Golfo Pérsico: el antecedente de 1990 que reaparece en el debate por el alineamiento de Milei

La política exterior del país dio un giro con respecto a décadas anteriores, pero no es la primera vez que la Argentina se ofrece como “alfil” de grandes potencias en guerra.

OPERATIVO ALFIL. Buques argentinos tomaron parte hace 35 años de una acción conjunta en la Guerra del Golfo. OPERATIVO ALFIL. Buques argentinos tomaron parte hace 35 años de una acción conjunta en la Guerra del Golfo.
Hace 12 Hs

BUENOS AIRES.- La reciente disposición de los Estados Unidos de considerar opciones militares para escoltar buques en el Estrecho de Ormuz, en el marco de las crecientes hostilidades con Irán, ha reactivado el debate sobre los límites y alcances de la política exterior argentina, consigna una publicación del medio digital “El Mundo en Conflicto”.

En un escenario global marcado por la volatilidad, la administración de Javier Milei retoma un paradigma de alineamiento estratégico que encuentra su antecedente más directo en 1990, cuando el país rompió su tradicional neutralidad para participar en la Guerra del Golfo.

Un quiebre histórico

Hace 35 años, la invasión de Irak a Kuwait forzó un giro drástico en la diplomacia nacional. Bajo la presidencia de Carlos Menem, Argentina ejecutó el Operativo Alfil, desplegando la Fuerza de Tareas 88 (FT.88) en apoyo a las resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Aquella misión representó el fin del aislamiento diplomático y un desafío logístico sin precedentes para la Armada Argentina.

El despliegue se organizó en dos etapas. En septiembre de 1990, el destructor ARA “Almirante Brown” y la corbeta ARA “Spiro” iniciaron tareas de interdicción marítima a 11.000 millas de distancia.

En febrero de 1991, el relevo llegó con la corbeta ARA “Rosales” y el buque transporte ARA “Bahía San Blas”, encargado de enviar ayuda humanitaria.

Durante la fase operativa conocida como Desert Storm (Tormenta del Desierto), los buques argentinos realizaron cerca de 700 interceptaciones y tareas de escolta, logrando un reconocimiento técnico por parte de la coalición internacional.

Debate sin saldar

El Operativo Alfil no estuvo exento de controversia política. En el Congreso, el debate entre el oficialismo, que encabezaba Menem, y la Unión Cívica Radical expuso dos visiones contrapuestas.

Mientras el gobierno defendía un “alineamiento pragmático” para obtener réditos económicos en un nuevo orden mundial tras la caída del Muro de Berlín, la oposición denunciaba una subordinación de la agenda de seguridad nacional a intereses extranjeros sin la debida consulta legislativa.

Este dilema resurge en marzo de 2026. El actual presidente, Javier Milei, ha ratificado una alianza estratégica explícita con Estados Unidos e Israel.

Durante su reciente exposición en la Universidad Yeshiva de Nueva York, el mandatario fue contundente al declarar que “Irán es nuestro enemigo”. Esta retórica de alineamiento total ha elevado la tensión diplomática a niveles que no se registraban desde la década del 90.

Un nuevo tablero

A diferencia del escenario de 1990, la crisis actual presenta una complejidad multipolar mayor. Analistas de relaciones internacionales advierten que la postura de “alineamiento explícito” plantea interrogantes sobre el margen de maniobra de Argentina. El compromiso activo en la arquitectura de seguridad de terceros en el Medio Oriente podría, según diversos observadores, comprometer la histórica tradición de mediación y equidistancia del país.

Desde el Poder Ejecutivo, la estrategia se presenta como una “victoria ideológica” y un acto de coherencia estratégica. Sin embargo, sectores de la oposición y académicos señalan el riesgo de ser arrastrados a un conflicto de escala regional que trasciende los intereses nacionales directos.

La historia del Operativo Alfil sugiere que las decisiones de alto perfil en materia de defensa condicionan la política exterior e interna por años.

En un escenario mundial crecientemente volátil, la diplomacia argentina enfrenta el desafío de equilibrar sus alianzas con la preservación de su autonomía estratégica, en un contexto donde los costos de seguridad y defensa deberán ser absorbidos íntegramente por el Estado nacional.

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