Profesores de lectura
Hace 13 Hs

No se puede dudar de que la lectura es la actividad que más contribuye a desarrollar nuestra mente. Que el “aprehender” los códigos de la escritura (palabras, oraciones, frases), internalizarlos e interpretarlos, proceso que la maravilla del cerebro puede realizar en fracciones infinitesimales de segundos, forma mentes en principio más amplias y mejor preparadas para enfrentar las vicisitudes de la vida que aquellas que no frecuentan la lectura.

Lo antedicho basta para que el fomento de la lectura aparezca como una función prioritaria para los buenos gobernantes. Sobre todo, desde que han surgido factores de altísimo poder que se oponen al hábito de leer, como el vértigo que devora nuestro tiempo, la llamada “cultura de la imagen” y las tecnologías en auge.

Hasta aquí, este artículo parece contener solamente perogrulladas, pero es el cómo fomentar la lectura lo que requiere una perspectiva novedosa.

Porque todo lo que hay en cuanto intentos de promover la lectura parece destinado al fracaso. Las ferias de libro, los festivales de literatura, los congresos, seminarios y foros en los que se trata el asunto no aportan, a mi juicio, nada significativo al respecto. Por lo menos, nada en la escala indispensable para que el esfuerzo devenga exitoso a nivel social. El problema tiene una hondura que amerita otros abordajes que verdaderamente calen en los sistemas educativos.

Y para ello, claro, habrá que utilizar el ámbito esencial de la educación: la escuela. Algunos foros rumbean para ese lado al convocar a docentes, pero estos concurren más bien por el puntaje curricular que la participación les ofrece y, en cualquier caso, después, ante sus alumnos, pocos saben cómo aplicar el entusiasmo recogido en aquellos eventos. Por su parte, los cursos y cursillos técnicos impartidos a educadores en general se ven insuficientes porque se necesita algo mucho más estructural y de fondo.

Entiendo que lo realmente útil sería formar profesores de lectura para la escuela secundaria, y ponerlos en actividad con un rango especial. Que existan profesorados de lectura, en los que, con la contribución de la psicología, la pedagogía, los profesionales de la literatura y otras disciplinas, se enseñe específicamente a enseñar a leer y a estimular el hábito de leer (me refiero, sobre todo, a la lectura de literatura, la que sin duda tiene un mayor poder de penetración en la mente de un adolescente). Docentes adiestrados, incluso, para detectar potenciales gustos de lector en cada alumno y avanzar en su tarea a través de dichos gustos.

Contarían con incentivos especiales, como horas de trabajo mejor remuneradas y premios por rendimiento comprobado. Una especie de élite de la docencia, cuyos integrantes surgirían de una formación exigente y se someterían a testeos periódicos para demostrar su evolución como lectores, indicio obvio de que su pasión por la lectura se mantiene. Porque esa sería su “conditio sine que non”: educadores apasionados por la lectura. Así se atacaría el problema con eficiencia.

¿Una utopía? Utópica habrá parecido a los contemporáneos de Sarmiento la enseñanza primaria obligatoria y gratuita. Todo depende de la voluntad de los políticos. Resultaría una innovación trabajosa, cuyos frutos se verían a largo plazo, pero sus beneficios para la sociedad serían inmensos.

© LA GACETA

José Gabriel Ceballos – Escritor. Su último libro es “El poeta del odio”.

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