Alberto Lebbos: “Hace 20 años que sé quién mató a Paulina y el Estado lo protege”

El padre de Paulina habla a 20 años de un crimen que conmocionó a la provincia. Cómo era su hija, los sospechosos y la impunidad.

Alberto Lebbos, durante una entrevista en LG Play. Alberto Lebbos, durante una entrevista en LG Play.

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El 26 de febrero de 2006 Paulina Lebbos, una joven estudiante de Comunicación, desapareció tras una salida con amigos en la zona del Abasto. Semanas después, su cuerpo fue hallado a la vera de la ruta en Tapia, en medio de un escenario manipulado que, según su padre, Alberto Lebbos, fue el inicio de una maniobra de encubrimiento institucional que involucró a las más altas esferas del gobierno provincial y las fuerzas de seguridad. Tras dos décadas de lucha, Alberto reconstruye los momentos más desgarradores y las certezas que sostiene sobre los responsables de la muerte de su hija.

Hablanos de Paulina...

Paulina fue nuestra última hija. La quinta. Venía en un momento muy especial porque después de mi cuarta hija, mi esposa perdió un embarazo espontáneamente y fue muy penoso. A un hijo se lo espera con todas las ansias, con todas las expectativas y después mi esposa quedó embarazada de nuevo. Y nació Paulinita con la emoción de todas las hermanas, de toda la familia. Era la menor, la más mimada. Ella siempre estaba pensando en los demás desde chiquitita. Era puro desprendimiento. Le gustaba mucho actuar en los cumpleaños, las fiestas familiares.

¿Cómo era como hija?

Nunca me dio un disgusto. Era buena alumna, muy responsable, muy estudiosa. Estudiaba Comunicación Social, soñaba con ser periodista. Le gustaba escribir poesía. En casa siempre hubo libros, siempre fomentó la lectura. Paulina era muy amiguera, muy familiera.

¿Hubo algo que te preocupara antes de su muerte?

Sí. La relación que había establecido con César Soto. La conoció en la escuela de Comercio, quedó embarazada siendo adolescente y decidió tener a su hija con nuestro apoyo total. Él decía tener una enfermedad cardíaca grave y Paulina, con esa característica que tenía de “chiquita ambulancia”, se hacía cargo de todo. Con el tiempo vimos que no mostraba ningún afán de progreso, ni de trabajo, ni de responsabilidad.

¿Ella te hablaba de esa relación?

Sí. Me acuerdo de una charla en el parque, con su hijita corriendo alrededor. Ella ya me decía que estaba en un proceso de separación, pero quería ayudarlo, quería rescatarlo como padre de su hija. Así era Paulina.

¿Qué pasó ese 26 de febrero?

El sábado 25 de febrero, un ratito antes de las 12 de la noche, hablé por teléfono con Paulina. Ella ya había comentado que iba a salir con la amiga, con la compañera, con Virginia. Y sabíamos nosotros de la relación de ella de amistad y ella me dice que salía esa noche y yo le preguntaba si necesitaba algo. Bueno, una conversación común y corriente. Estaba contenta. “Bueno, que la pasen bien, que se diviertan, cualquier cosa que necesiten me avisan”. Esa fue la última conversación.

¿Cuándo empezaste a preocuparte?

Cuando no volvió. Lo primero que hice fue llamar a Virginia Mercado, que era su amiga. Ella me dio la versión que todos conocemos: que se habían separado, que Paulina se había ido a encontrarse con Soto. Yo le creí. No tenía por qué no creerle.

¿Qué hiciste entonces?

Fui a hacer la denuncia. En el camino me crucé con el jefe de Policía y el secretario de Seguridad. Me dijeron que vaya a la regional. Así quedó asentada la denuncia, la foja uno del expediente. Al día siguiente llevé yo mismo a César Soto a la Brigada de Investigaciones.

¿Vos lo llevaste?

Sí. Fui a su casa, subió al auto y lo llevé. Le dije al jefe de la Brigada: “Este es el principal sospechoso”. Lo tuvieron una hora y media y lo largaron. Yo no entendía nada. Después me enteré que lo podían haber retenido hasta diez días. Lo dejaron ir. Hace 20 años que sé quién mató a Paulina y el Estado lo protege.

