Compartió vestuario con Riquelme, jugó en la Selección de Siria y hoy sueña con triunfar en Atlético Tucumán
La historia de vida de Ezequiel Ham. De los consejos de Román a hacer historia en Asia, el volante del "Decano" reflexiona sobre su carrera y se ilusiona con dar el golpe en el fútbol argentino.
PERSISTENCIA Y AMBICIÓN. Tras superar grandes batallas y sumar roce internacional, Ezequiel Ham busca su revancha definitiva en el medio campo de Atlético.
Ezequiel Ham llegó a mediados de enero con un objetivo claro: adueñarse del medio campo de Atlético Tucumán y convertirse en una pieza importante dentro de la estructura del equipo. El club tenía argumentos sólidos para ir a buscarlo: recorrido en el fútbol argentino, experiencia internacional con la selección de Siria y un último paso positivo en Brasil. En un arranque de temporada turbulento, en la que alternó titularidades y suplencias, y ahora en medio de un cambio de entrenador, el “Turquito” apuesta al proceso. En una charla íntima con LA GACETA, repasó una carrera que tuvo de todo: proyección precoz, alguna lesión desafortunada, viajes impensados y una madurez construida a fuerza de resiliencia.
Nacido en Caballito, se formó en Argentinos, el “Semillero del Mundo”. Allí creció desde la técnica y el buen pie, señas de identidad del club, hasta debutar en Primera a los 20 años bajo la conducción de Claudio Borghi en 2014. Ese torneo terminó con el descenso del “Bicho”, pero lo que vino después sería inolvidable.
De la escuela de Román
Ese mismo año, Argentinos armó un plantel fuerte para buscar el ascenso y Ham se dio el lujo de compartir vestuario con Juan Román Riquelme. “Sí, estaba él, Cristian ‘Lobo’ Ledesma y varios más. Yo tenía 20 años y era una locura que Román estuviera ahí con nosotros. Habíamos descendido y llegaron para devolver al club a Primera. Fue una experiencia increíble”, recuerda.
Volante creativo, acostumbrado a ubicarse como doble cinco de juego -lo que hoy se conoce como un interno o box-to-box, según reconoce el jugador-, Ham sumó varios partidos como titular en aquel equipo. Y la pregunta inevitable aparece sola: ¿Cómo era jugar con Riquelme?
“Me daba consejos. Yo era muy tranquilo, muy respetuoso, y casi ni me acercaba porque era Román. En la cancha era una locura: querías darle la pelota todo el tiempo. Hay jugadores que te invitan a dársela porque sabés que la jugada va a tener sentido”, explica. Y baja la idea a terreno local: “Salvando las distancias, hoy jugás con un chico como Laméndola (Nicolás) y sabés que tiene un buen uno contra uno. A los jugadores buenos siempre hay que pasársela”.
Entre los mejores futbolistas con los que compartió equipo, menciona sin dudar a Riquelme, Ledesma y Alexis Mac Allister. “Alexis ya mostraba que iba a tener una gran carrera”, acota. En la actualidad, su referencia pasa por ese mismo perfil. “Me gusta mucho Enzo Fernández, y el propio Alexis. Jugadores que hacen jugar al equipo y pisan el área”, valora el bonaerense.
Ham era una de las grandes proyecciones de aquel Argentinos. “Lo tomaba con tranquilidad. Era muy chico y estaba en un plantel con grandes jugadores. Me estaba sintiendo muy bien, haciendo goles importantes. Después pasaron cosas que ya todo el mundo conoce. Las expectativas son parte del fútbol. Argentinos te da vidriera, pero hay que tener los pies sobre la tierra. La carrera es cortísima: tengo 32 años y parece que fue ayer”, describe con nostalgia.
La lesión que sufrió en La Paternal interrumpió su crecimiento. La recuperación llevó más de un año. Luego llegó el préstamo a Japón, en 2018. “Ascendimos con Heinze (Gabriel) y me salió esa oportunidad. Me vino bárbaro porque todavía me costaba reinsertarme. Fue un desafío lindo, me dio experiencia”, rescata.
Resiliencia y hombre de Selección
Pero el camino no fue lineal. En 2019 volvió a lesionarse la rodilla. Después llegó la pandemia. “Fueron casi dos años sin jugar. Me fui a Olimpo, en el Federal A, una categoría durísima. Empecé a sentirme bien en 2021, pero a fin de año volví a lastimarme. Recién pude tener continuidad a mediados de 2022”. El despegue definitivo llegó en 2023 con Independiente Rivadavia: ascenso, protagonismo y una convocatoria inesperada.
La selección de Siria apareció a los 29 años. “Fue muy rápido. Me contactaron por mi abuelo, que es de allá. En ese momento estaba Héctor Cúper como técnico. En tres meses hicimos los papeles y ya estaba viajando para un amistoso y después para las Eliminatorias. No lo esperaba, pero lo aproveché al máximo”, recuerda.
Con Siria disputó la Copa Asiática 2024 y alcanzó los octavos de final por primera vez en la historia del país. “Es uno de los hitos más importantes de mi carrera. El fútbol asiático es distinto: más dinámico, más parecido al europeo. Te enfrentás a jugadores que compiten en ligas top y ese roce es muy valioso”.
Hoy no está siendo convocado por una decisión dirigencial. “Hubo un cambio en la conducción del fútbol allá. La decisión política es que no viajen nacionalizados. Están convocando solo a jugadores nacidos en Siria. No sé cómo seguirá, pero la ilusión de volver siempre está”, anticipa Ham.
La ilusión de dar el golpe en 25 de Mayo y Chile
El presente lo encuentra en Tucumán, en un equipo que busca identidad y resultados. “Me siento muy bien, más maduro. Más allá de los resultados, el equipo mostró cosas buenas. En el fútbol mandan los resultados y hubo cambios, pero hay que seguir”, valora.
Y cuando habla de objetivos, no esquiva la ambición. “Me gustaría salir campeón con Atlético, ya sea por el torneo local o la Copa Argentina. Es difícil, pero no imposible. En el fútbol argentino vimos a equipos que se metieron entre los ocho y terminaron dando la sorpresa. Si el grupo está convencido y el club está ordenado, puede pasar cualquier cosa”, advierte.
Ham tal vez ya no sea aquella promesa que despertaba titulares, es cierto. Hoy es un futbolista maduro, curtido por las lesiones, los viajes y las segundas oportunidades. En un Atlético que atraviesa su propio proceso de reconstrucción, su historia encaja perfecto: la de alguien que aprendió que el fútbol siempre da revancha, pero solo para el que insiste.




















