Omar Hasan, entre la memoria y la reflexión: el legado de Los Pumas 2007 y su vínculo con Tucumán

Leyenda de Los Pumas, pilar derecho del histórico bronce en el Mundial de Francia 2007 y autor de un try inolvidable ante los galos, Omar Hasan reflexiona sobre su recorrido, el presente del rugby argentino y su relación profunda con la provincia.

Omar Hasan dio una entrevista a LA GACETA en la que habló de sus diversas aficiones. Omar Hasan dio una entrevista a LA GACETA en la que habló de sus diversas aficiones.

En Tucumán, Omar Hasan no es solo un nombre ligado al rugby. Es una referencia. Pilar derecho de Los Pumas, integrante del histórico equipo que logró el tercer puesto en el Mundial de Francia 2007 y autor de un try inolvidable en aquel partido ante el seleccionado local, su figura quedó asociada a una de las etapas más importantes del rugby argentino. Pero el paso del tiempo lo encontró lejos de la épica y más cerca de la reflexión, con una mirada amplia que mezcla experiencia, distancia y afecto.

Hasan volvió a la provincia después de ocho años. No lo hizo como una aparición ruidosa ni como un regreso programado para la nostalgia. Volvió porque había una deuda pendiente con el territorio donde se formó, con la familia, con los amigos, con ese pulso cotidiano que no se reemplaza con vuelos intercontinentales ni con agendas llenas. La última vez que había estado en Argentina fue justo antes de la pandemia, en Buenos Aires. Tucumán quedó en suspenso. Ahora, el tiempo acomodó las piezas.

“Fue justo antes del COVID que vine a Argentina, a Buenos Aires, pero no pude venir a Tucumán. Después, por distintas razones, no se dio. Así que estoy contento siempre de encontrarme con mi familia, mis amigos. Es lo que uno extraña y anhela. Este momento lo esperaba para reencontrarme con todos”, explicó en diálogo con LG Play. En esa frase se condensa el sentido del regreso: no hay cuentas que saldar, sino vínculos que retomar.

El viaje tuvo un motivo concreto. Hasan llegó al país como parte de un proyecto editorial ambicioso, de escala mundial, que lo tiene como protagonista y como gestor. Un libro que apunta a inmortalizar los rostros de quienes marcaron una época en el rugby internacional. “La primera razón fue un proyecto que se concretó con amigos franceses: un libro grande con vistas al Mundial de Australia 2027. Se llama Gueules du Rugby. Son fotos de ex rugbistas de distintas generaciones, con primeros planos donde se ven las marcas de las batallas rugbísticas”, contó. “Eso fue lo que me trajo a Argentina. Estuve 10 días en Buenos Aires y después aproveché la oportunidad de venir a Tucumán y quedarme un tiempo, como lo necesitaba”, dijo.

Homenaje sorpresa

Ese “quedarme” no fue un detalle menor. En Tucumán, Hasan bajó el ritmo. Caminó lugares conocidos, se encontró con afectos antiguos y volvió a ver rugby desde otro lugar. Presenció un partido de Tarucas y fue parte de un homenaje que no esperaba. “Cuando llegué, al día siguiente ya estaba viendo a Tarucas. Y me hicieron una sorpresa, un homenaje que no sabía que iba a pasar”, contó. La escena fue simple, pero significativa: reconocimiento sin sobreactuación, respeto mutuo, identidad compartida.

Hablar de Hasan es hablar inevitablemente de Francia 2007. No porque él insista en eso, sino porque ese Mundial sigue siendo un punto de inflexión para el rugby argentino. Aquel equipo de Los Pumas, que venció a los galos en el partido por el tercer puesto, dejó algo más que una medalla. Dejó una certeza. Y Hasan fue parte activa de ese momento, incluso con un try que todavía se recuerda.

Al ver las imágenes de aquel partido, la memoria le juega una trampa. “No me acordaba que había sido así la jugada. Siempre queda la acción del try”, admite. Luego aparece la historia interna, la que no se ve desde la tribuna. “Con el (Alberto Vernet) ‘Oso’ Basualdo siempre le digo gracias, porque me dejó hacer el try. Jugamos muchos años juntos en Toulouse”, recuerda. Hay humor, pero también una verdad esencial del rugby: nadie llega solo.

Ese partido tenía un valor especial para él. “Había programado ese partido como mi despedida. Imaginate ganarles a Francia y hacer un try. Para un pilar no es algo que pase seguido”, dice. No lo cuenta como una hazaña personal, sino como una rareza feliz. Los pilares no suelen ser protagonistas en las fotos. Su trabajo está en otro lado. Por eso, ese try quedó marcado como una excepción, como un regalo del juego.

Hambre de gloria

Hasan también se permite una lectura más amplia de lo que significó aquel Mundial. “Nuestro equipo tenía jugadores talentosos en todos los puestos y una conjunción de distintas generaciones. Llegar a 2007 fue eso: experiencia mezclada con hambre”, analiza. Hambre de reconocimiento, de validación, de pertenecer a la elite. “Estábamos hambrientos de demostrar que Los Pumas tenían un lugar en el rugby mundial. Jugábamos siempre desde la adversidad, incluso con una dirigencia que durante muchos años fue muy tumultuosa”, indica.