¿Qué sentiste en ese momento?

Desesperación. Bronca. Yo pensaba que mi hija podía estar viva. Y veía cómo se desperdiciaban horas clave. Hoy sé que no fue torpeza: fue decisión.

¿Cuándo te avisan que habían encontrado un cuerpo?

Me llama el fiscal y me dice que había aparecido un cuerpo en la zona de Tapia. Fuimos. Cuando llegamos era un desastre. No había cintas, la gente caminaba por todos lados. Vi una autobomba de bomberos en un lugar donde estaba lloviendo. Todo era irregular. El sábado yo había tenido una pelea con César Soto porque se había ido borracho o drogado a hacer problemas en mi casa.

¿Reconociste a Paulina?

Primero vi su codo. Yo la bañaba cuando era chica. Después vi su cabeza sin cabello. No lo quería aceptar. Hasta que no se hiciera el ADN yo decía que no era ella, pero sabía que era mi hija.

¿Qué irregularidades notaste en ese momento?

Querían levantar el cuerpo rápido. Limpiar la escena. Hubo una discusión muy fuerte porque lo querían llevar sin preservar nada. Eso no fue casual. Se acerca (Hugo) Sánchez, jefe de policía, y me dijo después de un acting así payaso como era, tirado a histriónico: “Después de un intenso rastrillaje, la policía encontró un cuerpo. Esperemos que no sea de Paulina”. Sabían que era Paulina. Querían levantar el cuerpo inmediatamente y llevarlo de ahí. Parece que querían lavar. Querían limpiar la escena.

¿Ahí empezaste a hablar de encubrimiento?

Sí. Después vinieron los rastrillajes falsos, las mentiras, las reuniones secretas. Yo empecé a darme cuenta de que había una estructura trabajando para tapar lo que había pasado.

¿Cómo fue tu propio proceso de búsqueda de Paulina?

Es terrible porque vos salís de tu casa y decís, ¿a dónde la voy a buscar? Entonces la Policía me decía que estaba buscando y ya en determinado momento me instalé en la Brigada de Investigaciones porque digo si surge algún dato, aquí va a ser donde primero se van a enterar. La brigada de investigaciones era un caos. Todos gritaban. Vos primero pensás que son todos unos inútiles y después te das cuenta que no son ningunos inútiles, que todo es hecho a propósito.

¿Durante toda la búsqueda tenías la esperanza de encontrar a Paulina con vida?

Siempre tenés esa lucecita de esperanza de que está viva aún hoy. Y por supuesto si es un golpe tan duro que, a ver, vos cuando tenés un hijo, lo que lo último que pensás es que vos vas a enterrar un hijo. Eso es antinatural, va en contra de todo, es impensable, digamos. En estas circunstancias es un horror.

Cuando te designan Secretario de la Juventud, ¿vos habías hablado con (José) Alperovich

Sí, yo había tenido conversaciones, pero mi trabajo era mucho más técnico. Después que pasa todos estos episodios, después que Paulina está en el cementerio, cae Alperovich al velorio y me dice que yo me quede tranquilo que no iba a trabajar más y que iba a cobrar su sueldo. Por supuesto, lo rajé en el acto. Le dije “ya mandate mudar de aquí, sinvergüenza”. A ver, velorio de una chiquita que han asesinado y decirle al padre que no va a cobrar más en su vida. ¿Qué le pasa por la cabeza al tipo? ¿Qué tiene? ¿Qué siente? ¿Qué piensa?.

¿Podrías definir la Justicia? ¿Qué es la Justicia para vos? ¿Cómo ves a la Justicia?

Hay que diferenciar. La Justicia es una cosa, el Poder Judicial es otra. Y el Poder Judicial tampoco podemos generalizar, porque yo no tengo duda que como todo en la vida, la inmensa mayoría de las personas son gente buena que van todos los días, cumplen con su labor, todo, pero vos tenés un tipo como este, (Carlos) Albaca, que es un pervertido, que es un delincuente y que te envenena todo a su alrededor. Fue 25 años fiscal, nunca le hicieron una inspección. La mayoría de los empleados salieron con problemas psiquiátricos de la oficina de Albaca.

