El amanecer del “Rojo”: Tucumán Central vivió su fiesta hasta casi el mediodía

De Catamarca hasta Villa Alem, los hinchas celebraron el histórico triunfo en los penales. Entre lágrimas, camperas heredadas y el cansancio de una noche sin dormir, el barrio recibió a sus héroes y festejó con ellos.

HASTA EL FINAL. Sebastián Herrera, Álex Brito y Víctor Escobar estuvieron en Catamarca, festejaron toda la noche y fueron los últimos en irse de la puerta del club. HASTA EL FINAL. Sebastián Herrera, Álex Brito y Víctor Escobar estuvieron en Catamarca, festejaron toda la noche y fueron los últimos en irse de la puerta del club.
Hace 1 Hs

A las 11 de la mañana, la calle La Plata era el último refugio de una noche que se rehusaba a morir. Mientras la luz del sol empezaba a molestar, un grupo de hinchas de Tucumán Central todavía custodiaba la puerta del club, cargando en el cuerpo el cansancio del viaje a Catamarca y la adrenalina de un ascenso que se hizo esperar hasta los penales. La fiesta, que comenzó en la vecina provincia y se trasladó a la sede pasada la medianoche, mezcló el logro deportivo con historias de vida que explican por qué el club es, para muchos, el patio de su casa.

Tras la épica victoria en una final que tuvo en vilo a todo el fútbol tucumano, el plantel y la hinchada regresaron a la provincia cerca de las 2 de la mañana y se fundieron en un festejo que se extendió hasta bien entrado el lunes, marcando el punto más alto de un ciclo de años de alegrías constantes para la institución.

En su punto álgido, la fiesta tuvo la presencia de más de 400 personas, que se quedaron hasta el amanecer. Incluso, la calle continuó cortada hasta pasadas las 8 de la mañana.

Los rezagados

Entre los que se quedaron hasta el final estaba Víctor Ismael Escobar. El hombre, que llegó a jugar en las inferiores como lateral izquierdo, representa ese sentido de pertenencia heredado de su padre, Víctor Rubén, quien también defendió la camiseta del “Rojo” en Primera y a su vez también había continuado la pasión familiar. “La campera que tengo puesta era de mi abuelo, que falleció; él era masajista del club y yo la agarré como cábala: la llevé a Perico y ahora a Catamarca”, cuenta emocionado. Para él, llevar esa prenda a todos lados es una forma de mantener viva la historia de su familia dentro de la cancha.

En otro rincón de la vereda, Sebastián Herrera ponía la cuota de picardía y reclamo, criticando entre risas el operativo policial al sugerir que los efectivos parecían ser hinchas de Amalia por no dejarlos festejar tranquilos y obligarlos a despejar la calzada. Por su parte Álex "Tito" Brito, un referente de la hinchada de 37 años recuerda que supo ser el "9" de la clase 89 y hasta se dio el gusto de marcar un gol en la cancha de San Martín. Juntos aseguran seguir al "Rojo" desde la cuna, y coincidieron en que la barriada está feliz porque el equipo jugó con el corazón.

Un poco más allá, en silencio, como repasando todo lo vivido en una jornada inolvidable, Rubén Cabocota afirma que hasta ahora no se cansó de celebrar: “El viaje a Catamarca fue hermoso. Estuve aquí hasta las 4, me fui a dormir y ahora volví para seguir festejando”.

DESCANSAR Y SEGUIR. Rubén Cabocota cortó a las 4 de la madrugada, pero unas horas después regresó para seguir con el festejo. DESCANSAR Y SEGUIR. Rubén Cabocota cortó a las 4 de la madrugada, pero unas horas después regresó para seguir con el festejo.

Y ensaya unas palabras hacia los protagonistas de la hazaña que son las que siente todo el barrio: “Muchas gracias, muchas gracias porque desde hace más de un año que nos vienen dando alegrías. Tengo solo palabras de agradecimiento para los muchachos, para los directivos y para todos los que hicieron esto posible”.

Con el ascenso consumado, la mirada ya está puesta en el futuro inmediato y en el desafío del Federal A. Rubén ya piensa en el mañana: “Espero que se pueda mantener la base del equipo y buscar cuatro o cinco refuerzos de jerarquía para seguir peleando por todo”.

Una resaca de paz

Entre los restos de pirotecnia, la figura de Ernesto Fernández aportaba una cuota de realidad a la mañana. Vecino de la zona, Ernesto se encargaba de limpiar la vereda frente a su casa mientras observaba el movimiento con una mezcla de cansancio y alivio.

Aunque su preocupación inmediata era la limpieza del lugar tras muchas horas de fiesta, no dudó en destacar el comportamiento de la gente: "Yo solo recibí al equipo y me metí en mi casa, pero todos se portaron muy bien, no hubo ninguna pelea ni nada raro", comentó. Para él, la sensación que quedó flotando en el aire no era de desorden, sino de calma. "Hoy toda la zona está tranquila, como con resaca, disfrutando el silencio después de tanta emoción", añadió, sintetizando el sentimiento de una Villa Alem que, tras el estallido, finalmente empezaba a bajar las pulsaciones.

LIMPIEZA. Ernesto Fernández se ocupó de la higiene luego de la fiesta, aunque destacó el buen comportamiento de todos los hinchas. LIMPIEZA. Ernesto Fernández se ocupó de la higiene luego de la fiesta, aunque destacó el buen comportamiento de todos los hinchas.

Con el sol del mediodía ya firme, los alrededores del club finalmente comenzaron a recuperar su normalidad, aunque la sensación de victoria tardará mucho más en disiparse de las esquinas. Tucumán Central no solo cerró una noche histórica por el ascenso, sino que ratificó ese sentido de pertenencia que une a las generaciones, desde los que guardan una campera como un tesoro familiar hasta los que ya sueñan con ver al club compitiendo en la máxima categoría del Consejo Federal. La fiesta terminó en paz, con la tranquilidad de un barrio que ahora, tras una noche para el recuerdo, empieza a procesar que el próximo capítulo de su historia ya está en marcha.

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