"Ojalá logren el ascenso": la historia del capitán de Tucumán Central contada por su padre

Juan Simón Barrera viajó con su nieta Delfina para acompañar al capitán de Tucumán Central en una final que puede marcar el cierre de una carrera construida a base de experiencia, sacrificio y golpes personales.

La familia de Barrera está lista para disfrutar el partido. La familia de Barrera está lista para disfrutar el partido. Federico Santilli/LA GACETA.
Hace 2 Hs

En la previa de una jornada que puede quedar grabada para siempre, Juan Simón Barrera camina con la ansiedad lógica de un padre que ya vio mucho fútbol, pero que todavía se ilusiona como el primer día. A su lado, su nieta Delfina completa la escena familiar que acompaña a Franco Barrera, capitán de Tucumán Central, que esta tarde jugará la final por el ascenso frente a General Paz Juniors.

“Estoy bien, esperando que llegue el momento y puedan ascender. Eso es lo que más quiere uno”, cuenta Juan Simón, con la voz entre la calma y la esperanza. Sabe que no es una oportunidad más. Franco tiene 36 años y atraviesa los últimos capítulos de su carrera. “Ojalá se le dé hoy. Puede ser el último ascenso”, desliza.

No sería el primero. Barrera ya festejó ascensos con San Jorge y con Juventud de Tafí Viejo, en otras categorías, pero el partido de hoy es especial. Su trayectoria también incluye pasos por San Martín desde los 12 años, San José hasta los 18, y luego San Jorge a los 21. Más tarde emigró a Mitre de Santiago del Estero y recaló en Sportivo Guzmán, donde terminó de explotar. Primero como lateral por derecha, después como marcador central, decisión que tomó el “Negro” Guerrero y que terminó de moldear al capitán que hoy lidera a Tucumán Central.

La experiencia es su bandera. “Ya tiene muchos años, mucha experiencia. Y como persona es muy buen compañero. Siempre apoya a los más chicos”, destaca su padre. En un plantel que, según describe, es muy unido, Franco asumió el rol natural del referente que guía y ordena.

El fútbol atraviesa a la familia. Juan Simón también jugó, aunque lejos de las grandes ligas. Fue volante central en Belgrano, en el departamento Graneros. “Él no me vio jugar. Cuando empezó a los 12, yo jugaba en veteranos en San José”, recuerda.

Pero no todo fue celebración en los últimos tiempos. Hace ocho meses, la familia sufrió la pérdida de Gerardo Antonio Barrera, hijo mayor de Juan Simón, de 42 años. Un golpe durísimo que también acompaña este presente. Quizá por eso el deseo del ascenso tiene un significado aún más profundo.

Hoy, con Delfina y la ilusión intacta, Juan Simón espera que el fútbol le regale a Franco un final a la altura de su recorrido. Porque más allá de los títulos, lo que defiende el capitán es una historia de perseverancia, familia y amor por la pelota.

Tamaño texto
Comentarios
Comentarios