PARTIDAZO. El "Rojo" y la "Serpiente" protagonizaron el encuentro principal de la fecha | FOTO: Osvaldo Ripoll.
El barro no suele ser buen aliado del juego vistoso. Pero hay partidos que, incluso hundidos en una cancha pesada y bajo una lluvia persistente, encuentran otra forma de volverse memorables. El clásico del rugby tucumano entre Los Tarcos y Universitario fue uno de esos. En la avenida Brígido Terán la “Serpiente” terminó imponiendo su veneno en el momento justo y se llevó un duelo feroz por 24 a 23.
Desde el arranque quedó claro que no sería una tarde para el juego vistoso. El barro obligaba a simplificar todo: avanzar corto, asegurar cada pelota y resistir el contacto. Las primeras acciones se jugaron más con los hombros que con las manos, en un duelo donde cada metro parecía una pequeña conquista. Los Tarcos golpeó primero. A los siete minutos, Javier Zalduendo apoyó la pelota en el barro, acomodó su postura con paciencia y ejecutó con precisión el penal que abrió el marcador. El 3-0 encendió a la tribuna y le dio al “Rojo” el primer impulso de la tarde, en un estadio que ya vibraba como si el partido estuviera en su tramo final.
DURO ENCUENTRO. El clásico fue un partido que contó con todos los condimentos.
Pero Universitario respondió con paciencia. Con Bruno López Staneff ordenando los tiempos del juego y Pablo Garretón apareciendo como una amenaza constante en el contacto, el visitante comenzó a encontrar grietas. La “Serpiente” empezó a deslizarse con calma. A los 14 minutos, Lautaro Acuña encontró uno de esos huecos y apoyó el primer try del partido. Tras la conversión de López Staneff, Universitario pasó al frente.
El movimiento ya estaba en marcha. Poco después, Garretón volvió a aparecer con potencia para apoyar un nuevo try que estiró la diferencia a 14-3 tras la consecuente conversión de su número “10”. Universitario parecía haber encontrado el ritmo del partido, moviendo la pelota con mayor claridad y obligando a Los Tarcos a replegarse. El clásico empezaba a inclinarse, aunque todavía quedaba mucho tiempo por delante.
La lluvia volvió a intensificarse y el clásico se volvió todavía más áspero. Las camisetas se oscurecían con el barro y cada formación fija se transformaba en una batalla silenciosa. El público seguía cada choque con un murmullo constante, como si cada tackle fuera una pequeña final. En ese terreno incómodo, Los Tarcos reaccionó. Tras un line cerca del ingoal rival, Joel Amaya encontró el espacio para apoyar el descuento. La conversión no entró, pero el “Rojo” volvía a meterse en partido antes del descanso, que llegó con Universitario arriba 14-8 y con la sensación de que el duelo todavía tenía mucho por contar.
El segundo tiempo mantuvo el mismo clima denso. Apenas iniciado el complemento, Facundo Juárez encontró el ingoal y amplió la ventaja para Universitario, nuevamente con la conversión de López Staneff. El marcador marcaba 21-8 y parecía inclinar el clásico con claridad. La “Serpiente” jugaba con mayor serenidad y buscaba mantener el control territorial.
Sin embargo, en este tipo de partidos nunca hay certezas definitivas. Los Tarcos comenzó a buscar respuestas desde su energía y desde el empuje de su gente. Un penal de Zalduendo volvió a acercar al local y devolvió algo de esperanza a la tribuna. Universitario, sin desesperarse, respondió con otra patada precisa de López Staneff que llevó el resultado a 24-11.
El partido parecía controlado para el visitante, que intentaba manejar los tiempos y jugar lejos de su ingoal. Pero el clásico todavía guardaba su momento más intenso.
INIVITADOS SORPRESA. La lluvia y el barro fueron los grandes protagonistas de la jornada.
A los 56 minutos llegó el punto de quiebre. Tras una formación cerca del ingoal visitante, el árbitro sancionó try penal para Los Tarcos. El marcador quedó 24-18 y el estadio volvió a encenderse. Como si acompañara ese cambio de ánimo, la lluvia dejó de caer y el ruido de las tribunas se volvió constante, empujando cada avance del equipo local.
El “Rojo” empezó a jugar con otra determinación. Cada tackle levantaba a la gente y cada avance parecía arrastrar un poco más al equipo hacia la hazaña. Universitario comenzó a sentir la presión y tuvo que multiplicarse en defensa para sostener la ventaja.
A cuatro minutos del final llegó el momento que cambió el clima del partido. Sair Movane encontró el espacio y apoyó el try que dejó el marcador en 24-23. De repente, todo quedó reducido a un instante. El clásico entero parecía concentrarse en una sola jugada.
El estadio quedó en silencio. Todo dependía de la patada de Zalduendo. El “10” tomó carrera en medio de ese silencio pesado, apenas interrumpido por algunos murmullos nerviosos en las tribunas. La pelota salió de su pie y viajó hacia los palos, pero terminó desviándose. El alivio de Universitario fue inmediato.
El final todavía guardaba un último capítulo. Los Tarcos tuvo una última oportunidad desde un line cercano al ingoal. El empuje del pack local avanzó lentamente en medio de un caos de cuerpos cubiertos de barro. Universitario resistió como pudo, defendiendo cada centímetro con tackles desesperados. Durante varios segundos, la escena fue apenas una masa de camisetas empujando en direcciones opuestas.
Cuando la pelota finalmente salió de esa maraña de jugadores, el árbitro pitó el cierre. Finalmente, la Serpiente había sobrevivido.
“Fue un partido muy intenso, con una cancha difícil y mucho contacto. Lo supimos sacar adelante como equipo”, explicó luego Pablo Garretón. “Teníamos ventaja, después se nos vinieron encima y hubo que defender el ingoal hasta el final”, agregó, todavía con la respiración agitada por el esfuerzo.
Desde el banco visitante, Francisco Contreras también destacó el esfuerzo colectivo del plantel. “Los vagos hicieron un gran partido. Sabíamos que se iban a venir, pero lo pudimos cerrar”, contó. Y resumió la clave del triunfo en pocas palabras: “Había que aguantar”.
En Los Tarcos, la sensación fue distinta, aunque no menos intensa. Lucas López valoró la reacción del equipo en una tarde complicada y destacó el crecimiento que dejó el partido. “Tenemos un plantel joven y fue nuestro primer partido del año. Por momentos se vio lo que trabajamos”, analizó.
El clásico se fue apagando lentamente, mientras el barro seguía pegado a las camisetas y a los botines. En una tarde pesada y cambiante, Universitario encontró la manera de resistir hasta el último suspiro. Y en ese terreno húmedo, donde cada metro costaba el doble y cada error podía ser definitivo, la Serpiente terminó dejando su veneno justo a tiempo.























