Los especialistas advierten sobre la preocupación en nuestra salud. (Imagen web)
Es natural sentir cierta frustración ante el paso del tiempo, especialmente cuando nuestro cuerpo no responde de la misma manera que antes, por ejemplo, durante los procesos de recuperación tras el ejercicio. Sin embargo, un nuevo estudio publicado en la revista Psychoneuroendocrinology sugiere que vivir en un estado de alerta constante por el impacto del envejecimiento en nuestra salud podría ser contraproducente, afectándonos incluso a nivel celular.
La investigación analizó la relación entre la percepción que tienen las mujeres sobre el envejecimiento y su ritmo biológico. Si bien la ansiedad por perder el atractivo o la fertilidad no mostró un vínculo directo con el daño celular, el miedo al deterioro físico sí demostró una conexión clara con un envejecimiento epigenético más acelerado.
El peso biológico de la ansiedad
Para llegar a estas conclusiones, los científicos trabajaron con datos de 726 mujeres y utilizaron dos relojes epigenéticos para medir el daño acumulado y el ritmo de envejecimiento biológico. Aunque el estudio no establece una relación causal definitiva, abre un debate fascinante sobre cómo la psiquis impacta en la biología.
"Se necesita más investigación para determinar si estas preocupaciones causan directamente estos cambios", aclaró Mariana Rodrigues, autora principal del estudio y estudiante de doctorado de la Universidad de Nueva York. Aun así, los especialistas coinciden en que la ansiedad sostenida tiene efectos físicos palpables.
Un círculo vicioso para el cuerpo
La ansiedad activa mecanismos de supervivencia que, en el día a día, desgastan nuestro organismo. "La preocupación y la ansiedad causan estrés y tensión en el cuerpo", explica Thea Gallagher, profesora clínica asociada en NYU Langone Health. Según la experta, esta tensión consume recursos mentales y físicos, afectando el sueño y el sistema nervioso.
Por su parte, la psicóloga Hillary Ammon destacó que el cuerpo humano reacciona a la ansiedad como si fuera una amenaza real, liberando hormonas como cortisol y epinefrina. "Al preocuparse crónicamente por la salud, las personas, lamentablemente, crean más problemas de salud, lo que las hace más susceptibles a sufrirlos", adviertió la especialista, explicando cómo este patrón cíclico puede derivar en inflamación crónica y mayores riesgos cardíacos.
Estrategias para vivir en el presente
Si bien es humano preocuparse, el desafío está en no dejar que ese pensamiento tome el control. "La gente se preocupa por naturaleza, pero a menudo no se detiene a pensar si la preocupación ayuda en algo", señaló Jessica Bodie, psicóloga clínica del Centro para el Tratamiento y Estudio de la Ansiedad de la Universidad de Pensilvania.
La recomendación principal es enfocarse en lo que sí se puede controlar y evitar que el miedo nuble nuestro presente. Como bien concluyó Gallagher: "No querrá vivir su vida preocupándose por lo que podría suceder. Sucederá o no, y preocuparse no cambiará nada".





















