Martín Rapallini
En medio del debate público por el rol de los grandes grupos económicos y la denominada “guerra de los tubos”, el presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), Martín Rappallini, salió a respaldar públicamente a Paolo Rocca, CEO del Grupo Techint, a través de una columna titulada “El progreso tiene líderes con nombre y apellido”.
El texto no solo funciona como una defensa puntual del empresario, sino como una toma de posición sobre el modelo de desarrollo que, según la UIA, necesita la Argentina: más empresas líderes globales, una burguesía industrial consolidada y un cambio cultural que revalorice socialmente a quienes producen, invierten y exportan.
Empresarios, marcas y prestigio internacional
Rappallini sostiene que los países que lograron altos niveles de ingreso per cápita, estabilidad y cohesión social comparten un rasgo central: la existencia de una clase dirigente empresarial fuerte, capaz de liderar la inversión, la innovación y la inserción internacional.
“Cuando se piensa en Alemania, Italia, Corea o Estados Unidos, aparecen automáticamente sus grandes marcas”, plantea el titular de la UIA, al remarcar que existe una relación directa entre el prestigio internacional de un país y la calidad de sus empresas. En ese sentido, las compañías líderes no solo producen bienes, sino que funcionan como cartas de presentación de la cultura industrial, la tecnología y la reputación nacional.
Grandes empresas y entramado PyME
Lejos de oponer grandes compañías y pequeñas empresas, Rappallini propone un modelo complementario: un núcleo reducido de empresas líderes —el “1%” que empuja escala, tecnología y exportaciones— junto a un amplio entramado de PyMEs, responsable del empleo territorial, la movilidad social y la capilaridad productiva.
Ese esquema, afirma, es el que se repite en las economías desarrolladas y requiere, además, de una cultura que valore al empresario como actor central del desarrollo, y no como una figura sospechosa o marginal.
Alberdi, la cultura industrial y el prestigio de producir
En uno de los pasajes más políticos de la columna, el presidente de la UIA recurre a Juan Bautista Alberdi para reforzar su argumento. Cita al pensador tucumano cuando sostenía que una nación moderna debía glorificar los triunfos industriales, ennoblecer el trabajo y rodear de honor a las empresas.
Para Rappallini, ese reconocimiento social sigue siendo una deuda pendiente en la Argentina y constituye una condición indispensable para abandonar modelos excesivamente estatistas y construir un capitalismo productivo y competitivo.
Paolo Rocca como ejemplo de liderazgo empresario
Es en ese marco donde aparece la figura de Paolo Rocca, a quien el dirigente industrial describe como un empresario comprometido, involucrado en el día a día de su compañía, con una fuerte cultura del trabajo, la disciplina y la mejora continua.
Rappallini destaca que, con más de 70 años, Rocca continúa recorriendo plantas, liderando equipos y dedicando largas jornadas a la gestión, una actitud que —según sostiene— explica por qué algunas empresas logran competir a nivel global y sostener cadenas de valor complejas.
Un modelo de desarrollo en disputa
La defensa del CEO de Techint se inscribe en una discusión más amplia sobre el rumbo económico y productivo del país. Para el titular de la UIA, la Argentina no puede aspirar a convertirse en una nación moderna y con movilidad social sin más empresas líderes globales, un sector privado fortalecido y una clase empresaria dispuesta a asumir el liderazgo del progreso.
“El desarrollo se hace con empresas”, concluye la columna, y detrás de ellas, con dirigentes que tengan nombre, apellido y vocación de construir a largo plazo.























