FUNCIONARIO. Darío Monteros, ministro del Interior.
El escenario político tucumano experimentó un fuerte cierre de filas en torno a la figura de Osvaldo Jaldo. Luego de que los diputados del bloque Frente Tucumán Primero facilitaran el debate de la Reforma Laboral en el Congreso el pasado 19 de febrero, los principales referentes del peronismo local lanzaron una contraofensiva discursiva contra la dirigencia nacional y el sindicalismo del AMBA, marcando una ruptura conceptual sobre cómo debe conducirse el movimiento en el interior del país.
El legislador Gerónimo Vargas Aignasse fue el encargado de fijar la postura más institucional y doctrinaria del espacio. A través de una declaración pública, sostuvo que “el peronismo tucumano no recibe órdenes, recibe mandatos” y que ese mandato fue otorgado por el pueblo con su voto. Vargas Aignasse defendió el rol de los diputados nacionales del Frente Tucumán Primero, subrayando que actuaron con “responsabilidad institucional” al dar quórum y que la democracia se fortalece con instituciones funcionando, no con “presiones corporativas” ni intentos de disciplinamiento político.
Esta visión de autonomía es compartida por la “infantería” territorial del jaldismo. El ministro del Interior, Darío Monteros, reforzó esta línea apelando al realismo político y a la necesidad de resultados tangibles por sobre los relatos. “El peronismo nunca fue un partido de la comodidad moral; fue, es y debe seguir siendo un movimiento pragmático, nacional y profundamente popular”, disparó Monteros. El dirigente destacó que Jaldo fue elegido para gobernar a más de dos millones de tucumanos y que, para volver a ser alternativa nacional en 2027, primero hay que ganar elecciones y gestionar con orden, tal como se hace en la provincia, evitando las “internillas” que hoy paralizan al PJ nacional.
Desde la trinchera de la gestión directa, Armando “Cacho” Cortalezzi, actual administrador general del Ente de Infraestructura Comunitaria, aportó la visión más cruda sobre la supervivencia financiera y social de la provincia en un contexto de asfixia. Cortalezzi justificó las “difíciles decisiones” de Jaldo como un acto de protección hacia los trabajadores locales ante la falta de recursos y los “aprietes” del gobierno central. “No será menos peronista el gobernador porque las circunstancias obligan a defender y proteger a millones de tucumanos”, afirmó el funcionario, quien ponderó que, pese a la adversidad, Tucumán mantiene la paz social, la salud y la seguridad en pie.
Según Cortalezzi, el pragmatismo de Jaldo es la única vía para “llegar a la luz” al final de un túnel que hoy se presenta estrecho para las economías regionales. Bajo su mando en el Ente, la instrucción de “hacer más con menos” se ha vuelto una bandera de supervivencia institucional. Su respaldo refuerza la idea de que la gestión territorial no puede quedar supeditada a discusiones ideológicas alejadas de las necesidades urgentes de infraestructura y empleo que demanda la provincia.
Esta articulación discursiva entre Vargas Aignasse, Monteros y Cortalezzi deja un mensaje claro hacia el Puerto: el peronismo de Tucumán ha decidido priorizar la gobernabilidad y el federalismo de gestión por encima de las consignas ideológicas que emanan de Buenos Aires.























