Luis Medero anotó el 3-1 frente a Platense.
La muerte de Marcelo Araujo volvió a poner en primer plano muchos de los momentos que marcaron su carrera. Entre relatos memorables, frases inolvidables y una forma distinta de contar el fútbol, hay uno que quedó grabado para siempre en la memoria del público: el día en que gritó un gol de Boca y, fiel a su promesa, abandonó la transmisión en plena televisión.
El episodio ocurrió durante el Torneo Apertura de 1992, en un partido correspondiente a la 18ª fecha. Boca enfrentaba a Platense en la cancha de Independiente en un contexto de presión deportiva. El equipo de la Ribera llegaba golpeado tras una derrota inesperada ante Deportivo Español y necesitaba volver al triunfo.
El partido parecía encaminado desde el primer tiempo. Boca se fue al descanso con una ventaja de 2-0 gracias a los goles de Sergio “Manteca” Martínez y Gabriel Cabañas. Sin embargo, el encuentro volvió a ganar tensión en el complemento cuando Baena descontó para Platense a los 37 minutos con un potente remate que dejó sin reacción a Carlos Navarro Montoya.
Con el marcador 2-1 y el público xeneize alentando con el clásico “Boca, Boca, Boca… huevo, huevo, huevo”, llegó la jugada que terminaría entrando en la historia del fútbol televisado argentino.
Boca movió desde el medio y la pelota terminó en los pies de Luis Medero, un juvenil de apenas 19 años que estaba dando sus primeros pasos en Primera. El defensor arrancó una corrida memorable: primero dejó en el camino a Cristian Cascini, luego a Hugo Mayo y finalmente al propio Baena antes de meterse en el área.
Mientras la jugada avanzaba, Marcelo Araujo comenzó a construir uno de los relatos más recordados de su carrera.
“Seis minutos veinte segundos le quedan al partido. Boca está ganando 2-1. Se viene Medero, Medero, Medero, Medero… si lo hacés, me voy”, lanzó el relator mientras el juvenil avanzaba hacia el arco rival.
La promesa parecía una exageración típica de su estilo, pero segundos después la escena quedaría sellada para siempre. Medero definió ante el arquero Moriconi y convirtió un verdadero golazo.
Entonces llegó el grito final de Araujo: “¡Mederoooo… gooooooooooooooooooooool de Boca! Luis Adrián Medero. Basta para mí, ¿eh? Señoras y señores… buenas noches”, indicó. Y cumplió.
Tal como había prometido al aire, el relator abandonó la cabina y se retiró de la cancha antes de que terminara el partido. La transmisión tuvo que continuar con Walter Nelson, que se encontraba en el campo de juego realizando tareas de apoyo y terminó relatando los últimos minutos para la televisión.
La escena, mezcla de humor, espontaneidad y teatralidad, sintetizó el estilo que convirtió a Araujo en una figura única del relato deportivo argentino.
El partido quedó como una curiosidad televisiva, pero también como parte de un momento importante en la historia de Boca. Una semana después, el equipo dirigido por Óscar Washington Tabárez se consagraría campeón del torneo al vencer a San Martín de Tucumán con un gol de otro juvenil que también quedaría en la memoria "xeneize": Claudio Benetti.
Décadas después, aquel relato sigue circulando en compilaciones y redes sociales como uno de los momentos más singulares del fútbol argentino. Hoy, tras la muerte de Marcelo Araujo, vuelve a escucharse como un recordatorio del estilo irreverente, popular y apasionado de un relator que cambió para siempre la forma de contar los partidos.





















