Efeméride: a 19 años del día en que Bochini volvió a pisar una cancha después de su retiro

Con 53 años y el fútbol intacto, el ídolo de Independiente volvía a calzarse los botines para disputar un partido oficial en el barro del Torneo del Interior.

UN DÍA COMO HOY. Tras 19 años de retiro, el Bocha volvió a jugar al fútbol por un poco más de 40 minutos. UN DÍA COMO HOY. Tras 19 años de retiro, el "Bocha" volvió a jugar al fútbol por un poco más de 40 minutos.
Hace 3 Hs

El fútbol, ese deporte que se empeña en jubilar a sus artistas antes de que cumplan los cuarenta, se permitió una licencia poética un 25 de febrero de 2007. Mientras el mundo discutía la velocidad del fútbol moderno y la supremacía de los atletas sobre los talentosos, en una ciudad del interior bonaerense llamada San Carlos de Bolívar, una leyenda desafiaba a la biología. Ricardo Enrique Bochini, el máximo ídolo de la historia de Independiente y el espejo en el que se miró Diego Armando Maradona, volvía a jugar por los puntos.

No era un partido de exhibición ni un encuentro de veteranos con ritmo de asado. Era el Torneo del Interior (el antiguo Argentino C), la quinta categoría del fútbol argentino, donde los miedos no existen y las patadas suelen ser el primer recurso defensivo. El escenario era el Estadio Municipal de Bolívar, y la camiseta, una azul y amarilla que pertenecía a Barracas Bolívar.

El génesis de una locura

La idea fue de Enrique Sacco, periodista y por ese entonces gerenciador de Barracas Bolívar. “Fue de esos placeres que te das en vida. Queríamos generar un efecto importante para el equipo de la liga. Se nos ocurrió llevar a una figura, apostamos fuerte, hablamos con Bochini y le gustó la idea”, recordó. Pero al ser un torneo oficial del fútbol argentino, hubo que fichar al ídolo.

ÉPICA. La lluvia de la jornada aportó el condimento justo para que la jornada sea histórica. ÉPICA. La lluvia de la jornada aportó el condimento justo para que la jornada sea histórica.

Una tarde de procesión

Aquel domingo 25 de febrero, Bolívar dejó de ser una ciudad agrícola para convertirse en la capital mundial del "bochinisimo". Hinchas de Independiente de todo el país, muchos con la camiseta roja y el 10 en la espalda, peregrinaron hasta el Municipal para ver lo que sus padres les habían contado. El rival de turno era Argentino de Pehuajó, un equipo que pasó de la planificación táctica al asombro absoluto.

El misticismo de la jornada estuvo a milímetros de morder el polvo por un descuido tan humano como insólito: al "Maestro", el hombre que anticipaba jugadas antes de que sucedieran, se le escapó una tortuga logística. Resulta que el "Bocha" se olvidó el DNI en su casa y el árbitro Fernando Álvarez, lejos de dejarse encandilar por las copas Libertadores del 10, se mostró firme y estuvo convencido de no dejarlo jugar sin la documentación que requería. 

Mientras el estadio hervía de ansiedad, se activó un operativo de rescate digno de una película de espías para conseguir una fotocopia que acreditara que ese señor bajito y calvo era, efectivamente, el prócer que todos habían ido a ver. Finalmente, el papel llegó y el fútbol respiró.

Cuando Bochini salió al campo con la número 10 de Barracas Bolívar, el estadio rugió. No era el "Bocha" de los años 70 que gambeteaba a toda la defensa de la Juventus, pero era él. La calva un poco más pronunciada, el andar algo más cansino, pero la mirada igual de periférica.

El entrenador, Claudio Brizuela, lo mandó a la cancha desde el arranque con una planificación que el destino terminó rompiendo: la idea original era que el ídolo de Independiente, a sus 53 años, jugara apenas 20 minutos. Sin embargo, la magia pidió prórroga y finalmente disputó 43’ antes de ser reemplazado por Sebastián Hauche (primo de Gabriel) bajo una ovación que sacudió los cimientos del estadio. 

Es que el "Bocha" no pasó vergüenza ni fue a pasear: tiró un sombrero, intentó dos caños y hasta asistió a su compañero Luciano Ruiz en un gol que fue anulado por posición adelantada. Lejos de la pasividad de un amistoso, al Maestro le brotó el ADN competitivo y no le tembló el pulso al quejarse con el juez al grito de "¿¡Qué cobrás!?".

"Mis hijos nunca me habían visto jugar personalmente, cuando podía hacer una jugada gritaban mi nombre y me hacía acordar a la cancha de Independiente”, declaró el Bocha luego de su última función. 

Aquella tarde en Bolívar no solo le regaló tres puntos a un equipo del ascenso, sino que le permitió a su propia sangre ser testigo presencial de la leyenda que, por un ratito, volvió a ser de carne y hueso.

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