficios son claros: estabilización de suelos, reducción de la erosión hídrica, regulación térmica, mejora del escurrimiento, captura de carbono y recomposición del paisaje rural. A ello se suma la generación de corredores biológicos, hoy fragmentados por décadas de intervención sin planificación ambiental.
Tucumán cuenta con una red de caminos secundarios y terciarios que puede estimarse en más de 2.000 kilómetros. Considerando una densidad moderada de plantación -un árbol cada 10 metros por lado- se requerirían aproximadamente 200 árboles por kilómetro, lo que representa del orden de 400.000 a 450.000 árboles para una intervención a escala provincial. Estos valores deberán ser ajustados por los organismos pertinentes.
La utilización de especies nativas de crecimiento medio y otras de valor forestal de crecimiento rápido permitiría que, con el correr de los años, parte de ese arbolado forestal pueda transformarse en madera para uso local (carpintería, mobiliario urbano, construcciones rurales), integrada a un esquema de manejo y reemplazo progresivo, donde cada extracción sea acompañada por nuevas plantaciones, evitando la pérdida del capital ambiental construido.
Este enfoque habilita la creación de viveros comunales y municipales y la generación de empleo verde sostenido en tareas de producción de plantas, plantación, riego, mantenimiento y monitoreo. En un contexto donde muchos tucumanos se ven obligados a emigrar de manera estacional -como trabajadores “golondrina”- hacia otras provincias por falta de oportunidades, estas acciones permitirían generar trabajo local y arraigo, reduciendo la migración forzada y fortaleciendo las economías del interior.
Pensar rutas con árboles nativos y otros de valor comercial no es una utopía: es una política pública técnicamente viable, ambientalmente responsable y socialmente transformadora. Invertir en rutas y árboles al mismo tiempo es invertir en futuro, trabajo y arraigo. Tucumán tiene el conocimiento, la mano de obra y el territorio para hacerlo posible.
















