Belgrano, el club que fundaron niños y sostuvo un barrio entero

Sin padrinos corporativos ni apoyo estatal, el "Pirata" nació de la audacia de adolescentes de 14 años. La historia de una institución que transformó la precariedad en identidad y se convirtió en el pulmón social y político del histórico barrio Alberdi.

JUEGO DE NIÑOS, SUEÑO DE GRANDES. Fotografía de 1906: el núcleo fundador de adolescentes que dio vida al Club Atlético Belgrano. JUEGO DE NIÑOS, SUEÑO DE GRANDES. Fotografía de 1906: el núcleo fundador de adolescentes que dio vida al Club Atlético Belgrano. FOTO DE ARCHIVO / CLUB ATLÉTICO BELGRANO

A diferencia de la mayoría de los clubes de Córdoba y del fútbol argentino en general, Belgrano no nació con padrinos. No tuvo ferrocarril, no tuvo iglesia, no tuvo empresa. Tuvo chicos. Y ganas. “Nació de la nada”, dice Pablo Iván Rodríguez, coordinador socioinstitucional del club. Y la frase no es metáfora: es historia.

La fecha oficial marca 1905, aunque hay registros que lo ubican en movimiento desde 1903. En aquella Córdoba que todavía no tenía la dimensión urbana actual, los equipos fuertes estaban ligados a la Universidad Nacional o a estructuras formales. El fútbol, como en gran parte del país, crecía bajo el ala de las casas de estudio o las empresas ferroviarias inglesas.

Sin embargo, con Belgrano no fue así. “Lo fundan un grupo de chicos. El primer presidente tenía 14 años”, cuenta Rodríguez en una charla exclusiva con LA GACETA. Ese adolescente era Arturo Orgaz, quien después sería protagonista de la Reforma Universitaria de 1918, intelectual, abogado y dirigente político. Pero primero fue eso: un niño que presidía un club armado entre amigos y vecinitos del barrio.

La diferencia fundacional es clave. Mientras otros clubes como Talleres e Instituto, por ejemplo, nacieron con el respaldo institucional del ferrocarril, Belgrano aprendía a sobrevivir. “Todo lo fue haciendo a pulmón. Esa esencia de resistencia quedó en la identidad del club”, explica el dirigente.

Hay escenas que parecen sacadas de una novela. Los hermanos Lascano fueron parte de ese núcleo fundador. Su padre odiaba el fútbol porque lo consideraba “un deporte de vagos”. Su madre, en cambio, desobedecía en silencio: ella fue quien cosió las primeras camisetas celestes, en honor al hombre que le da nombre al club: Manuel Belgrano.

LA CELESTE. Alineación de Belgrano en 1921 LA CELESTE. Alineación de Belgrano en 1921 FOTO DE ARCHIVO / CLUB ATLÉTICO BELGRANO

Según relata Rodríguez, la precariedad agudizaba el ingenio. Cuando los pequeños fundadores no tenían alambrado para cercar la cancha -requisito de la Liga Cordobesa-, iban al ferrocarril, sacaban los postes, jugaban el partido y luego corrían a devolverlos. Cuando no tenían pelota, porque eran carísimas, uno se hacía pasar por alumno del colegio Santo Tomás, entraba al patio, pateaba el balón hacia la calle y otro lo esperaba del otro lado para llevárselo.

Improvisar para existir

Hasta el nombre fue una disputa. Otro equipo de la ciudad reclamaba llamarse de la misma manera. Lo resolvieron como se resolvían las cosas entonces: jugando. El ganador se quedaba con la denominación. “Fue la primera final de la historia del club”, detalla Rodríguez.

En 1913, cuando se funda la Liga Cordobesa, Belgrano se consagra como el primer campeón. En 1914 compra los terrenos de Alberdi con un crédito y, desde entonces, no se movió nunca más.

Y Alberdi, el barrio que vio crecer al club, tampoco es casualidad. Es el territorio del Hospital de Clínicas, de la Universidad, de la Reforma del 18. Es el escenario del Cordobazo. Es el hogar de la Cervecería Córdoba, cuya quiebra en 1998 derivó en la toma obrera más prolongada del país: 105 días de resistencia. “El barrio está atravesado por la lucha. Y el club siempre fue parte de eso”, define Rodríguez.

Belgrano acompañó la recuperación del centro cultural “La Piojera”, se involucró en causas vecinales y consolidó un perfil social activo. “Somos un club de 365 días al año”, remarca el coordinador.

La “Semana de Belgrano”, cada julio, celebra la recuperación institucional de 2011, cuando la entidad volvió a manos de sus socios tras una década de intervención por la quiebra de 2001. Rodríguez cuenta que hay maratones, eventos culturales y actividades abiertas. Hace tiempo, el club aprendió que también puede ser un actor comunitario.

Origen del “Pirata”

Y después está el apodo. Según Rodríguez, el mote surge en la década del 60' y no nace para identificar al club, sino a su gente. “La versión más fuerte sostiene que el apodo tiene que ver con la hinchada. En esa época, cuando viajaban por el fútbol del interior, el mito está construido en que entraban y saqueaban los pueblos, como los vikingos. A partir de ahí surge el apodo”, explica. El mote quedó y, con el tiempo, se transformó en identidad oficial.

De esa manera, Belgrano no se explica solo por títulos o campañas. Se explica por su origen. Por esa imagen inicial: chicos de 12, 13 y 14 años armando un club sin nada más que voluntad. Por una madre cosiendo camisetas a escondidas. Por postes prestados y pelotas “rescatadas”. Un club criollo, nacido sin estructura, que aprendió a resistir antes que a ganar. Y que hizo de esa resistencia su forma de estar en el mundo.

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