Con la renuncia de Marco Lavagna como jefe del Indec y las explicaciones contrapuestas del mismo con Toto, “alias el ilusionista”, aportan confusión a las tantas que nos generan ciertos funcionarios que viven en Narnia. Sobre todo para mantener la calma a un incierto rumbo que la gente acompaña pese a las tribulaciones a las que están sometidas. Explicaciones con tecnicismos dudosos que en la jerga popular son un misterio, nuestro termómetro es el bolsillo o la resignación para una mala calidad de vida, donde muchos no cubren los costos de sus remedios. Pero ciertamente en esto hay poca o nada de empatía en la sociedad, lo escucho en los periodistas oficialistas abonados y decir de toda aquellas persona que se atreven a observar el modelo es sospechado de kirchnerista, son los mismos que he escuchado que nada les importa el prójimo. El costo de mantener el control de déficit fiscal es alto socialmente hablando; hay sectores beneficiados, obvio son los menos operando para ellos mismos.
Roberto Rubén Sánchez
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