TEMOR. Los vecinos de Puesto Nuevo no creen que las casas que están al límite resistan una nueva crecida. LA GACETA / FOTOS DE OSVALDO RIPOLL
Los vecinos de Puesto Nuevo están reviviendo una escena que ya sufrieron en años anteriores: familias incomunicadas y que se vieron obligadas a abandonar sus hogares ante el peligro de que se derrumbe el terreno donde están edificados sus inmuebles. El paraje rural se ubica en el departamento de San José, en La Cocha. Está rodeado de fincas que cultivan tabaco, soja, maíz y caña de azúcar. A la altura del kilómetro 693 de la ruta 38, y bajo una llovizna constante, algunas de las familias que viven allí realizaron una protesta pacífica para exigir auxilio ante la desesperante situación que están viviendo: la intensa lluvia del martes a la noche socavó y hundió un camino vecinal, dejando a los habitantes aislados y sin electricidad.
El clima que se vive es devastador. El miedo y la angustia se apoderaron de los vecinos de la zona que temen una nueva crecida. “Hace días que no dormimos; la lluvia no nos da tregua y nosotros ya no damos más”, expresó Antonia Gutiérrez mientras caminaba por un camino de piedras que fabricaron para poder bajar desde la ruta hacia sus casas.
En la noche del martes y la madrugada del miércoles, entre los truenos y relámpagos escucharon un fuerte ruido. Cuando salieron a ver lo que había ocurrido se llevaron la noticia de que el camino que unía ambos sectores se había abierto, dejando un hueco de cuatro metros de profundidad, que rápidamente se llenó de agua y lodo.
Como si la catástrofe no fuera suficiente, el derrumbe también destrozó el cableado y los postes de luz, dejando sin energía a todas las viviendas. “Ni siquiera tenemos señal, estamos completamente incomunicados. Hasta hace una hora tampoco teníamos agua potable”, dijo David Villagra.
Con las fuertes lluvias del viernes las acequias se desbordaron y en cuestión de minutos el agua invadió la ruta 38 y llegó hasta las viviendas, arrasando con todo lo que tenía por delante. “El gran problema que tenemos es que al haber tantas fincas alrededor está todo desmontado y no hay nada que contenga o frene el paso del agua”, indicó Pablo Graneros.
Según los vecinos de Puesto Nuevo, lo que están viviendo es la consecuencia de años de abandono y de numerosos reclamos que jamás fueron atendidos. “Esto es un problema viejo. Nos cansamos de hacer reclamos sobre el estado de los caminos y la falta de obras y no tuvimos respuesta. Cada vez que llueve es un drama, pero este año estamos viviendo una situación más extrema. Ahora vino la gente de Vialidad a colocar piedras para contener el terreno que se está comiendo; pero es lo mismo de siempre, dan una solución temporal, no una a largo plazo”, contó Antonia.
AISLADOS. El agua hundió el camino que conecta el paraje con la ruta.
El mayor temor que tienen las 23 familias que habitan el paraje rural es el alerta meteorológica que continúa rigiendo en la zona. “Temblamos cada vez que escuchamos un trueno. El camino no aguanta otra crecida. Corremos el riesgo de que el terreno se siga socavando y que las casas que quedaron al límite se derrumben. Ya hay cinco familias que quedaron aisladas por completo. No tienen cómo pasar y no sabemos nada de ellas”, dijo David.
Red de ayuda vecinal
En Colonia 1, Los Lunas, El Mollar y Santa Ana el agua también causó estragos. Los damnificados coincidieron al señalar que el peor escenario lo vivieron el viernes. “Los animales nos alertaron de lo que se venía. Alrededor de las tres comenzamos a sentir ladridos y en 15 minutos el agua ya nos había tapado medio metro. A pesar de que ya teníamos la alerta, no esperábamos que fuera tan fuerte”, contó Brisa Maidana.
“El río creció repentinamente y nos golpeó de frente y por atrás”, dijo Claudia Carreño mientras limpiaba los restos de barro y piedras que habían quedado en el interior de su casa. “Es muy angustiante lo que estamos viviendo. Terminamos de limpiar y al día siguiente nos inundamos otra vez. ¡Se mojó absolutamente todo, ahora no tenemos un lugar ni siquiera para prender fuego o para higienizarnos!, añadió con lágrimas en los ojos.
El alto de la crecida quedó marcado en las paredes de las casas de Colonia 1. Luego de la primera crecida, idearon un mecanismo para alertarse entre ellos cuando subía el agua del río y dejaron armadas estructuras para colocar los colchones y electrodomésticos para evitar que se estropeen. “En cierto punto te acostumbrás a vivir así”, cuenta Jésica Vega, una de las vecinas más afectadas del Lote 1 del departamento sureño.
RESTOS. La crecida quedó marcada en las paredes de las casas afectadas.
La mujer vive con sus dos hijos, Gabriel y Nazareno, de 13 y 8 años. “Tuvimos que salir corriendo a la capilla para resguardarnos. Entre todos los vecinos creamos una red de contención para ayudarnos entre nosotros. Nos vinieron a buscar en camionetas y tratamos de evacuar a la mayoría, pero hubo personas que no quisieron despegarse de sus hogares por miedo a que les roben lo poco que les quedó”, dijo mientras cuidaba que Nazareno no se embarrara mientras jugaba a la pelota con otro vecinito.
“Más que miedo sentimos mucha impotencia. Estamos desamparados. Nosotros entendemos que hay sectores que están mucho más complicados, pero acá casi no llega ayuda. Perdimos las cosas que con tanto esfuerzo y trabajo no costó conseguir. Nos preocupan los niños y los adultos mayores que viven acá; si tenemos una emergencia los caminos están intransitables. Pareciera ser que para los políticos no existimos en el mapa porque el único auxilio que recibimos fueron de agrupaciones barriales”, reclamó Verónica Acosta, luego de retirar un plato de guiso caliente que le ofreció un grupo de voluntarios que se acercó a ofrecer comida a los damnificados luego de ver un video de la inundación compartido en Facebook.
























