Exploración de un infierno interior

nuevo poemario de la escritora tucumana.

Hace 18 Hs

POESÍA
DE AMOR, MONSTRUOS Y DEMONIOS
SUSANA NOÉ
(Ediciones del Parque - Tucumán)

Este poemario de Susana Noé repercute sin anestesia. “Poema Infierno” en un espacio ambiguo gestado por el desdoblamiento “yo/tú”, como un interior que sale afuera a nombrar lo que no se había podido nombrar; “aullidos y serpientes” representan con cierta ferocidad ese mundo exterior visto desde dentro, por un sujeto imaginario, (sujeto de la enunciación poética como define Jorge Monteleone) que se construye bajo un estado de afectación y perjuicios.

El yo poético utiliza la palabra con “desparpajo”, efectos explosivos, uso de neologismos como “afuegan ojos” abarcan los tránsitos de la historia “demoníaca”, apelando a construcciones oximorónicas; la imagen, “héroes abominables” remite a una memoria “herida”. Se palpa el caos que significa la muerte, las ausencias, las pérdidas,  el dolor entre “un coro de coyuyos que aserruchan el día” y un “teléfono callado” para nombrar a los que ya no están, a los que han callado.

Una cadena derivada de la palabra “yuyal”, “yuyaral”, “yuyaralia” traza huellas en la naturaleza que se ha tornado opresiva; los desechos formados por “gemidos”, “suspiros” de “los olvidados” de la historia traducen el profundo dolor que continúa en un inacabado “surfilado de espinas” mediante ese “aduelar” oscuro devenido duelo, isotopía que recorre todo el poemario.

Se construye una épica siniestra con efectos provocantes en el trazado de algunas imágenes potentes; simulacro de la travesía de una experiencia dual, entre la resistencia de un “cuerpo tensado” y la resiliencia “de un ala que muta en flor”; “dolor sin complacencias” dice en el prólogo Sara M. Argüello a fin de representar el caos humano en esas “Piedras de punta afilada”. Versos que “no encuentran el corazón”; exploración de un infierno interior que se materializa en la puesta de una palabra densa, semejando círculos dantescos al incorporar la repercusión aguda del sufrir, pero con el deseo de “sentir la primavera / suspendida en el vientre del lapacho”.

© LA GACETA

Liliana Massara

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