De tortuga a liebre

La Justicia de Tucumán tuvo un regreso de la feria a los tumbos. La credibilidad sigue siendo una deuda con la sociedad. El reclamo del gobernador fue sal en la herida. La interna del PJ nunca descansa. Preocupaciones del mandatario provincial.

De tortuga a liebre
Federico Diego van Mameren
Por Federico Diego van Mameren 08 Febrero 2026

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Febrero suele ser la plataforma de lanzamiento de la política. El primero de marzo cuando se abre el debate legislativo dan “la voz de aura”. Todo cambia. El primer día, el gobernador le dijo a la Justicia -palabras más, palabras menos- que era una tortuga y que no trabajaba. Unas horas después el ritmo laboral del Poder Judicial mutó en liebre.

Fue un hecho inédito. Desde 1983 a la fecha hubo muchos enfrentamientos entre ambos poderes, pero siempre con los manuales que advierte la diplomacia comarcana. Osvaldo Jaldo fue con los códigos del barrio y en el Poder Judicial empezaron a trastabillar como boxeador groggy. Como si no tuvieran aire, sólo trataron cumplir con los reclamos de la esquina… de San Martín y 25 de Mayo. No hubo respuestas ni del presidente de la Corte ni del ministro Público Fiscal, Edmundo Jiménez.

Con la arena entre los ojos y las ojotas todavía puestas, el lunes que nunca jamás volverá la familia judicial llegó a Tribunales desesperada por defenderse. La pregunta es si los argumentos no terminaron jugándole en contra. Cada fiscal de feria que anduvo oteando la causa de Érika tenía una carga laboral inusitada. En la Feria el “Cuarteto del Caso Sosa” tuvo además que administrar otras cuatro fiscalías. Entonces cada fiscal manejó las unidades fiscales de Ejecución, Criminal, contra la Integridad Sexual, Homicidios, Decisión Temprana, todas al mismo tiempo. “Son demasiados”, se comentaba en los pasillos sin dar crédito a que sirviera de justificativo. Claro que la resolución del Ministerio Público Fiscal la había tomado Daniel Marranzino, el 18 de diciembre pasado en su calidad de ministro fiscal adjunto. La pregunta que queda flotando es si hubiera alguna queja o duda sobre ese organigrama está abierta la oficina de reclamos.

Ante la vergüenza del oprobioso comienzo de año la Justicia empezó a dar señales de acción. Pero actuar con esa desesperación se corre el riesgo de cambiar legitimidad por movimiento. El vértigo hace perder solemnidad, consistencia y fundamentación. La credibilidad no se recupera con velocidad.

La Justicia tucumana se desespera por mostrar otra imagen. Si quisiera adecuar su discurso al sesudo debate nacional la, “Señora de ojos vendados” podría presumir que compra su ropa afuera del país. O en todo caso hasta podría arriesgar que apuesta a la industria nacional utilizando la hipocresía opositora. Pero da lo mismo: cualquiera sea el alegato elegido la toga no puede disimular las rasgaduras.

En los manotazos de ahogado se terminó deteniendo a Justina Gordillo. Ella tenía un vínculo afectivo con el principal sospechoso de la muerte de Érika Álvarez, “El militar” Sosa. La mujer era, nada más ni nada menos, que empleada de la Corte Suprema de Justicia de la Provincia. Después de que se supo esto, no cuando se la buscaba, ni antes, reaccionó la Corte desplazando a la mujer. Como si el péndulo del equilibrio no encontrara el centro, por lo tanto marca el tiempo pero no el de esta época.

El amiguismo y los favores adeudados generan demasiadas desavenencias en la familia judicial.

La guerra fría

Durante la semana los poderes Judicial y Ejecutivo empezaron una guerra fría. Siguieron los pedidos de allanamiento y detenciones y las respuestas confusas. Hubo rechazos a detenciones en el caso de la violencia juvenil que terminó con jóvenes heridos y otros presos. Algunos procedimientos mostraron un despliegue operativo que podrían haber envidiado los marines que fueron en busca de Nicolás Maduro en la madrugada del 3 de enero pasado.

Las idas y vueltas de los organigramas y los cambios de incumbencias de los fiscales hicieron que haya un magistrado que le parezca importante para la investigación la moto en la que se habría movido “El Militar” y haya otro que considere irrelevante el vehículo. Para la sociedad la Justicia es una sola. No está diseccionada. Y lo peor es que un X (viejo tuit) o un posteo en cualquier red social toma más valor de verdad que la palabra de alguien de la Justicia.

Claro que hay episodios que corroboran este desprestigio. La ex esposa del “Militar” sufrió la violencia de este hombre que se responsabilizó hasta hace pocos días de cuidar el predio de La Hoya para la Municipalidad de Yerba Buena. La mujer se quejó con lágrimas cuando la Justicia no le llevó el apunte a sus denuncias de violencia contra Felipe Sosa. Y el juez que determinó eso expuso que no le quedaba otra posibilidad que desestimar esas acusaciones porque así lo disponía un dictamen del Ministerio Público previo. El magistrado no fue, precisamente, premiado por esa aclaración.

Ayer, cuando hasta los fantasmas tribunalicios se fueron a descansar, hubo algunos actores que descubrieron una gran preocupación para mejorar la imagen de la Justicia. Hay quienes propusieron incorporar al Ministerio Público a la doctora Soledad Deza, quien se ha destacado por su enjundia en causas polémicas, pero además, ha sido factótum de Belén, la película que mostró aberraciones provinciales sino también muchos dislates de la Justicia provincial y que fue aplaudida y vivada bajo las candilejas del espectáculo internacional. La versión de este posible nombramiento fue una grieta más en el pirinchesco ministerio. No faltaron los que consideraron buena la movida y los que se sintieron agraviados por la versión.

