El Frigorífico Pico notificó el despido de 194 trabajadores en sus tres establecimientos ubicados en la provincia de La Pampa. Esta medida se produce luego de un periodo de inactividad que comenzó a fines de enero con la suspensión total de su personal. Las desvinculaciones afectan a 156 empleados en la planta de General Pico, 30 en Trenel y 8 en Arata.
La crisis de la firma se hizo pública a finales de enero, cuando se anunció la paralización casi total de sus operaciones y la suspensión de 450 trabajadores. Ahora, el impacto del fuerte achicamiento de la empresa no sólo afecta a sus empleados directos sino también a la cadena de valor regional, incluyendo a productores, transportistas, comercios vinculados a la actividad y a la propia vida económica de General Pico.
Según argumentaba la compañía, la faena diaria sufrió una merma tal que impedía el normal funcionamiento de la estructura operativa. Pero además, Frigorífico Pico presenta un pasivo que supera los 30.000 millones de pesos.
Los despidos actuales fueron comunicados a través de telegramas enviados a los domicilios de los operarios. En las notificaciones, la empresa invocó el artículo 247 de la Ley de Contrato de Trabajo, el cual permite el pago del 50% de la indemnización correspondiente cuando el despido se justifica por razones de fuerza mayor o falta de trabajo debidamente comprobada. Se espera que el pedido empresario sea judicializado.
La historia de Frigorífico Pico está ligada al ADN de la industria cárnica argentina. Sus actuales propietarios, la familia Lowenstein, fueron los fundadores de Quickfood y los creadores de Paty, la marca de hamburguesas más emblemática del país. Tras desprenderse de aquella firma en favor del grupo brasileño Marfrig, los Lowenstein concentraron sus operaciones en la planta pampeana de Pico. Es por eso que, a pesar del vínculo histórico, hoy no existe relación legal ni comercial entre el frigorífico en crisis y la marca Paty.
El contexto
Según los datos oficiales de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca, en los últimos años el consumo per cápita anual de carne vacuna en Argentina alcanzó un máximo de 52,72 kg en 2023, la cifra descendió a su punto más bajo en 2024 con 48,49 kg, para luego registrar una recuperación parcial en 2025, situándose en 49,92 kg.
Por otro lado, según datos del Indec, las exportaciones de carne vacuna cayeron un 7,3% en volumen durante el año 2025. En el caso de la crisis del frigorífico Pico, la empresa subrayó el impacto de la finalización del convenio de exportación con China, el retiro de los subsidios estatales a la energía y el impacto de la devaluación de diciembre de 2023.
El caso del sector cárnico, de todos modos, se inserta en un cuadro muy complicado para las actividades productivas en el país, que enfrentan un combo de caída de demanda, fuerte suba de costos, encarecimiento de los precios en dólares, freno de la obra pública y mayor competencia importada.
De acuerdo a los datos del CEPA, a lo largo de la gestión Milei se acumula la baja de 21.046 empleadores registrados, lo que representa un promedio alarmante de 30 empresas que dejaron de operar cada día. El 99,6% de los cierres corresponden a unidades de hasta 500 trabajadores.
La desaparición de estas unidades productivas se tradujo en una hemorragia laboral que ya supera los 281.000 puestos de trabajo formales destruidos, con una caída del empleo registrado del 2,8%.



















