PACIENTE. Carme se sometió al trasplante de cara en Barcelona con resultados satisfactorios. asdf asdf
El Hospital Vall d’Hebron de Barcelona, en España, realizó en el último tiempo el primer trasplante facial del mundo con una donante que había accedido a la eutanasia. La intervención se llevó a cabo hace cuatro meses y permitió reconstruir la parte central del rostro de Carme, una paciente que había perdido funciones básicas como comer, respirar y hablar tras una grave infección bacteriana.
La operación tuvo un carácter histórico no solo por su complejidad médica, sino también por el origen de la donación. La donante había expresado de forma explícita su voluntad de donar su rostro, además de órganos y tejidos, un gesto que el equipo médico calificó como de extraordinaria generosidad.
Carme sufrió una necrosis facial severa que la obligó a vivir aislada durante años. El daño era irreversible y hacía imprescindible una intervención de alta complejidad. “No podía comer porque mi boca no se abría... físicamente era bastante desagradable y no podía hacer vida normal para nada”, relató la paciente, quien encontró esperanza en el Vall d’Hebron después de que otros profesionales le aseguraran que su caso no tenía solución, según consignaron en el diario AS y El Mundo.
En este tipo de cirugías participan cerca de cien profesionales de distintas especialidades. Durante la operación se trasplantan piel, músculos, nervios y estructuras óseas mediante técnicas avanzadas de microcirugía, con el objetivo de recuperar funciones esenciales y la anatomía del rostro.
El trasplante a Carme es el primero de la historia que se realiza de forma total, pero ya se habían hecho operaciones de este tipo de forma parcial. En 2006, por ejemplo, se le realizó a Isabelle Dinoire en el Hospital de Amiens (Francia) la primera de ellas. “El suyo fue parcial, pero marcó el punto de partida de una carrera científica para perfeccionar una complejísima intervención que, más allá de restituir la funcionalidad del rostro, atraviesa las entrañas de la identidad individual: la cara concentra la apariencia de uno y ayuda a construir la representación personal”, explica el diario El País de España.
Los especialistas remarcaron que el trasplante facial no es solo un desafío quirúrgico. La cara está estrechamente ligada a la identidad personal, por lo que se realiza una evaluación psicológica previa en la que se analizan la capacidad de adaptación del paciente, el apoyo familiar y el compromiso con el tratamiento posterior.
En el caso de Carme, el hecho de que la donación proviniera de una persona que había solicitado la eutanasia permitió una planificación anticipada y personalizada mediante tecnología 3D, lo que contribuyó a optimizar los resultados de una intervención considerada excepcional tanto desde el punto de vista médico como humano.





















