PRIMER FESTEJO. Tras el empate en la primera fecha contra Patronato, San Martín se hizo fuerte jugando lejos de casa. Matías Napoli Escalero, especial para LA GACETA
Un triunfazo, por las formas y las circunstancias. San Martín se llevó del estadio “Tres de Febrero” tres puntos que valen su peso en oro. El 1-0 sobre Almagro da cuenta de una versión muy mejorada del equipo de Andrés Yllana en relación con el que igualó en la primera fecha en La Ciudadela ante Patronato. En José Ingenieros, hubo funcionamiento, rendimientos individuales destacados y muestras de carácter propias de un equipo con pretensiones, más allá de las limitaciones exhibidas por el “Tricolor”.
El gol de Nicolás Ferreyra cambió la historia. El acierto de esa jugada de pelota parada, con la cobranza de Benjamín Borasi y el cabezazo solo de toda soledad del “Fosa” puso el partido patas para arriba. Porque potenció la autoconfianza de la visita, que se convenció que lo que había venido a buscar a la casa de Almagro estaba más al alcance de la mano de lo pensado en la previa. Y porque los jugadores locales sintieron el impacto de un estadio que no salió del trauma hasta promediada la primera etapa.
El conjunto de Yllana echó mano de varias virtudes para sostener el cero en su arco. Principalmente, la presión alta, la disciplina de todos para pelear por cada pelota. El doble “5” (o hasta triple “5”, mientras Matías García duró en cancha) rindió sus frutos. Y Ferreyra y Ezequiel Parnisari fueron columnas atrás. Y los laterales, en particular Víctor Salazar, clausuraron las bandas.
Con todo, Almagro pudo firmar el empate antes del entretiempo. En un par de jugadas sucias, bien resueltas por Darío Sand, y porque Tiziano Dornell acertó con el balón al palo una vez que dejó desparramado por el piso al arquero “santo” (al que acto seguido el árbitro Juan Cruz Robledo le cobró retención, sancionando córner para el “Tricolor”) en el cierre de la etapa.
Pero también San Martín pudo irse al vestuario con una ventaja duplicada. Porque Laureano Rodríguez y Borasi horadaron las resistencias del anfitrión por el sector derecho, y Alan Cisnero, que hizo toda la banda izquierda, supo también desequilibrar. La tijera de Facundo Pons que atajó en gran forma Emiliano González.
El equipo dirigido por Gabriel Gómez salió a jugar el complemento con más ahínco. Pero sus hinchas se dieron cuenta que más allá de los cambios dispuestos por el entrenador, cuando el reloj marcó la hora de juego, la visita estaba más cerca de sentenciar la historia que el anfitrión de dar vuelta la historia. Por eso, algunos comenzaron a entonar el clásico “movete Almagro, movete”.
Sin embargo, no hubo despertador que sacudiera lo suficiente al “Tricolor”. Más allá de alguna aproximación, la sensación inequívoca en José Ingenieros fue en todo momento que se estaban enfrentando dos equipos con diferente peso específico. Y en ese contexto, San Martín supo pararse como el equipo “grande”, el que viaja a rodeo ajeno sabiéndose candidato por derecho propio y por historia.
El "Santo" tuvo un par de chances para estirar la ventaja, pero falló
Es verdad que la falta de eficacia de Almagro ayudó y mucho a llegar al final casi sin sobresaltos. Es más, Diego Diellos y Gonzalo Rodríguez tuvieron en sus botines una doble chance inmejorable, y Jorge Juárez tuvo otra para profundizar el daño al rival y tranquilizar a los hinchas de San Martín que sufrían a distancia la estrechez en el resultado.
Como sea, cuando Robledo pitó el final, enseguida después de expulsar al local Gonzalo Asis, los de rojo y blanco acá y allá festejaron. Y a la hora de leer las señales, se predispusieron a vivir una noche de sábado en paz.




















