Los momentos posteriores al crimen de Érika Antonella Álvarez siguen sin poder resolverse totalmente. Los investigadores, como si se tratara de un rompecabezas, intentan encajar todas las piezas que figuran en el expediente. Lo único confirmado es que durante el miércoles 7 de enero, desde las 8 y hasta pasadas las 20, hubo mucho movimiento en el condominio de departamentos donde se habría registrado el crimen. Esa propiedad está rodeada de tapias que impiden ver lo que sucede en su interior.
Las imágenes de las cámaras de seguridad detectaron la presencia de Felipe “El Militar” Sosa, Justina Gordillo, José Luna -el dueño del departamento que alquilaba el acuaso- y por lo menos otros cuatro hombres que por el momento no fueron identificados. “Se los observó ingresando al complejo de departamentos de Santo Domingo al 1.100, dialogando entre ellos en la puerta de la casa del acusado e ingresando a esa vivienda”, detalló el fiscal Pedro Gallo.
Según la hipótesis que manejan los investigadores, Sosa habría pensado en colocar el cuerpo en el cesto de basura de la cuadra para que se lo llevara el recolector de residuos. Después, quizás por recomendación de esos supuestos colaboradores, habría colocado el cuerpo de Érika en la caja de una camioneta que tendría el logo de “Mundo Limpio”, una de sus empresas.
Rumbo desconocido
Ese vehículo partió pasadas las 20 del lugar con rumbo desconocido. En principio, se habría dirigido hasta el descampado de Manantial Sur, donde fue encontrado el cuerpo. ¿Quién era el conductor de la camioneta? Aún no está confirmado, pero se sospecha que podría haber sido Sosa o alguno de los empleados de la firma de la que era socio gerente.
En un recorrido que realizó ayer LA GACETA por esa cuadra, los vecinos rechazaron ser entrevistados. Sólo algunos señalaron que no habían observado nada extraño ese día.




