¿Tenés miedo o tuviste miedo?

Bueno, todos tenemos miedo. A mí me han amenazado de muerte. Pero lo mismo lo supero. Hubo amenazas, persecuciones, causas inventadas. Me quisieron quebrar. Pero conmigo no pudieron. A mí me sostiene Paulina.

Después de 20 años, ¿qué es lo que más te duele?

Que haya sentencias que ordenan investigar y nadie las cumpla. Que los responsables sigan libres. La impunidad también mata. Y en Tucumán eso se ve todos los días.

Señalaste a los “hijos del poder”. ¿Por qué está tan convencido de esa línea?

Porque para que se mueva una estructura tan terrible de encubrimiento, se tiene que estar protegiendo a alguien muy poderoso. El principal sospechoso es César Soto, el asesino de mi hija, pero su cómplice principal es Sergio Kaleñuk. Kaleñuk tenía un cargo altísimo en la gobernación, era quien le llevaba los expedientes a Alperovich para que los firmara. Es el “hijo del poder” y existe una red de protección para él que incluso sospecho tiene vínculos con el narcotráfico. Durante años lo protegieron a él, a (Fernado) Maruf, a (Raúl) Ferreira y a toda esa runfla de delincuentes que hoy caminan entre nosotros.

¿Qué sentiste cuando José Alperovich fue condenado, aunque fuera por otra causa totalmente distinta?

Fueron sentimientos encontrados. Alperovich es el principal responsable de que esta situación esté como está. Si se hubiera investigado su conducta inmoral cuando lo denuncié en el Senado, quizás no habrían ocurrido otros delitos. Es un hombre que despreció la vida y la justicia.

¿Qué sensación te quedó después de escuchar la sentencia de cada uno de esos juicios?

Bueno, la primera sensación que te da es expectativa. Es impresionante la importancia que tiene hacer los juicios orales. Las personas hablamos con las palabras, con los gestos, con las miradas, con las posturas, hablamos con todo el cuerpo. Por eso digo basta de Zoom, tiene que haber juicios presenciales. La sentencia del 25 de febrero de 2019 de la sala 3 que condena a todos funcionarios de alto rango, ordena investigar a José Alperovich y 40 personas más por el delito de homicidio, encubrimiento, abuso de autoridad, incumplimiento de los deberes de funcionario público. Fue impresionante.

La justicia tucumana ha habilitado juicios abreviados para varios de los policías acusados. ¿Cómo calificás este hecho?

Es un escándalo jurídico y un pasaporte a la impunidad. Para funcionarios públicos que han mentido y encubierto un homicidio gravísimo no puede haber juicios abreviados; es una aberración. Tipos como Ferreira, Maruf o (Francisco) Picón han reconocido delitos y les dan penas de dos años condicional mientras la causa principal sigue paralizada. Es un premio para los encubridores. Están pisoteando los derechos de las víctimas y la Corte Suprema de Tucumán parece no estar viendo este horror.

Hace poco estuviste internado en terapia. ¿En qué piensa un hombre que ha dedicado 20 años a una lucha tan desigual cuando siente que el cuerpo le falla?

No pensé que me moría, pero me di cuenta de que son heridas de guerra. Lo único que me retiene es mi familia y mi hijo menor de 14 años, a quien quiero seguir disfrutando. Me quiero morir en paz, pero para eso necesito que las instituciones funcionen. Me duele que Tucumán esté atravesado por el miedo; la gente no reacciona porque el miedo paraliza, un miedo que viene de los años 70. A pesar de todo, sigo confiando en la República y en que alguien hará lo que hay que hacer, no como un favor a mí, sino por toda la comunidad

¿Qué le dirías a Paulina?

Que la amo y que nunca voy a dejar de luchar por justicia para vos, Paulina. Nunca. Nunca. Pero además yo sigo confiando en la República y la democracia, sigo confiando en las instituciones, sigo confiando que va a haber alguien que va a hacer lo que hay que hacer bien. Y que no va a ser un favor. No va a ser un favor. No me va a hacer un favor a mí, va a hacer lo que tiene que hacer por toda la comunidad. Les agradezco infinitamente, les pido disculpas por esta emoción, pero la verdad que también esto sirve un poco de catarsis.

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