La épica, en su relato, no es gratuita. Está sostenida por procesos largos y complejos. “La gente recuerda el 2007, pero el proceso previo fue muy complicado. Ese tercer puesto fue la conclusión de todo ese camino”, afirma. Hoy, desde la distancia, observa un escenario diferente. “La estructura es mucho mejor. Los Pumas están mucho más organizados y ese es el paso que tenía que dar el rugby argentino”, sostiene.

Su mirada sobre el presente de Los Pumas rumbo al Mundial 2027 es optimista, pero medida. “Veo un equipo muy bien estructurado, con talento en todos los puestos. En los tres cuartos hay una complejidad enorme para elegir, porque hay jugadores excepcionales”, dice. Y suma un detalle que no pasa desapercibido. “Con orgullo tucumano, hay varios chicos de Tucumán que están brillando en el rugby francés”, señala.

Hasan sabe que los Mundiales no se ganan con proyecciones, sino con concentración y oportunidad. “En un Mundial nunca sabés hasta dónde se puede llegar. Yo espero al menos un tercer puesto y después, en un partido, todo es posible. Hay que estar concentrado un mes y medio y jugar el partido perfecto”, explica. También reconoce avances que su generación no logró. “Este equipo ya consiguió victorias muy importantes que nosotros no conseguimos. Es importante que cada generación deje su huella”, puntualiza.

El análisis se vuelve más profundo cuando habla de estructuras, desarrollo y profesionalización. Hasan pertenece a una generación de transición. “En mi época no había pladares, no había nada. Era una estructura apenas organizada, te juntabas a entrenar de vez en cuando”, recuerda. El profesionalismo posterior al Mundial 1995 fue un punto de quiebre para su carrera. “Yo sabía que tenía que irme a jugar al rugby profesional, porque era la manera de seguir evolucionando”, dice.

Desde esa experiencia, observa con buenos ojos la aparición de franquicias en Sudamérica. Considera que permiten ordenar trayectorias y evitar que los jugadores “anden dando vueltas por el mundo por dos mangos”. Pero también advierte que no alcanza con crear competencias: hay que generar interés, identidad y público. “Si los partidos no son interesantes, va a venir menos gente”, resume.

Rol dirigencial

Su reflexión no se queda solo en lo deportivo. Hasan apunta también al rol dirigencial. “El dirigente se tiene que formar. Tiene que viajar, interesarse, ver cómo funcionan otras estructuras deportivas”, plantea. No habla desde la crítica fácil, sino desde la convicción de que el crecimiento exige preparación en todos los niveles. “No es copiar lo que se hace afuera, es adaptarlo a un sistema amateur”, aclara.

Cuando el diálogo se mete en cuestiones técnicas, aparece el pilar. El scrum sigue siendo su territorio. Celebra los cambios reglamentarios que redujeron riesgos, pero advierte una pérdida de identidad. “Abandonamos un poco la tradición del trabajo del scrum. No es volver a lo de antes, es modernizar una técnica que conocemos”, explica. Para Hasan, el scrum no es solo una formación: es una escuela de técnica, coordinación y carácter. “La reputación del pilar argentino se construyó ahí. Y en parte se perdió porque se dejaron de trabajar ciertos detalles”, dice.

Pero Hasan no vive solo del rugby. En Francia desarrolló otra faceta que también lo define. Hace más de 10 años es artista profesional. Tiene espectáculos de tango, ópera y música francesa, y un show autobiográfico llamado Bel Canto, donde mezcla humor, actuación y canto. “Ahora estoy trabajando en un nuevo proyecto de música, con un 80% de música francesa. Es un gran desafío porque no hay margen para equivocarse”, cuenta.

Esa dualidad -rugby y arte- no es una contradicción. Es una continuidad. Hasan entiende ambas disciplinas como formas de expresión y de trabajo colectivo. También lleva adelante conferencias para empresas y charlas en clubes amateurs, siempre con el objetivo de tender puentes entre mundos que, a simple vista, parecen distintos.

“Voy a venir más seguido y siempre estoy a disposición para ayudar al rugby tucumano y al rugby argentino”, asegura. No lo dice como una promesa grandilocuente, sino como una consecuencia natural de su regreso. Hasan volvió a Tucumán con la tranquilidad de quien ya escribió páginas importantes de su historia, pero también con la intención de seguir aportando.

El tiempo lo corrió del centro de la escena, pero no lo alejó del juego. Hoy mira, analiza, canta, escribe, acompaña. Y en ese equilibrio, Tucumán aparece como un lugar clave. No como un punto de partida ni como un destino final, sino como un sitio al que siempre se puede volver. Ocho años después, Omar Hasan regresó sin apuro. Y en ese gesto sencillo, encontró algo que el rugby, los escenarios y los libros no siempre garantizan: pertenencia.

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