Bajo presión

Ayer también hubo reacciones críticas cuando fue puesto en libertad uno de los chicos que no se habrían comportado como chicos por las agresiones en Tafí del Valle. Los reclamos contra el Ministerio Público fueron porque el fiscal no se opuso al pedido de libertad que planteó la defensa. Entonces, ¿estaba de acuerdo o no con la detención?

Fue este caso en el que se metió la política. Una manifestación de concepcionenses salió a la calle para expresar su malestar con todo lo que venía ocurriendo. Uno de los que puso la cara fue el propio intendente de la “Perla del sur”.

Alejandro Molinuevo dejó su despacho de 9 de Julio 112 y salió a la calle. Confundido tal vez recurrió a la misma picardía que suelen tener los políticos, incluso el Presidente de la Nación. Dijo que estaba como ciudadano común y no como intendente. No ha nacido aún la persona que pueda ser dos personas a la vez. Hasta el Papa cuando adopta su nombre deja la identidad que le dieron a nacer. El intendente, aunque no quiera, sigue siendo intendente mientras dure su mandato. No puede dejar de serlo para convertirse en un superhéroe que se pone una capa y se transforma.

Cuando habló ante las cámaras que lo miraban como intendente lo hizo como tal. Escuchemos: “Cuando el Gobernador sale públicamente a decir que son patoteros y que van a ir a Benjamín Paz, condiciona al juez. Estoy convencido de que ese juez debía otorgar la libertad y continuar la investigación para determinar quiénes fueron los verdaderos responsables. No me cabe ninguna duda de que hubo presión política. Y no hay pruebas. La verdad siempre sale a la luz y esta decisión va a ser revisada”. Las palabras del lord mayor de Concepción no fueron discutidas y lo que desnuda es que la presión de la política tiene cabida y es aceptada. Flaco favor le hizo a la Justicia al desnudar su debilidad y desprestigio.

Exageraciones

Molinuevo también tuvo críticas sobre el proceder de la policía por sus exageraciones que muchas veces “juegan al fleje” -o se van fuera de la ley- como le gusta decir a Javier Gerardo Milei. Al intendente le molestó la violencia con la que entraron a detener a Santiago Bagne y a César Carreras. En enero los errores no forzados de la Policía se repitieron cuando detuvieron a un camarógrafo de LA GACETA mientras cumplía sus tareas.

Jaldo se apoya en las encuestas y ellas le dicen que la sociedad quiere otra actitud. Por eso ante los yerros mira para otro lado.

El mandatario provincial ha logrado un control político inusitado en la provincia. Tiene una sola preocupación: no quiere pasar a la historia como el gobernador peronista que cedió el poder ante la oposición. Por eso apenas escucha tronar una campana opositora sale desesperado a hacer oír su voz. Esta semana Lisandro Catalán apareció señalando la inutilidad de las comunas rurales y Jaldo se montó en cólera. En la Libertad Avanza huelen esa crispación y salen a la palestra a como dé lugar. No obstante, hay otra preocupación que desvela a la conducción del mileísmo tucumano: el diputado Mariano Campero. El radical desrradicalizado parece ser considerado más enemigo que Jaldo. Tal vez eso debería tranquilizar los nervios del gobernador. La oposición al menos hasta ahora sólo ha mostrado incapacidad absoluta para intentar cierta unidad.

“Contenciones”

Hay otros problemas internos que el titular del Poder Ejecutivo no puede descuidar en la interna de su unidad. El corte del cordón umbilical con el diputado Carlos Cisneros ha sido un alivio para ambos. Sin embargo, ha despertado el resquemor de algunos alfiles jaldistas. La designación de los interventores de la Caja Popular Guillermo Norry y Antonio Bustamante fue leída como un premio demasiado abultado para el ministro del Interior Darío Monteros. Las designaciones de extrapartidarios y los cafés con Germán Alfaro ayudan a alterar los nervios de muchos peronistas que trabajaron en la causa jaldista, especialmente en tiempos de la Guerra del Oflador.

Los detractores del hijo mimado del mandatario provincial se detienen en los bares aledaños a la Casa de Gobierno y muestran los decretos de nombramientos de asesores con rangos de secretario o directores de Estado del ministro. Los más avezados guardan la designación de Bustamante, quien fuera asesor de Monteros, pero hay otros que tienen carpetas más abultadas y sacan las designaciones de diciembre de 2023 y otras de seis días antes de que Jaldo congelara los nombramientos.

Este tipo de “contenciones” típicas e históricas del peronismo son uno de los “sambenitos” que carga el defensor del pueblo Eduardo Cobos. Le pesan tanto que aún está en duda en la posible re-designación como ombudsman. Por eso esta semana también ha comenzado la danza nombres. Hay un caballito de batalla con el que Jaldo asusta a todos aún cuando no lo nombra. Ese es el ex intendente Alfaro que aparece en cuanta vacante o debilidad surge en el Gobierno provincial. No falta quien menciona a Agustín Fernández quien se inmoló en su gestión como diputado nacional trabajando acertadamente con el gobernador. Jaldo aún estaría en deuda con el diputado saliente. En la Legislatura varios oficialistas miran con amor el sillón de ombudsman. Es que la tarea legislativa cada vez parece ser menos independiente.

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